Capítulo 9

726K 44.9K 27.3K

—Voy a llegar tarde por tu culpa ¿tenías que tardar tanto en ducharte?

Keith rio, pero yo no encontraba la gracia. No me quería ninguna nota de retraso. Estaba caminando por los pasillos desiertos del instituto y solo esperaba no encontrarme con ningún profesor que pudiera reconocerme. La clase había empezado hacia al menos diez minutos y estaba completamente segura de que me iba a ganar una reprimenda. A esa hora tocaba química y el profesor era muy rígido con la puntualidad.

Cuando llegué a la puerta del aula él ya estaba de cara a la pizarra, escribiendo una de esas fórmulas que sé que en la vida aprenderé. ¿No os ha pasado nunca? La horrible sensación de que jamás comprenderás algo, aunque traten de explicártelo miles de veces. Pues en mi caso bien podrían estar hablándome en chino que yo con la química soy cerrada. Creo que esa es una de las razones por las que no le agrado mucho al profesor…

Cogí aire, no era tampoco bueno atrasar más la entrada. Al fin y al cabo, si te parabas a pensarlo, mejor un retraso que una falta por no haber asistido…

—Oh, Lauren, ¿perdiste el autobús?

No me molesté en contestar a aquella pregunta retórica del profesor, simplemente susurré en bajo un “lo siento”, y caminé directa al asiento que compartía con Danielle.

—Dos retrasos más y ya será una falta —Murmuró el docente antes de girarse de nuevo a la pizarra.

—A ese hombre le hace falta tomar más fibra —comentó Keith mientras yo me sentaba al lado de mi amiga.

—¿Qué te pasó? —Se interesó Danielle nada más me hube sentado, mientras sacaba el cuaderno de mi mochila—. Hoy te esperaba pronto, quería hablar contigo sobre la fiesta del sábado…

Oh, vamos, que podría haberme pasado cualquier cosa para llegar tarde, como ser casi atropellada por un coche mientras cogía el bus, que no importaba. Lo realmente emocionante era cotillear sobre una fiesta la cual no me apetecía recordar… No es que no me lo pasara bien, sino que… Bueno, tampoco es que recuerde todo a la perfección (cortesía del alcohol), pero digamos que sucedieron unas cuantas confesiones y preguntas incómodas (también cortesía del alcohol), que en esos momentos no me apetecía traer de vuelta a la mente.

—Perdí el bus —Le susurré por lo bajo, recuperando mi bolígrafo azul del estuche—. Oh, y un coche casi me atropella al cruzar la calle.

Keith rio por lo bajo mientras Danielle fruncía el ceño. Sí, es cierto, casi me atropellan. Resulta que es peligroso ir riñendo a tu amigo invisible en medio de la calle cuando al mismo tiempo tratas de cruzar una carretera atestada de vehículos con personas apresuradas por ir al trabajo. Pero, ¿quién tiene prisa por ir a trabajar? El mundo debería estar más lleno de vagos… No, espera, no sé ni lo que digo. Sinceramente, llevaba un mal día. Creo que las consecuencias de todo lo que me soltaron entre mi padre y Keith el fin de semana (sobre todo lo del enamoramiento y lo de gobernador), me estaban empezando a pasar factura.

—Al final no me llamaste el domingo —dijo de nuevo Danielle, mirándome haciendo pucheros—. Me lo habías prometido.

Mierda, era cierto. Entre todas las cosas que pasaron se me había olvidado completamente. Me llevé una mano al pelo, levemente inquieta por si ella se había enfadado mucho. Y entones miré a Keith, de pie en el pasillo, a mi lado. ¡Santa madre! ¿Me llevé una mano al pelo? ¡Ese era un gesto puramente de Keith! Negué con la cabeza, pensando en cómo contestar a mi amiga, cuando ella misma habló.

—Bueno, da igual —dijo haciendo un ademán de quitar importancia al asunto—. De todos modos tengo algo mejor que contarte. ¿A que no adivinas quién me ha pedido tu número de teléfono? Y claro, como buena amiga, yo se lo he tenido que dar…

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!