Capítulo 6

662K 46.5K 23.6K

— ¿Sabes acaso a dónde nos estamos dirigiendo?

Le saqué la lengua a Keith mientras continuaba caminando por la calle oscura. Las luces hacía mucho tiempo que habían desaparecido. ¿Sabía dónde íbamos? Claro que no. Sinceramente, creo que me había perdido hace mucho tiempo. Pero no me importaba. La sensación de felicidad del alcohol, en aquel momento, me parecía eterna. Y era tan increíblemente espléndida, que a mi modo de ver, podía tirarme por un acantilado y salir caminando yo solita de él.

—Estamos perdidos, Lauren —Insistió Keith alcanzándome y caminando a mi lado—. Y de verdad, estoy muy cansado. Deberías llamar a tu madre o…

— ¿Sabes? Ahora que lo recuerdo, no respondiste a mi pregunta en el baño…

Y ahí ves a Keith callándose la boca y sin volver a hablar en los próximos diez minutos. ¿Debería tomármelo a bien? Es decir… Había conseguido lo que quería, ¿no? A él callado durante el tiempo suficiente para poder aclarar mis pensamientos intoxicados. Pero… ¿Por qué había conseguido mantenerle en silencio con esa pregunta? No quería contestarme. La cuestión era, de nuevo, ¿y por qué no? ¿Tan malo era? Quiero decir… ¡Él fue quien casi me besó! ¡Dos veces! Bueno, vale… Y yo a él… Ambos tenemos repartida la culpa…

Y fue ahí cuando me quedé quieta. Frené en medio de la sombría carretera, camino no se sabe a dónde, sin ninguna luz que alumbrase excepto la que desprendían las estrellas y la Luna creciente. Keith se paró en seco al verme, metros más adelante.

— ¿Lauren? —Preguntó, confuso—. ¿Ocurre algo?

Apreté los labios y él frunció el ceño. Maldición. Creo que empezaba a comprender mis señales corporales.

—Está bien, dime, ¿ahora por qué estás enfadada?

Alcé las cejas, incrédula. Vale, sí: comenzaba a entender mis señales. Traté de relajarme suavizando mi expresión.

— ¿Lauren…?

El tono de Keith comenzaba a indicar peligro también. Un segundo, ¿cuándo habían cambiado los papeles tan rápidamente? Es decir, ¿no era yo la enfadada porque él no me había respondido? ¿O acaso estaba imaginando todo esto? Dios… Juro que no volveré a beber en la vida… Estaba segura al noventa coma noventa y nueve por ciento de que al día siguiente me iba a doler la cabeza a rabiar.

— ¿Te encuentras bien?

Di un salto hacia atrás, sorprendida. No había prestado atención a Keith y este había avanzado hasta quedar a mi lado, tocándome el brazo con la mano. Sus ojos se abrieron sorprendidos ante mi reacción. No era normal que me alejara de él. Sacudiendo la cabeza avancé un paso hasta volver a quedar cerca. Alcé la vista y le miré a los ojos, tan azules que eran capaces de brillar incluso en esa total oscuridad.

—Keith… ¿Podrías responder a mí pregunta?

Su respiración se cortó. Había comprendido perfectamente qué estaba pidiéndole. Que pregunta era aquella. Y estaba completamente segura, sobretodo en aquel momento, de que él trataba desesperadamente de evitar el tema. Su mirada abandonó la mía para ir a parar al suelo, a sus pies. Su rostro serio y su mandíbula apretada. ¿Cómo de horrible podía ser su respuesta? El problema recaía en que mi desagradable situación de embotellamiento cerebral alcoholizado me impedía darme cuenta. Aun así estaba lo suficientemente bien como para percibir lo que ocurría y que si no hacía algo por cambiar la situación ahora no lo haría nunca, pues el miedo a los posibles resultados me aterraba tanto que sobria no sería capaz de vencerlo.

Un segundo… ¿miedo a los resultados? ¿Qué resultados? ¿Él y yo dejando de ser amigos? Pero… ¿Por algo mejor o…? No, me negaba a dar pie a la opción contraria.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!