Capítulo 8

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Miré primero a Keith y luego a mi padre. Él no podía ser un habitante de Valletale. Eso era imposible. Sabía que podía existir la posibilidad, pero… De ser así también tendría que ser invisible, ¿no? Y mi madre tampoco o podría verle. Además, si mi padre era de allí, eso significaba que yo era… ¿Medio taletiana?

—Lauren, vete de aquí. Ya.

—¿Qué? Papá, ¿qué estás diciendo? ¿Y qué es eso de que eres del mismo lugar que Keith? ¿Qué demonios está pasando aquí?

Sentí la mano de mi padre agarrándome de la muñeca de nuevo, tirando de mi cuerpo hacia él. Observé aturdida. Necesitaba respuestas pero al parecer no era la única…

—¿Quién eres? —Inquirió amenazante Keith—. ¿Cómo…? ¿Cómo es posible que ella sea tu hija?

Mi padre le miró durante unos segundos antes de contestar. Luego, girándose hacia mí, me volvió a ordenar irme.

—Necesito que te vayas, Lauren. Ahora.

Su tono era firme pero no pretendía hacerle el menor caso. Yo también quería y necesitaba respuestas, y las quería ya. Di un tirón de mi brazo pero éste no se soltó del agarre de mi padre. Lo miré achicando los ojos, procurando que se diese cuenta de mi rabia y enfado.

—No me voy a ir y dejar solo a Keith, papa.

Sus ojos se agrandaron, claramente sorprendido por algo. Negó con la cabeza, soltándome para luego dejarse caer contra la pared. Se llevó las manos a la cara, frotándose los ojos como si de pronto estuviese muy cansado. Cuando volvió a mirarme había algo más de calma en su rostro. Se enderezó volviendo la cabeza hacia Keith, quien también estaba serio, y señaló de vuelta al salón.

—Entremos. Esto… Es mejor que os lo cuente con calma.

Inquieta, seguí a ambos dentro de la sala, sentándonos de nuevo en los incómodos sofás. Me apresuré a coger sitio al lado de Keith, lo que hizo que mi padre frunciese el ceño, pero no me importó. Ya no sabía quién era él. ¿Me había estado mintiendo todo este tiempo? ¿Lo habría hecho a mi madre? ¿Sabría ella acaso algo de todo eso?

—Bueno, no sé por dónde empezar… —Comenzó él, frotándose ambas manos.

—¿Qué tal por tu nombre? —Propuso Keith, con cierto tono de amenaza en su voz.

—Se llama Garrik, Garrik Gier —Intervine, viendo que la situación no iba por buen camino.

Keith soltó una risotada, mientras mi padre negaba con la cabeza. Y ahora, ¿qué pasaba? ¿También me había mentido sobre su nombre?

—No, Lauren —Me corrigió mi padre—. Gier es el apellido que me pusieron tus abuelos al adoptarme. Mi verdadero apellido es… Routhtale.

—¿Los abuelos te adoptaron?

—¿Eres Garrik Routhtale?

Tanto mi amigo invisible como yo preguntamos al mismo tiempo. Miré a Keith, sus ojos abiertos con una mezcla de sorpresa y aprensión, y luego a mi padre. Volvía a suspirar. Parecía debatirse entre a quien contestar primero, aunque por el tono de urgencia en la voz, juraría que yo saldría perdiendo…

—Sí, soy Garrik Routhtale –habló mirando a Keith—, lo cual la convierte a ella en Lauren Routhtale, ¿lo has entendido?

Mi amigo apretó los labios, callando cualesquiera que fuesen las palabras que iba a decir. ¿Qué estaba pasando? Sabía que había trasfondo en aquella frase, que algo me estaban ocultando, una información que en aquel momento solo ellos compartían. Y no me gustaba quedarme fuera del juego, pero entonces mi padre se dirigió a mí y, por unos segundos, me olvidé de lo que quisiese preguntar.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!