Capítulo #35: Deseos pendientes

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A solo dos semanas de las eliminatorias para definir al representante de la prefectura, el club de voleibol masculino de Karasuno tendría un último día de relajo: el cumpleaños de Nishinoya. Después de la práctica, todos fueron a su residencia a pie —por algo era quien vivía más cerca de la escuela— para una pequeña celebración casera. Había globos, música y varias mesas con dulces servidos, a la mano de quien quisiera comerlos, además de un paquete de helados en el congelador —que el cumpleañero quisiera esconderlo para sí mismo era un asunto aparte—.

Se entretuvieron con distintos juegos, desde duelos divididos en grupos en videojuegos hasta imitaciones; pero las cosas se pusieron interesantes al implementar un sistema de retos a los perdedores. Era algo bastante simple: el primero al que se le ocurriera una penitencia era quien la decía y, si era aceptada por la mayoría, debía realizarse. Gracias a eso, Suga nominó a Hinata a un enfrentamiento para probar quién tenía más tolerancia a la salsa picante —el pequeño apenas soportó un poco antes de enrojecer, el mayor ni se inmutó—, Tanaka se arrodilló y le recitó un poema improvisado a los ojos de Kageyama como si fuese Kiyoko —«¡Tiene sus ojos!» fue la razón de su elección— y Asahi tuvo que combatir a un monstruo en un videojuego sin huir —perdió al no saber cómo controlar a su personaje para otra cosa que no fuera correr o saltar—.

Daichi hizo todo lo posible por no quedar en último lugar, sin embargo, los juegos de azar nunca fueron su fuerte. Esperaba que no lo retaran a alguna estupidez. Los chicos tardaron mucho en proponer algo, hasta llegó a preguntarse si siquiera hacían el intento de inventar un desafío para él. Había pensado en poner una mirada amenazadora para que no se pasaran con sus ocurrencias; vio que no era necesario, al parecer.

—¿Por qué demoran tanto? —Cruzó los brazos. Notó que varios respingaron.

—Creo que les da miedo tu reacción —Suga susurró a su lado.

—Rétame tú, entonces.

—Nah, quiero ver qué se les ocurre. —Echó un vistazo a todo el círculo—. ¡Vamos, no puede ser tan difícil retar a Daichi!

—¡Es un reto retar a Daichi-san! —Nishinoya se quejó.

—¡Eso lo dices porque eres tú, Suga-san! —Tanaka le siguió—. ¡Podrías retarlo a lo que sea y no se enfadaría contigo ni se negaría a hacerlo!

—¡Rétalo tú, Suga-san!

—¡Háganlo ustedes! Es su oportunidad de ponerlo a hacer lo que quieran. —Posó una mano sobre su hombro. Daichi volteó a verlo con una ceja arqueada—. Les prometo que no les hará nada —pausó un segundo para darle una mirada que le prohibía llevarle la contraria—, ¿verdad?

—Ah, sí —asintió en voz baja.

—¡Acabas de retarlo! —exclamó Nishinoya—. ¡Daichi-san tendrá doble reto!

—¡Que sean dos retos, entonces! —No se molestó en negarlo—. ¡Aprovechen!

Suga iba a provocar que lo mandaran a hacer cualquier locura y no iba a ser capaz de reclamar por ello. Lo veía, boquiabierto. De verdad sabía que le costaba demasiado —por no decir que le era imposible— enojarse con él y cuándo tomar ventaja de eso.

—Hay algo que siempre he querido ver —comenzó Tanaka, una mano bajo el mentón. Daichi no tenía idea de qué esperar—. Nunca has mirado mal a Suga-san.

Alzó ambas cejas. No soltó palabra alguna, a diferencia del resto que comenzó a opinar igual que su compañero y a expresar su sorpresa por lo cierto que era.

—Eso es porque no funciona esa intimidación conmigo —explicó. Sintió cierto alivio al creer que lo defendía—, pero creo que sería interesante que lo intentara. ¡Buen reto, Tanaka! —Levantó un pulgar aprobatorio.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!