—Eli, yo... Lo siento —conseguí murmurar, con culpa en mi voz—. Yo solo... creo que...

Y fue entonces cuando Keith apareció, veloz, al lado de Eli. Y no me dio tiempo a reaccionar cuando su puño se estrelló en la mejilla de mi cita.

—Cerdo de mierda... No quiero volverte a ver tratando de besarla. Nunca. ¿Me oyes? ¡Nunca!

Por supuesto, Eli no podía oírle, y ambos lo sabíamos. Lancé una mirada de desasosiego a Keith mientras me agachaba al lado de Eli, quien había caído al suelo. ¿Tan fuerte era Keith? Quiero decir, tenía pinta de serlo, pero... Bueno, afortunadamente, nunca me había puesto en la situación de tener que ser golpeada por él...

—¿Estás bien?

El pobre chico se sentó en el suelo, llevándose una mano a la mejilla. Contrariado, me miró, y luego giró su cabeza, inspeccionando en todas direcciones. Finalmente suspiró, echando la cabeza hacia atrás.

—¿Por qué será que siempre que hablo contigo, acabo siendo misteriosamente golpeado? ¿Qué pasará en la siguiente cita? ¿Una roca caerá sobre mi cabeza?

—Que tópico eres —me reí, sin poder evitarlo—. Lo más probable es que sea un piano, que es más de película.

Él soltó una pequeña carcajada, y luego se puso en pie, agarrándose a mi brazo. Apretó los labios, mirando al cielo oscuro de la noche. Cuando sus ojos cayeron en mí de nuevo, sabía que ambos pensábamos lo mismo.

—Por mi salud, tal vez sea mejor que quedemos en ser amigos —dijo al cabo de un rato, encogiéndose de hombros—. Me da la sensación de que tu ángel de la guarda es un poco celoso.

La imagen de Keith vistiendo el pañal de Cupido, con alas saliendo de su espalda y un aro dorado sobre su cabeza vino a mi mente, haciéndome reír como si me hubiese vuelto loca. En serio, creo que debería ir a que inspeccionen mi mente...

—Sí, tienes razón —asentí cuando me hube calmado—. Aunque tal vez debería tener unas palabras con ese ángel guardián, ¿no crees?

Eli me dio una última sonrisa torcida antes de despedirse, esta vez con la mano, y alejarse lejos de mi portal. Cuando desapareció de mi vista, mi expresión cambió totalmente. Agarré las llaves y, con el rostro serio, abrí la puerta del portal. Sentí a Keith siguiéndome escaleras arriba hasta el piso. Cuando entramos dentro, esperaba oír a mi madre viendo la televisión y comiendo trozos fríos de pizza, pero en su lugar, todo estaba en silencio. Cierto, lo había olvidado. Ella tenía una cita. Una que seguramente había salido mejor que la mía.

Caminé hacia el salón, encendiendo la luz de la lámpara que había al lado del sofá. Tiré mi móvil y las llaves sobre la alfombra antes de empezar la lucha, dispuesta a enfrentar a Keith, quien notaba detrás de mí. Apreté las manos en puños, clavándome las uñas, y me giré. Pero antes de que cualquier palabra pudiera salir de mi boca, antes de que cualquier reprimenda, grito o reclamación fuera dicho, las manos de Keith se posaron sobre mis mejillas, atrayéndome fuertemente hacia él y juntando nuestros labios.

Aquel beso era distinto a cualquiera que anteriormente nos hubiésemos dado. Era feroz, apasionado, ardiente... Su boca se movía contra la mía sin pudor, respirando fuertemente, casi sin control. Por unos segundos traté de centrarme y separarme. Aquello no podía ser. No es que no quisiera, pero no era el momento. Yo... Estaba enfadada porque golpeara a Eli, y decepcionada por su negativa, y... y... Pero no hice más que posar mis manos sobre su pecho para empujarle lejos, cuando las suyas abandonaron mi rostro para tirar fuertemente de mi cintura contra la suya.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!