Capítulo 1

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Keith pasó un brazo alrededor de mi cintura, pegando su rostro dormido en mi hombro. Me gustaba verle dormir. ¿Y por qué negarlo? Era como lo que se dice de los niños: son tan guapos cuando duermen… Keith igual. Debe ser el único momento del día en el que no se está metiendo en problemas, tratando de fastidiarme o molestando a los demás.

Su respiración era tranquila, lenta, avisando que seguía dormido. Me permití el lujo de pasar un dedo por su cabello rubio y sedoso. Estando él consciente jamás haría algo tan osado. Le tendría burlándose de mí por siglos. Y cuando yo era la única persona capaz de verle y escucharle en este mundo, aquello era desquiciante: ¡no había nadie a quien me pudiera quejar!

Unos golpes sonaron en mi puerta, abriéndose acto seguido. Mi madre me miró con el ceño fruncido. Por un momento entré en pánico por tener a Keith dormido enredado bajo las sábanas, rodeando mi cuerpo como un pulpo. Pero entonces me acordé de que ella no le veía y me relajé.

—El desayuno ya está, Lauren. Date prisa, o llegarás tarde al instituto.

Gemí recordando que había clase cuando mi madre salió del cuarto. ¿Por qué era a una hora tan temprana? ¡Nadie en su sano juicio tenía humor para levantarse de madrugada! Sentí el brazo alrededor de mi cintura moverse y mi rostro se giró rápidamente hacia Keith. Sus ojos azules me observaban, aún dormidos tras sus espesas pestañas. Ya hacía más de dos meses que le conocía, pero no podía dejar de admirar el azul tan potente de ellos.

—Hora de levantarse, bella durmiente —Le susurré, tirándole una almohada a la cara mientras me incorporaba—. Tengo que ir al instituto, pero si estás muy cansado puedes quedarte un rato más en la cama. No hace falta que vengas conmigo.

Interiormente casi deseaba que él aceptara, pero sabía que no iba a ser así. Desde que me encontré con Keith aquel día, él no me había dejado ni a sol ni a sombra. Me acompañaba al instituto, salía de fiesta conmigo, dormía en mi mismo cuarto… ¡Y cama! Poco más y no me dejaría intimidad ni para ir al servicio. A veces realmente sentía ganas de asesinarlo lenta y dolorosamente, pero luego me miraba con sus condenados ojos azules y… ¡Era malditamente sexy! En ocasiones desearía mandarlo a la mierda y poder pasar de él, pero, ¿cómo hacerlo, si yo era la única persona que le podía ver?

—Una ducha rápida y estoy listo —Ronroneó, y entonces agarró mi muñeca tirándome de nuevo a la cama—. ¿Ni siquiera un beso de buenos días?

—Espero que sea con agua fría —susurré tratando de volver a levantarme.

Sin embargo él no me dejó. Volvió a tirar de mi muñeca, haciendo que la mitad de mi cuerpo cayera sobre el suyo. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios, desvelando unos rectos dientes blancos. Estoy segura de que si las chicas de mi instituto pudiesen verle estarían todas babeando por él. Incluso las lesbianas. ¡Incluso los hombres! Claro, que ellos no le conocían tanto como yo. Pasa más de diez minutos seguidos a su lado y sabrás que pierde todo su encanto en cuanto abre la boca. Traté de darle una patada en sus partes débiles elevando una pierna, pero él me paró.

—¿Estás segura de que quieres hacer eso? Es decir, hoy tienes examen de historia… ¿Quién te va a decir las respuestas sin mí?

Frené en seco. Ahí me había pillado. Riendo fuertemente y por fin despierto Keith me liberó dejándome salir de la cama. Me dirigí a la cómoda y saqué una toalla limpia. En la silla tenía la ropa preparada para ese día.

—Ducha. Ahora.

Keith y yo caminamos juntos hacia el baño. ¿Qué por qué? Pues porque para ducharse él, también tenía que hacerlo yo, o si no mi madre estaría más que extrañada de que el agua de la bañera saliese sola cuando no hubiese nadie dentro.

El sexy chico invisible que duerme en mi cama  ©¡Lee esta historia GRATIS!