Cuando la honestidad se abre paso

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Vincent no entendía que se hubiera equivocado tanto en cómo reaccionaría ante lo que le iba a proponer. Ese día todo se había ido a la mierda y pensaba que estaba en la cámara de la locura en dónde tenía un lugar central y privilegiado. Al escucharlo decir que regresaba a Roma, no pudo más, soltó sin querer el paquete que traía en su mano para sujetar a Orazio. Necesitaba evitar que se vaya, él no podía perderlo y lucharía hasta el final para que lo aceptara.

—Orazio, no llores... —su voz salió ahogada.

— ¿Esas flores eran para tu novia? —le interrumpió con la voz apagada.

Vincent pensó que había escuchado mal.

— ¿Mi qué?...

—Tu novia ¿para ella eran esas flores y esa oficina arreglada con pétalos de rosa y esa gran cama al centro de la oficina privada? Sé que fue su idea, el encargado de decorar el lugar me lo contó y dijo que tu novia se veía feliz con el lugar —Vincent no podía creer lo que escuchaba. Lo vio señalar el regalo que estaba en el suelo—. Ese arreglo, te vi comprarlo la otra vez. También sabía de la reserva a la cena en ese restaurante elegante al que no estaba invitado... —Orazio que había soltado cada palabra como si las vomitara se quedó callado cuando su voz se cortó.

— ¿De qué mierda hablas, Orazio? —Preguntó Vincent sin importar lo que decía delante de él.

—Entiendo que antes tenías una manera de ser muy distinta a la que has comenzado a tener conmigo —la voz de Orazio era derrotada—. Antes prácticamente eras un no creyente y por mí has tenido que cambiar eso, incluso en la cama. Estoy seguro que no soy lo que esperabas, por eso debes sentirte aburrido. Es lógico que busques...

Vincent no permitió que Orazio siguiera hablando tonterías, le tomó con ambas manos el rostro y comenzó a besarlo.

Era algo estúpido que se hubiera imaginando que él tenía a otra persona y eso era culpa suya; por eso en ese beso, volcó toda la pasión y la desesperación que sentía ante la idea de perderlo; así como también espera que sintiera toda su fuerza, su amor y su alma en ese beso.

Pese a que Orazio en un inicio se quedó quieto, poco a poco se dejó llevar al punto que comenzó a corresponder con la misma intensidad, incluso hasta un poco más. Vincent lo podía sentir, ellos se amaban y juntos solucionarían cualquier mal entendido. No supo bien cuanto tiempo estuvieron besándose ni notó que se ahora estaban de rodillas en el suelo; en ese instante, sólo sabían que necesitaban hablar y a la vez no decir nada.

Cuando se separaron del beso, ambos estaban con lágrimas en los ojos. Vincent no pudo más, lo abrazó fuerte deseando haber conversado con él antes de permitir que Orazio pensara cosas que no eran.

Él jamás lo cambiaría por nadie.

Sin quitarle uno de sus brazos de encima, ambos se sentaron en el suelo tomados de las manos, Orazio temblaba un poco y por la forma en que estaba pegado a él, sabía que nada estaba perdido.

—Vengo planificando este día desde hace unas semanas atrás —comenzó Vincent a decir mirando al horizonte—. Dominic me ayudó en algunas cosas y en otras mi primo Ryan, él estuvo acompañándome en busca del mejor regalo para ti.

Sintió a Orazio ponerse tenso al escuchar cómo habían sido las cosas, aun así no se apartó de su lado; Vincent, lo sujeto de la cintura y la cabeza de su ex cura se apoyó entre la base del cuello y pecho del detective.

—Ryan... hace mucho que no nos visitaba —comentó Orazio en voz baja.

Vincent sonrió.

—No lo hacía porque lo tenía de un lado a otro buscando la mejor oficina de la ciudad —respondió con algo de humor—. El día que imagino me viste en la florería fue cuando compré ese arreglo floral. Ryan, estaba conmigo y me convenció para que te dé fuera algo para decorar la que sería tu oficina y conociéndome que no soy mucho de flores, él me ayudó a escoger lo mejor para ti. Yo escogí ese arreglo que a pesar de ser artificial me gustó mucho.

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