Las Multinacionales del Odio y la Conciencia (I): El Jardín de la Dulce Pasividad

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David Ferrá Vallésllé

Las Multinacionales del Odio y la Conciencia (I)

El Jardín de la Dulce Pasividad

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Dedicado a quien con su mal ejemplo me enseñó como no ser y a quienes con el bueno me han ayudado a no serlo...

El Jardín de la Dulce Pasividad

1.- Una Línea de Metro Circular 2.- El Barón Dint 3.- Boy Scout de Medianoche 4.- De Rositas por la Galaxia 5.- Entre Protokievs y Pralinés 6.- Sobre la Busqueda de Tesoros 7.- La Excursión de Lucio 8.-Una Larga Tormenta de Verano

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1.- Una Línea de Metro Circular

I Lucio no sabía si estaba cansado de las ciudades. Por no saber, ni siquiera sabía si estaba cansado de aquella ciudad, en la que llevaba viviendo trece años. Pero sí sabía—y ya le parecía mucho saber—que hacía tiempo que se había cansado de cansarse de las cosas. Cambios, ansias de novedad, deseos de futuro, sueños y enfados ante los fracasos: todo ramas del mismo árbol de la esperanza especialista en prometer y sólo cumplidor cuando la moneda de pago es el agotamiento. Tampoco sabía si le gustaba aquel país, pero sí que también se había cansado de la posibilidad de cansarse de vivir en él. Y de echar de menos las cosas de otros en los que había vivido. No le importaba el idioma, el cuarto que aprendía, pues le bastaba y sobraba para expresar todo lo que tenía que decir: nada. En otro tiempo había pensado en mudarse. Por aquel entonces las euforias aún lo eran y las resacas venían acompañadas de su arrepentimiento de rigor; aquellas eran el momento de soñar y éstas el de ilusionarse con un cambio de rumbos. Pero ahora, ya libre de tan constante e incómodo compañero de despertares, ya podía dedicar toda su atención a analizar, e invariablemente ratificar, aquel razonamiento según el cual había decidido que con lo mucho que había sufrido y hecho sufrir para llegar a aquel rumbo quizás no fuera del todo conveniente lanzarse en busca de nuevas tormentas y polizones. “Cuando usaba la razón vine aquí; ¿cómo voy a irme ahora que hace años que no la utilizo?”

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Ésto lo razonaba una noche de inspirada borrachera frente a un compañero de fatigas que, apoyado contra la barra, podría haber ido su chaquetón pero que no lo era pues respiraba y hasta de vez en cuando babeaba: —No, la culpa no es mía, amigo mío—continuaba Lucio—, para ser culpable ante una norma hay que cumplirla casi siempre. El que es culpable siempre ya no lo es nunca. Yo repetía tanto mis errores que un día me vi obligado a dejar de repetir mis culpas. Así que ya ves que soy demasiado culpable hasta para serlo. Ya no quiero cambiar, de verdad que ya no. Como dijo “no sé quién,” no sé quien fue pero alguien debió ser pues las cosas tienen la maldita manía de necesitar a alguien que las diga, no hay peor tratamiento que cambiar a menudo de tratamiento. No lo dijo así, pero tú me entiendes, a lo que me refiero es a que no es el beber lo que nos mata sino el pasarse la vida queriendo dejar de beber. Beber nos quita unos años de vida, mientras que el querer dejarlo nos quita la vida entera. Mírame a mí, por ejemplo, pero mírame hombre... Su compañero acompañó con un pesado parpadeo a los babeos y entrecortadas respiraciones que hasta el momento habían constituido sus principales contribuciones a la conversación. —Oye, tu eres de poco hablar, ¿verdad?—preguntó Lucio. —Lo que soy es de mucho beber—acertó a decir el otro. —Pues venga otra...—comenzó Lucio—. ¿Qué había dentro de ese vaso del que llevabas media hora chupando los cubitos? —Pues...había...La verdad es que no estoy muy seguro de lo que había. —Sabrás al menos lo que no había—dijo Lucio. —Eso sí. Si quieres empezamos a descartar. Por ejemplo, me parece que no había limonada, ni agua y si no estoy seguro de que hubiera zumo de naranja es porque me parece que esta mañana me he tomado uno antes de ir a hacer footing. Sí, creo que era está mañana... —¿Tú haces footing? Me parece que te confundes de persona... —Sí, es verdad, entonces podemos descartar también el zumo de naranja... —Bueno, me parece que mejor lo dejamos—concluyó Lucio—. ¿Que te parece si te pagas una ronda de cubatas mientras intentamos acordarnos? —Bien dicho. No hay mejor estrategia para saber lo que había dentro de un vaso que llenarlo y vaciarlo. Pero me parece que me concentraré mejor si la ronda la pagas tú. —Eso está hecho. Un par de rondas más tarde, Lucio abandonaría la fiesta de bebidas a mitad de precio a la que acudía cada tarde. No siempre eran las mismas bebidas, ni siquiera el mismo local. Los lunes era Coco-Brasil y su fiesta de caipirinhas a mitad de precio; los martes Veracruz y lo que costaba la mitad eran los tequilas y las Coronitas; los miércoles El Varadero y los inevitables

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