Capítulo 20

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Un ruido molesto me despertó por la mañana. Giré para encontrarme con Keith, pero en su lugar me encontré con la cama vacía. Parpadeé, hastiada del irritante sonido proveniente a mi derecha. Alargué la mano hacia la mesita de noche y allí estaba mi móvil, vibrando incontrolablemente. Miré el detector de llamadas, y no me sorprendió leer “Dannielle” en él. Molesta, corté sin molestarme en decirla que no me apetecía hablar. Fue entonces cuando me di cuenta de que no seguía en mi habitación, sino que estaba en la de mi madre. Y sola, ella ya debía de haberse levantado a desayunar. Entonces recordé la noche anterior, incorporándome de golpe.

Mi padre seguía amando a mi madre. Y ella a él. El colgante de los corazones que ella tenía… ¡seguía unido! No podía haberlo soñado, yo sé que ella me lo confesó. Pero… Eso no tenía sentido. Mi padre dijo que se alejó de nosotras porque conmigo su magia volvía a funcionar, y que eso podría ser peligroso para mí. Aun así… Si quería a mi madre, ¿por qué razón no volvió con ella nunca? Apenas hablaban, y todo lo que el uno sabía del otro era gracias a mí. Y otra cosa que me llamaba la atención… Tras dieciséis años estando separados, ellos seguían queriéndose, algo realmente increíble. ¿Seguiría amando yo a Keith después de que él se fuera? Y el recordatorio de su próxima partida regresó a mí, clavándose dentro de mi cuerpo como espinas venenosas.

El teléfono móvil volvió a vibrar en mis manos, esta vez durante poco rato. Era un mensaje de texto, por supuesto, de Dannielle. Perezosa, lo leí.

“Tú, amiga de pacotilla, mueve tu culo esta tarde hasta los recreativos, porque a las cinco estaré esperándote en la entrada. Me debes una buena historia sobre la cita. Dani”.

Antes de terminar de leerle, volvió a vibrar de nuevo.

“Es en serio, ¡quiero saber qué paso con ardiente-Eli! Sabes que te amo. Dani”.

Sonreí para mis adentros. De hoy no me libraba de explicarle a mi amiga sobre la desastrosa cita con Eli.

Me levanté de la cama al darme cuenta que ya eran más de la una de la mañana. ¿Cómo había dormido tanto? ¿Tan cansada estaba? Necesitaba desayunar… o más bien almorzar, darme una larga ducha e ir a los recreativos para hablar con Dannielle. Tal vez eso me ayudara a despejarme y sacar de mi cabeza, aunque fuese por unos instantes, la idea de Keith yéndose.

Salí en pijama al salón, con el olor de comida llegando desde la cocina. Mi madre debía de estar cocinando. Me asomé con cuidado, descalza, y ahí la vi sumergida en la preparación de lasaña al horno. Cuando se percató de que yo estaba en la puerta, me saludó con una sonrisa.

—Buenos días, bella durmiente. ¿Quieres desayunar algo?

—No, mejor espero al almuerzo —negué con la cabeza, apoyándome en mi pie izquierdo—. Creo que voy a darme una ducha, he quedado esta tarde con Dannielle.

Ella asintió, volviendo de nuevo a la tarea. No me preguntó si ya estaba mejor. No quiso indagar más en qué me había ocurrido anoche. La quería por todas esas cosas, en especial porque no sabría cómo contestar las preguntas sin mentirla, y no tenía cabeza para idear quimeras. Regresé sobre mis pasos, pero en lugar de tomar el camino directo a su cuarto, esta vez fui a mi habitación. Me paré en seco antes de entrar. ¿Seguiría Keith ahí dentro? No le había visto fuera, así que supuse que sí. Respirando una larga y gran cantidad de aire, apreté el pomo de la puerta y entré.

Santo. Dios. Mátame. Ahora mismo.

No, espera. Retiro lo dicho. No me mates porque si no, no podría estar viendo esto.

—¿Disfrutando de las vistas?

Había estado tan ocupada observando minuciosamente el cuerpo semidesnudo de Keith, con solo unos bóxers azules mientras caminaba por el cuarto buscando ropa, que no percaté de él dándose cuenta de mi entrada. Mucho menos de él pillándome de pleno babeando, porque estoy segura de que si en aquellos momentos me pasaba un pañuelo por la boca, este saldría cubierto.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!