Capítulo 5: Despertar

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El sacerdote miraba a la joven peliazul que se había acercado lentamente a una ventana que estaba justo a lado de la puerta, pero está permanecía cerrada.

Espero unos minutos y después de un rato, la pequeña puerta se abrió hacía arriba y por ella se deslizo una bandeja con comida fresca y caliente. Rápidamente se cerró, dejando allí el plato.

El curo miró sorprendido y sonrió.

-Veo que te tratan como una reina!...Aún hay comida aquí, pero te traen nueva y caliente.

La chica lo miró y sonrió.

-Es para ti!. -Tomó el plato con sus manos y se acercó al muchacho. -Yo ya tengo mi comida, pero es mi invitado, debo recibirlo con algo más apetitoso.... No es algo mio, para los saiyajins la comida es lo más importante después de la lucha. Ellos se toman muy enserio esa necesidad, es por eso que traen comida a cada rato.

El cura tomó de las manos de la joven el plato que aún humeaba y sonrió.

-Gracias. Se ve que conoces mucho las costumbres de este planeta.

-Viví solo cinco años aquí, pero hay cosas que aprendes sin querer. -La muchacha se acercó a la ventana que tenía rejas. -Además Milk me decía todo el tiempo que el tiempo no le daba tregua. Pues cuando terminaba el desayuno, se tenía que poner de inmediato a preparar el almuerzo, luego la merienda, la cena... Terminaba agotada..

-Entiendo... Por lo visto hizo bien su trabajo, si no no hubiera tenido la posibilidad de hacerlo...

-Si, al principio estuvo muy bien. Todo fue tranquilo, hasta que Bulma despertó...

El sacerdote frunció el ceño en señal de duda, no entendió lo que dijo. Sin una gota de hambre, dejó la comida sobre una mesa de noche desocupada y miró atento a la joven que continuó su historia.

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Kakarotto y Milk volaron unos pocos kilómetros hasta aterrizar sobre un enorme jardín árido, sin flores, pero con mucho césped.

La pelinegra levantó la mirada y pudo ver unas cuantas casas que estaban una a lado de la otra en posición circular y que solo unas piedras separaban el jardín de una con la otra.

Las casas eran todas iguales. De color beige con una puerta blanca, una pequeña ventana frontal haciendo juego y unas escaleras que mostraban que la casita estaba un poco más arriba que el jardín, solo dos escalones. No había porche, ni plantas, ni nada.

Solo un árbol del lado derecho y unas piedras del lado izquierdo. La única peculiaridad era el color del techo, eran todos distintos.

Los jóvenes se miraron y se acercaron a la tercera, pues la primera y la segunda mostraban pañuelos colgados en el picaporte de la puerta, demostrando así que estaban ocupadas.

Milk vio las puertas y vio los que tenían pañuelos, uno de color azul,otro negro, otro dorado,uno marrón y el otro de color blanco.

En total contó diez casas exactamente iguales, pero cinco ocupaban pañuelos. Ella tendría el sexto y su pañuelo era de color rojo.

Camino despacio viendo aquel silencioso lugar, estaba vallado con alambre y en una puerta con rejas posaba la insignia real del reino, esa que le había visto a Vegeta en su armadura. Entendió que allí vivía solo la propiedad de la realeza. Miró a Kakarotto intrigada y este como si leyera su pensamiento aclaró sus dudas.

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