Capítulo 3

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—Con este vestido estarías divina de la muerte —comentó Keith con fingido tono afeminado.

Le saqué disimuladamente la lengua mientras veía con horror el vestido rosa eléctrico que señalaba con el dedo. Estaba segura de que lo decía en broma. Pasé de largo y fui agarrando todos los trapos que pude considerar como “traje de fiesta” a lo largo de la tienda. Keith me seguía muy de cerca, con una muy desaprobadora mirada en el rostro. Creo que había dejado bastante claro que no opinaba que mi estilo fuera apropiado para una fiesta.

—Lauren, tú sabes que a mí me vas a seguir cayendo bien siempre, seas como seas y te vistas como te vistas, pero… ¿tú crees que te puedes presentar en una celebración llena de alcohol y adolescentes vestida con eso?

Parpadeé confundida mirando la prenda que llevaba en la mano. Se trataba de una corta falda marrón con florecillas color mostaza.

—¿Perdona? Fuiste tú quien señaló aquel vestido rosa radioactivo —susurré en voz baja, mirando una bastante fea camiseta como si estuviese interesada en ella.

Él suspiró y parecía querer contestarme cuando sus ojos captaron algo al final de la tienda. Sin darme tiempo a preguntar caminó derecho hacia ese sitio. Y ahí se quedó, plantado frente a lo que parecía el traje perfecto para la muñeca barbie fiestera. Negué con la cabeza. No podía estar pensando seriamente que yo usara esa cosa. Uno, porque en mi vida me había puesto algo así, y prácticamente me moriría de la vergüenza. Y dos, ¡porque mi madre me mataría! Me ve salir así de casa… ¡Y no llego viva a la calle!

—Si no te acercas a por el vestido para probártelo —comenzó a gritarme Keith desde la otra punta de la tienda—, yo mismo lo agarraré de la percha y te lo llevaré hasta ti, y apuesto a que va a ser peor.

Negué con la cabeza. No podía hacerlo. No iba a agarrar el vestido. No podía estar tan loco. Si lo hacía… ¡La gente vería un vestido volando solo! Y no es solo eso, conociendo a Keith, me perseguiría por toda la tienda hasta que realmente me lo pudiera probar. Puede que en su imaginación la escena sea graciosa, pero desde luego no lo era en mi cabeza…

—¿No vas a venir, Lauren? —Preguntó de nuevo, alzando las cejas—. Está bien, si eso es lo que quieres…

Y entonces lo hizo. El muy imbécil lo hizo. Agarró el vestido de la percha y lentamente lo empezó a separar de ella hacia mí. Miré a todos lados, nerviosa. Nadie se estaba percatando, nadie menos… Una niña pequeña observaba el vestido volando con los ojos abiertos como platos. Entonces alargó una mano a la falda de su madre y empezó a tirar de ella señalando hacia Keith. No lo pensé dos veces: di un impulso y corrí hasta él, llevándome por delante un estante con camisetas.

Dos dependientas me miraron mal, pero yo ya había llegado a Keith y había agarrado el vestido antes de que nadie más pudiera verlo volar. Cuando dejé de ser el centro de atención le lancé una mirada furiosa a mi amigo. Por su parte él estaba riéndose como si aquello fuera algo muy gracioso. ¿Pues sabes qué? ¡Qué yo no le veía la gracia! Bufando me di media vuelta y caminé hacia los vestuarios. Si seguía más tiempo en la tienda, Dios sabría que acabaría haciendo Keith…

—¿Qué demonios te piensas que estás haciendo?

Puse los brazos en jarras cuando él se coló dentro de la cabina que hacía de vestuario. Eran cuatro paredes de madera con una cortina oscura tapándome del resto de la tienda y en una de las paredes había un espejo.

—¿Tú qué crees que hago? —Preguntó usando su tono de voz más inocente—. Te estoy acompañando a probarte ropa…

Mis cejas se alzaron mientras miraba amenazadoramente a mi amigo, quien sonrió de oreja a oreja al notar mi reacción.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  © | REESCRIBIENDO¡Lee esta historia GRATIS!