Momento de tomar decisiones

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Orazio, pasó gran parte del día metido en la computadora trabajando en línea con la oficina; calculando propuestas para empresas, colegios, revisando las solicitudes de invitación para seminarios. Todo eso sirvió para distraer un poco la mente hasta que su celular interrumpió su neblina auto impuesta.

«Vincent...» reconoció el timbre de su número.

—Hola, ¿cómo va tu día? —respondido intentando ser casual al responder.

—Bien, aunque muy atareado —era claro que estaba en la calle, pero no hizo comentario al respecto—, me espera una noche trajinada en la oficina. Orazio, no te molestes, pero llegaré tarde; lo más seguro es que te encuentre dormido, si gustas puedo llevar una pizza y te despierto para compartirla con dos copas de vino —ofreció con voz distraída. En ese momento, notó que por primera vez, Vincent, le estaba mintiendo y eso lo estaba matando por dentro.

—Está bien. Te estaré despierto, voy a leer un libro —Orazio escuchó su propia voz amarga y decepcionaba, era como si su corazón se estuviera rompiendo.

—Bien —fue lo único que Vincent dijo en un tono extraño.

—Como mañana tienes el día libre, podemos organizar algo ¿por qué mañana lo tienes libre, verdad? —preguntó algo ansioso.

Hubo un silencio de un par de segundos, o tal vez minutos, no supo bien, lo que sí comprobó era que lo estaba perdiendo.

—Hablamos cuando nos veamos. Te despierto si te duermes, tengo que colgar —se despidió cortante y colgó dejándole la sensación de que esa noche Vincent no llegaría a casa.

Todavía con el teléfono en la mano, tomó una resolución: Necesita hablar con él y confrontarlo de una vez, así es que iba a ir a buscarlo y aclarar todo. Verificando la hora y sabiendo que tenía aun tiempo para dejar ordenado todo y tomar un baño antes de salir y llegar a la oficina antes de la hora de cierre. Revisó su agenda y coordinó con el asistente que tenía en la oficina para informarle que por ese día habían concluido con el trabajo.

Cuando estuvo todo en orden y él listo para salir, cogió sus llaves y salió del apartamento con la decisión firme de luchar por lo que tenía. Sabía que Dominic no estaba en la oficina y si era verdad que Vincent estaba ahí, éste se encontraría solo y esa sería una buena oportunidad para hablar. Sin embargo, algo muy dentro de su corazón le decía que era mentira que no lo encontraría en la oficina.

Una vez en la calle, tomó un taxi y se marchó hacia su destino.


**********

El trayecto a pesar de que no era muy lejos le pareció eterno, de pie ya frente a la entrada del edificio, meditaba en lo que debía hacer dependiendo de la conversación que tuviera con Vincent.

Necesitaba sacarse esa incertidumbre que lo atormentaba, ese sentimiento era como un virus que le carcomía por dentro y pasara lo que pasara, él nunca podría odiar al único hombre que amaría en toda su vida. Caminó hacia el interior del edificio y subió al tercer piso, una vez ahí no pudo evitar la mueca de malestar al verificar que la puerta estaba cerrada en horario de oficina.

Eso era una mala señal.

Resignado, tocó la puerta con dos fuertes golpes y esperó. Él tenía llave, al igual que Damián, pero no decidió usarla. Esperó y cuando iba a tocar nuevamente un joven que apenas tenía unos días en el trabajo de hacer la limpieza abrió y se asombró al verlo.

—Hola, Karl ¿está Vincent? Quedamos en encontrarnos aquí—habló rápidamente intentando que no se le notara la mentira.

—Señor Ruzzo, el detective Cavalli no se estaba cuando llegué —le informó con desanimo en la voz, pero enseguida sonrió—. Seguro está abajo, para mucho en esa oficina así que debe estar allí, descuide que puedo bajar y llamarlo para que suba...

Un hoyo negro y profundo se abrió en su pecho quitándole no solo el aire sino también las fuerzas.

« ¿Qué oficina era esa donde pasaba mucho tiempo últimamente?» pensó con amargura.

—No, dime en cual está y yo iré a buscarlo —intentó sonreír.

—Es la oficina 202 —hizo una pausa y añadió— ¿No hay problema si le doy la llave...?

—No, por supuesto que no, descuida —por un instante, Orazio se asustó por la facilidad con que comenzaba a mentir.

El joven casi corrió a la oficina de Dominic, mientras Orazio esperó en el umbral de la puerta. Al regresar agitado, le entregó un llavero.

—Éste es un juego extra —respondió alegremente, Orazio cogió las llaves, le agradeció y después de despedirse bajó despacio por las escaleras al segundo piso, procurando no vomitar en el proceso.

« ¿Qué hay en esa oficina?» pensó Orazio con aflicción.

Él sabía que esa propiedad era una de las más buscadas. Muchos buscaban alquilar o comprar en ese edificio debido a su buena ubicación en el centro de la ciudad, por eso era difícil encontrar una disponible. Él y Damián habían intentado conseguir una para su agencia y hasta ahora no habían tenido suerte. Ya frente a la oficina 202, se quedó mirando el juego de tres llaves pequeñas y una de tamaño grande, esa fue la que escogió y la hizo girar en la chapa de la puerta para abrirla.

Al entrar, lo que encontró en su interior jamás pudo habérselo esperado ni imaginado.


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