Capítulo 5

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Giselle.

Los nervios me están consumiendo de forma lenta e inquietante. La estancia está sumida en un gran silencio y el único sonido que lo rompe es el de la maquina que marca los latidos de mi corazón y el ruido que hace el reloj al marcar los segundos, el silencio es tan grande que incluso llego a escuchar el leve murmullo que provoca los auriculares de Stefan.

Trato de mantener mi vista alejada del cuerpo del chico tirado en el sofá, pero se me hace casi imposible. Tenerlo en la misma estancia después de tanto tiempo es raro y poder verlo en otro lugar que no sea mis sueños es incomodo.

¿Alguna vez han quedado envueltos en un silencio incomodo con cualquier persona?

¿Saben qué es peor que eso? No saber si el incomodo silencio es solo para ti o también para la otra persona.

Suelto un suspiro antes de volver mi vista al frente y concentrarme en la pantalla negra del televisor. Empiezo a jugar con mis dedos en un gesto ansioso.

Chase salió de aquí hecho una bola de ira y sé a la perfección qué es lo que pasa cuando él se molesta. El Yeti también lo hace. Mi mayor preocupación es que no logre retenerlo lo suficiente y el Yeti haga acto de presencia frente a mucha gente, o que esté conduciendo y no logre mantener el control... o que realmente se enfrente a Seam y algo salga mal.

- Mierda... - mascullo cuando todos esos escenarios se reproducen en mi cabeza.

Suelto un gruñido exasperado antes de pasar una de mis manos por la maraña de cabellos castaños y luego agarro el control del televisor para poder encender el aparato. Rápidamente busco el canal de noticias y lo dejo ahí. Es el único canal en dónde Chase aparecería si el Yeti se transformara en plena luz publica.

El sonido de las noticias es agradable, no quiero seguir con este maldito silencio incomodo.

Pasan alrededor de unos minutos hasta que el gruñido proveniente de mi estómago me hace saber que ya es hora de consumir algo de comida... pero de comida, no de la mierda que sirven aquí. Desde hoy en la mañana que no pruebo bocado debido a los incontables exámenes que me han hecho.

- ¿Cómo puedes tener hambre en un momento como éste? - Le pregunto a mi estómago y hago una pausa, como si estuviera esperando una respuesta de su parte. El silencio que le sigue a mis labras me hace sonreír un poco.

En definitiva estoy loca.

Miro el botón rojo que descansa junto a la camilla de hospital y luego hago una mueca. Si presiono ese botón una enfermera vendrá y me traerá la asquerosa y típica comida de hospital, y yo no quiero eso, quiero frituras y dulces. Tengo una increíble deseo de comer frituras o cualquier otra cosa que sea comestible..., no es como si realmente estuviera enferma, de todas formas. Miro a mi alrededor y suelto el aliento cuando mi única opción de alimentos es Stefan.

- Stefan... - lo llamo. Mi voz ha salido dos tonos más agudos.

Stefan no abre los ojos, incluso creo que duerme. Mi ceño se frunce ante su estado y no me queda de otra que buscar otra solución para llamar su atención. Tiene los audífonos puestos y al escuchar el murmullo de la música no me sorprende que el sonido esté a todo volumen.

- Stefan - vuelvo a llamarlo al no encontrar nada que pueda tirarle, nada que no sea el control del televisor y no creo que eso sea lo mejor.

Stefan no se mueve y eso hace que me exaspere un poco más.

Miro a mi alrededor y, como un acto rápido, le lanzo la almohada que se encuentra detrás de mi espalda. La almohada lo golpea de lleno en la cara y tengo que aguantar una carcajada al ver como se incorpora de un salto. Sus ojos azules se pasean por todo el lugar y parece un tanto desorientado. Su mirada se encuentra con la mía y luego se quita un auricular con brusquedad.

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