Capítulo 4

849K 47K 25.3K

Un suave aire cálido golpeaba mi cuello cuando me desperté por la mañana. Cerré los ojos a gusto. Por la ventana entraba claridad y los rayos del Sol acariciaban mi rostro. Suspiré. Mi cuerpo mulléndose en el colchón, la almohada blanda bajo mi cara, las sábanas calientes, los brazos de Keith rodeando mi cintura…

Un segundo… ¡Los brazos de Keith rodeando mi cintura!

Abrí de nuevo mis ojos, amplios, rápido, sorprendida. Pero seguía notándolo. Keith tenía sus brazos fuertemente agarrados, estrechándome con fuerza. Y ese suave aire cálido en mi cuello… ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Era su respiración! Jadeé, de pronto totalmente consciente de que mi pijama se basaba en unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes.

—Veo que ya te despertaste.

El cosquilleo cálido en mi cuello frenó perdiéndose con sus palabras. ¿Qué demonios? ¿Desde cuándo se despertaba él antes que yo? Siempre era la primera, y de esa forma podía tomarme mi tiempo para admirarle y… ¡Duh! ¿Dije yo eso? Quería decir que… Bueno, de todas las veces que me desperté, nunca, jamás, en la vida, nos hemos encontrado en una situación como esta. Siempre estábamos de frente, o con las manos juntas o dándonos la espalda… Pero, ¿abrazados? No, eso jamás.

Bueno, no es que nunca le haya abrazado… Quiero decir, en algún momento sí, se dio el caso y nos abrazamos, pero… No sabía explicarlo. Ahora, ahí, en la cama… Se sentía… distinto. ¿Tendría algo que ver con lo sucedido el día anterior en la tienda?

Noté los brazos de Keith soltándose y me removí incómoda, pero al menos pude darme la vuelta. Entonces sus ojos azules se clavaron en los míos con aquella sonrisa burlona suya. ¿Qué pasaba? ¿Me había acaso salido un grano enorme en la punta de la nariz y no lo sabía? Estuve tentada a llevarme la mano a mi rostro para cubrirme cuando él estiro de nuevo el brazo y colocó el tirante que se me había bajado por el hombro. Su mano se detuvo ahí, rozando la piel justo anterior a mi cuello durante un rato más largo de lo necesario.

—Así, mejor —sentenció guiñándome un ojo—. Llevo con ganas de colocarte ese tirante desde que me desperté y te abracé.

Parpadeé sorprendida, no tanto por el hecho minúsculo del tirante como porque hubiese sido él quien me abrazó. Había asumido que era algo ocurrido mientras dormíamos, de forma inconsciente.

—Eh… Bueno, y, ¿lista para la fiesta? —Preguntó al ver que no contestaba.

Tardé un rato en comprender la información. ¡La fiesta en casa de Eli! Entonces me incorporé rápido, sentándome y apoyando las manos sobre el colchón. El tirante volvió a caer.

—Oh, mierda, lo había olvidado.

—Bueno, al menos tienes un traje sexy que ponerte —comentó Keith, siempre acompañado de esa risa ronca y suave suya.

Me giré para mirarle. Estaba allí, tumbado en mi cama, con los brazos cruzados por detrás de la cabeza. Su cabello rubio oscuro increíblemente despeinado, y sus ojos azules brillando más a causa del Sol que entraba por la ventana. Tuve que frenarme a mí misma, sorprendiéndome al pensar en cómo se sentiría si me tiraba sobre él y hundiese mis dedos en su cabella.

Negué con la cabeza.

—En fin… Creo que es hora de una ducha y…

Me estaba levantando de la cama y retirando las sábanas cuando una mano me tomó de la muñeca, tirándome otra vez hacia atrás, como casi todos y cada uno de los días que me despertaba con Keith. Y también, como casi todos y cada uno, acabé aterrizando sobre su pecho, el cual estaba desnudo. ¿Podría haber eso hecho a posta? No, imposible.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!