Capítulo 19

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—¿Crees que habrá vuelto a comprar comida china? —Pregunté a Keith, mientras subíamos las escaleras hacia el piso de mi padre.

Él rio por lo bajo. Luego, sin decir nada, tomó mi mano y me acercó a él. Le miré, su rostro sereno y tranquilo. ¿Cómo había tardado tanto tiempo en darme cuenta de lo mucho que le quería?

Llegamos al apartamento de mi padre y me dispuse a tocar el timbre, pero antes de que siquiera rozara el interruptor, Keith, cuya mano continuaba sobre la mía, me apartó de un tirón.

—¿Qué se supone que estás haciendo? —Pregunté sin poder contener la risa cuando me apretó contra la pared.

—Puesto que debo mantener las formas frente a tu padre —dijo en un susurro, tan cerca de mis labios que mi piel se puso de gallina—, me temo que tendré que besarte antes de entrar.

Y fue decirlo y hacerlo. Juntó sus labios con los míos en un beso que hizo temblar mis piernas. Su mano se deslizó por mi cintura, acercándome más a él, mientras la otra se mantenía sosteniendo la mía. Y en realidad, no sé cuánto tiempo pasamos así. Pudieron ser horas, que realmente no me importó.

—He sido un jodido idiota al no haber hecho esto antes —susurró Keith, sin separarse de mí.

—No soy quien para llevarte la contraria.

Sonrió y prácticamente podía haberme congelado en ese momento. Le quería. Le quería de una manera que nunca pude llegar a imaginar. No sólo era mi novio, lo cual aún no me había acostumbrado a decir, sino que también era mi mejor amigo. Me conocía demasiado bien. Sabía mis defectos, mis manías… ¡me había llegado a ver enferma! Y aun así, seguía demostrándome, cada día, que yo era lo que más le importaba. Y necesitaba hacérselo saber.

—Keith —comencé a susurrar, pero un ruido nos interrumpió.

Me separé de él lo más rápido que pude, dando un pequeño brinco, mientras la puerta de casa de mi padre se abría. Apreté los labios, incapaz de mirar a mi novio. Ante nosotros, apareció la figura de mi padre, que hasta ese momento nunca me había parecido tan imponente. Su rostro estaba serio, y sus ojos mirándonos a intervalos. Finalmente, se clavaron en Keith.

—Para daros el lote en un portal, no sois demasiado silenciosos.

Sus cejas se alzaron y cruzó los brazos en el pecho. Sentí a Keith detrás de mí tragando saliva. Mierda. Mierda, mierda, mierda. ¿Acaso no había una mejor manera de contarle a mi padre que ahora salía con Keith? Algo me decía que aquello no le iba a hacer mucha gracia, pero esperaba que, al menos, fuese yo quien se lo dijese… No mostrase. O bueno, también contaba, esperanzadoramente, con que no se enterase. Tarde para eso de todos modos.

—Hola papa —saludé, dando un paso hacia delante para entrar en el apartamento.

Algo tiró de mi hacia atrás, contra el pecho de Keith. Resulta que nuestras manos aún seguían juntas. Mi padre carraspeó, claramente irritado, y no tardé en soltar la mano. Cogiendo aire, finalmente me adentré. Garrik se quedó en la puerta, esperando a que pasase Keith. Cuando lo hizo, no se molestó en disimular. Paró a mi novio, poniéndole una mano sobre el hombro, y empujándolo contra el marco de la puerta. Luego se acercó a él y le susurró algo en la oreja. Tragué saliva forzadamente, aunque Keith sólo asintió con la cabeza, manteniendo una expresión neutral. Me preguntaba qué podría estar contándole.

—Pasad a la cocina —habló mi padre, apartándose y cerrando la puerta—. He pedido comida china.

Mis ojos se iluminaron, olvidando momentáneamente la escena que acababa de presenciar.

—¡Comida china! ¡Me encanta!

Una sonrisa de satisfacción mezclada con suficiencia hizo aparición en su rostro. Dio unos pasos por delante de mí, dirigiendo el camino hacia la cocina.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!