Capítulo 5

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— ¡Fiesta!

Si digo que Danielle me miró mal, Keith ya ni imaginar. Es decir, ¿qué hay de malo en beber? La sensación es… ¡Asombrosa! Estaba feliz y ni siquiera entendía por qué. Me sentía afortunada, pero no sabía la razón. Tenía esa sensación de que todo iba a salir bien. Y posiblemente me estaba enamorando de un chico. Y no un chico cualquiera: de mi amigo. Y no un amigo cualquiera: uno de mis mejores amigos. Mi mejor amigo hombre, de hecho. Y finalmente, no cualquier mejor amigo hombre: ¡mi mejor amigo invisible! ¿Alguna razón para estar radiante y feliz de la vida? Muchas. ¿Cuáles? No lo sé, pero pregunta al alcohol de mi parte.

—Estás borracha, deja de beber.

Miré a mi amiga frunciendo los labios. La verdad, no tenía ningún derecho a decirme nada. ¡Si era ella la que siempre bebía en las fiestas! Yo, como responsable, me quedaba con una única cerveza por toda la noche. Pero hoy eso cambiaría… Sí, señor. No, espera. De hecho, ya había cambiado. Es decir, que ya estaba borracha. ¿Qué cosas, eh?

—Lauren, deja de beber, ya.

Miré Keith entornando los ojos. Creo que mi mirada estaba muy fija sobre él, porque acabó volviendo la cara y bufando. Eli se había ido a cambiar de camiseta y desde entonces no le había visto. Seguramente estuviese asistiendo a más gente. Pero, ¿sabes qué? Que no me importaba. Increíblemente, en mi opinión, podía estar haciendo cualquier cosa en ese momento que no era de mi incumbencia. Sorprendente en comparación con el año pasado, que estaría como loca (tanto porque esté como porque no esté conmigo).

—Lauren, ¿qué demonios estás mirando tan fijamente?

Parpadeé, regresando la atención a mi amiga. O bueno, lo que suponía era ella. En mis ojos sólo veía una versión borrosa y distorsionada.

—Miro a Keith —contesté como si fuera lo más normal del mundo.

Ella frunció el ceño, consternada. Luego rodó los ojos y se llevó su vaso de bebida a  la boca.

—¡Lauren! ¡Ella no puede verme! Por favor, vas a lamentar esto mañana, deja de beber y… ¡no sé! ¡Vayámonos a casa! Tal vez sea lo mejor y…

Pero no le hice caso. En su lugar me giré hacia Danielle y, pasándola un brazo por el cuello, me incliné sobre ella y la susurré.

— ¿Quieres que te presente a Keith? Te encantará. Es un jodido plasta, pero le amarás.

Ante mí dos reacciones: Ella, alzando las cejas incrédula (no era propio de mi hablar con improperios); él… juraría que tratando poner un número al grado de locura y alcohol que llevaba en las venas. Intentó que me fijara en él, pero poco podía hacer cuando estaba rodeada de gente. Estaba segura de que no quería que llamase la atención más de lo que lo estaba haciendo ya, hablando con “la nada”. Así que fue mi amiga quien contestó.

—Hablas mucho de ese Keith, pero no contestaste a mi pregunta. ¿Es el chico que te gusta tanto como para olvidarte de Eli?

Fruncí el ceño. ¿Debía contestar? Bueno, ¿por qué no? La sensación que embotaba mi cerebro con felicidad me decía que debía hacerlo. Así pues… ¡hagámosla caso! Pero no había casi ni abierto la boca cuando Keith habló.

—Tú. Yo. Al baño. Ahora.

Parpadeé aturdida. Mucha información mal compartida para el estado de idiotez en el que se encontraba mi cerebro. Me disculpé con Danielle y la dije que tenía que ir al baño. ¿Para qué demonios quería ir Keith al baño? Es decir… ¿Quería evacuar? Pues que fuese solo, ¿no? ¿Acaso no era bastante con tener que ducharme con él? Sin embargo algo en lo furioso de su mirada me dijo que ese no era el caso.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!