Capítulo 11

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Mis labios estaban apretados mientras miraba a Keith dando vueltas de un lado a otro de mi habitación. Me encontraba sentada en la cama con las piernas cruzadas y enredando mi pelo con el dedo. Cuando terminó el instituto él me obligó a volver pronto a casa para hablar. Hablar sobre lo que estaba haciendo. Porque se suponía que me había atrapado y sabía sobre mi plan. ¿Había dicho alguna vez que odio que fuese tan listo? ¿No? Bien, pues ahora lo digo.

Keith se detuvo parándose frente a mí. Por su rostro sereno daba la impresión de estar bastante enfadado. Frote mis manos en mis rodillas. Estaba comenzando a pasarlo verdaderamente mal. ¡Que hablara de una vez, por favor! Pero ahí seguía él, en completo silencio, mirándome. ¿Esperaba que le sacase las palabras con sacacorchos? ¡Si fue él quien quiso hablar conmigo!

—Sé lo que estás haciendo.

¡Vaya! ¡Hasta que por fin se dignó a abrir la boca! Le miré, sus ojos enfocados directamente en mí.

No dejes que te intimide, Lauren, no dejes que te intimide”.

—Bueno, ¿y qué es lo que estoy haciendo según tú?

Una vez dichas las palabras ya no podía rectificar. Quería saber qué demonios había averiguado o si solo se estaba tirando un farol.

—No creo que haga falta decirlo, Lauren —dijo todavía con tono de voz grave—. Se nota demasiado.

—Bueno, ¿y qué es eso que se nota tanto?

Sabía que estaba actuando como una niña, pero no lo iba a admitir. ¿Qué pretendía que dijera? ¿”Sí Keith, estoy intentando ponerte celoso para que así te des cuenta de una vez que…”? Pero, ¿darse cuenta de qué? ¿De que su idea de ser solo amigos no está bien? ¿De qué es mejor que nosotros…?

¿Qué nosotros qué?

—Lauren…

Keith susurró en voz baja mi nombre como signo de advertencia. Apretando los puños y sacando valentía de donde no la tenía descrucé mis piernas y me levanté de la cama. Acabé de pies frente a él, separados por un paso.

—No, en serio, Keith. ¿Qué se supone que estoy haciendo? Explícamelo tú, porque yo no lo entiendo.

Él me lanzó una de esas miradas de desesperación. Tampoco quería decirlo pero iba a forzarle. Me mantuve frente a él, erguida sin apartar la vista y sin hablar. Finalmente pareció darse por vencido porque musitó:

—Estás aceptando una cita con Eli y coqueteando con él cuando no te gusta. Dudo mucho que lo veas siquiera como un hombre.

—¿Verlo como un hombre?

No pude evitar reír ante su comentario. ¿Qué quería decir “verlo como un hombre”? Es decir, Eli es un chico, eso lo tengo más que claro desde hace mucho tiempo. Además, no me gusta cómo suena eso. ¿Hombre? Somos adolescentes, no… Mujeres u hombres. Aún nos queda un buen trecho por recorrer antes de poder llamarnos así debidamente.

—¡Es solo una expresión, Lauren! Pero sí, verlo como hombre. Para ti él solo es un estúpido chico de instituto más…

—¿Estúpido?

—… y por él que no sientes… —Los ojos de Keith se clavaron fijos en mí–. Por el que no sientes lo mismo que sientes por mí.

Duh… Eso había sido… Fuerte.

Él acababa de decir en voz alta que yo lo quería. No con esas palabras, pero si ese significado. Y ahí me había atrapado.

—Lauren –continuó él—, no puedes quedar con Eli cuando tú no… A ver, no es que el imbécil ese me caiga bien, de hecho todo lo contrario… Pero da igual, no importa. Volviendo al tema, le harás daño. ¡Dios! Debo aceptar la jodida verdad, pero parece que le gustas. Estúpido capullo de mierda…

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!