Capítulo 17

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Keith me miró confuso. Su labio inferior cayó ligeramente, perdiendo su traviesa y burlona sonrisa. Sus ojos se abrieron, revelando un segundo sentimiento: sorpresa. Sin embargo, a la llegada del tercero, mi corazón se encogió dentro de mi cuerpo. Apretó los labios, cerró los ojos y dejó escapar un suspiró: negación. No quería que me fuera con él a Valletale. Keith no quería que yo fuera a Valletale.

—Bueno, ya estoy de vuelta. ¿Lista para ir a casa, Lauren?

Me giré hacia Eli, a quien no había visto llegar. Estaba de pies, sonriéndome de forma nerviosa, con sus pies apuntando hacia la puerta del restaurante de comida rápida. Estaba claro que tenía ganas de que la cita acabase. Desde luego, no podría considerarse como una salida exitosa. Volví de nuevo mi rostro hacia a Keith, pero él evitaba mirarme. Tenía la cabeza agachada, como si hubiera algo interesante en la mesa. Su pelo rubio había caído suelto sobre su frente, ocultándome su cara.

—Sí, clara, vayámonos —acepté, levantándome de la mesa.

No me molesté en comprobar si Keith nos seguía hacia la estación de metro. No podía hacerlo. Me sentía... Estúpida. Estúpida y dolida. ¿Por qué demonios no podía acompañarle a Valletale? ¿No era esa la principal razón por la que no podíamos estar juntos? Porque cuando él se fuese no volveríamos a vernos. Pero, si yo me iba con él, ¿no resolvería todos los problemas? Sí, posiblemente echase de menos a mi madre, y a Dannielle, pero... Algún día tendría que irme de casa, ¿no? Al crecer, es lo que todas las personas hacen, ¿verdad? Tampoco pasaba nada por acelerar un poco el proceso...

—Te acompaño hasta la puerta del portal —Anunció Eli.

No me había dado cuenta de que habíamos llegado a mi parada. Me había pasado todo el viaje en silencio, y con Keith también callado, el tiempo había volado. Salimos de la estación de metro, con Eli tratando de hacer alguna que otra broma. Pero yo no estaba de humor para reírme. En mi cabeza se estaba librando una guerra de sentimientos y pensamientos contradictorios. A decir verdad, creo que solamente tenía ganas de agarrar una tableta de chocolate y esconderme bajo las mantas con canciones de amor sonando a todo volumen por mis auriculares.

El cielo ya estaba oscuro cuando llegamos a mi portal. Las farolas se habían oscurecido, dibujando sombras a nuestro alrededor. La mía, la de Eli, la de los edificios... Pero no la de Keith. Él no tenía siquiera eso. Apreté los ojos conteniendo unas repentinas ganas de llorar. ¿Desde cuándo me había vuelto tan sensible? Eso se supone que ya lo debería tener superado, ¿verdad? Siempre había conocido a Keith, desde el primer momento, como al sexy chico invisible que se había colado en mi vida. Y era divertido: un amigo que siempre estaba a tu lado, un amigo pesado, un amigo que podías esconder en tu cuarto sin que te riñeran, un amigo que te soplaba las respuestas de los exámenes... Pero todo bueno conllevaba algo malo: un amigo que solo podía quedarse en eso, un amigo.

Lancé un último vistazo a Keith, con su espalda apoyada contra la pared del edificio, los brazos cruzados, y su cabeza agachada. ¿Era normal sentir aquellas irremediables ganas de pasar mi mano por su cabello arena oscuro desordenado? No, no. Debía remediar aquello. Entonces me acordé de Eli, que me había acompañado hasta el portal. Me giré para darle las gracias, para despedirle, para... bueno, terminar con toda aquella farsa y aclarar que en realidad no quería nada con él... Cuando me encontré con su cara acercándose demasiado deprisa.

Me aparté tan rápido como pude, y los labios de Eli acabaron posándose en mi oreja. Cerré los ojos, conteniendo el aliento. Poco a poco, él se separo. Me arriesgué a mirarle, y me sentí la peor persona del mundo. Estaba dolido. No profundamente dolido. Seguramente no tanto como yo lo estaba en aquel momento por culpa de Keith. Pero definitivamente dolido y enfadado. Le había utilizado. A pesar de que Keith solo lo había dicho para disuadirme de esta cita, él tenía razón. Solo estaba utilizando a Eli para darle celos y, como predijo, le acabé haciendo daño.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!