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Mía.

Sus caricias, su roce en mi piel no me asustaba, de hecho, se sentía bien.

El subió la mirada para buscar la mía, estaba buscando aprobación para besarme, sonreí de lado y de mi boca salió una leve carcajada; ternura, sí, ternura era lo que me provocaba, el entendió y dio un pequeño beso en mi rodilla, dio otro más y otro más sobre toda mi pierna hasta llegar al muslo, sus dedos la delineaban a la perfección, me estaba transmitiendo la tibieza que sus manos desprendían.

Entonces algo en mi corazón se rompió, podía escuchar como éste se caía a pedacitos y caí en cuenta de que esto no estaba bien, estaba engañando a Taehyung con el psicópata que hace a penas unos meses me había hecho tanto daño. Y como una salvación su celular timbró, me miró con esos ojos de frustración, incluso chasqueó la lengua.

Ya se que debo ser más cauteloso, carajo —Dijo muy cabreado— No tienes que repetírmelo.

Aventó el aparato con ira al sillón y de nuevo se hincó ante mi.

—Mia... —Espetó a penas en un susurro— Quiero hacer esto pero si tu no estas lista o no quieres, lo entederé.

Yo no dije nada, al contrario, me quedé callada tratando de procesar lo que acababa de decir, quizás el había entendido mi silencio como un "no" y se puso de pie, cuando se iba a ir dándome la espalda tomé su mano y mi tacto lo tensó al segundo, entonces le dije:

—Jungkook —Suspiré— Quiero hacer esto.

...

Jungkook.

Había sido un animal con Mía, si la tengo a mi lado es porque así lo quiero, ella no tiene la culpa de que yo sea quien soy, aunque todo esto sea por una estúpida venganza.

La tenía para mi, justo como hace tanto quería tenerla: vulnerable, linda, hermosa, así es mi Mía.

Mi celular sonó, era él.
Atendí la llamada.

—¡Eres un imbécil bueno para nada! —Gritó desde el otro lado de la línea— ¿¡Cómo demonios se te ocurre tener celulares en la casa!? Esa estúpida puede arruinarlo todo ¿escuchaste?

Ya se que debo ser más cauteloso, carajo —Dije bastante enojado, cómo se le ocurría hablar así de ella— No tienes que repetírmelo.

Colgué y arrojé el celular al sofá, Mía parecía confundida y yo no quería eso, quería que disfrutara. Le dije que si no quería no iba a pasar nada pero en cuanto su dulce voz me dijo que sí, algo en mi corazón se encendió como nunca antes.

La recosté sobre la cama, besé sus labios, su mejilla y su mentón, ella acariciaba mi cabello, enredaba mechones entre sus dedos entonces dejé un beso húmedo sobre su clavícula, ella jadeó. Quité mi camisa e hice a un lado la toalla que rodeaba su cuerpo; lista para mi.

Acaricié su abdomen, besé sus pechos, ella rodeó mi cintura con sus piernas, arañaba mi espalda, me deshice de esa prenda que solo bloqueaba el siguiente pase, los aventé a alguna parte de la habitación, entré en ella, ella suspiró y besó mi mejilla, podía sentirla como la primera vez, la única diferencia era que ahora ambos estuvimos dispuestos a entregarnos el uno al otro. 

Esa noche, ella y yo habíamos hecho el amor y la mañana siguiente ahí estaba ella, aferrada a mí como si su vida dependiese de eso. La cobijé y caminé hasta la habitación de mi hijo, ahí estaba él, tan pequeñito e indefenso, lo tomé en brazos y lo llevé de nuevo a nuestra cama. Lo recosté entre ambos, el tomó el cabello de Mía, ella despertó con una sonrisa enorme en la cara.

ᴇɴ ʟᴏ ᴘʀᴏғᴜɴᴅᴏ ᴅᴇʟ ʙᴏꜱϙᴜᴇWhere stories live. Discover now