Título completo: Primera vez; dedicado a Fanela.

Salí de casa de Bryan aún un poco en shock. Ya podría explicármelo todo —absolutamente todo— al día siguiente o le caería una buena. Sacudí la cabeza levemente, ahora tenía que concentrarme en mi propio problema: Daniel, con el que estaba muuuuy enfadada, o eso intentaba, se encontraba en mi baño, duchándose.

Entré en mi apartamento cogiendo una profunda bocanada de aire. Vamos allá, pensé. Pero toda mi fuerza de voluntad se vino abajo cuando vi a Daniel en medio del pasillo con tan solo una toalla anudada a la cintura, el torso todavía húmedo y el pelo revuelto. Creo que me quedé demasiado tiempo mirándolo, porque carraspeó antes de hablar.

—La Tierra llamando a Vicky...

—Cállate —solté mi labio inferior, el cual me estaba mordiendo, y le lancé la ropa al pecho—. Cámbiate y hablaremos como las personas civilizadas que dices que somos.

Me senté en el sofá del salón mientras esperaba a que Daniel saliese de mi habitación, y una vez lo hizo, para variar, mi atención fue directa a su cintura, de la cual colgaban los pantalones grises de Bryan. Suspiré encogiendo mis piernas a modo de indio y le indiqué que se sentase mientras cogía un bombón de los que él me había traído.

—Tienes suerte de que quiera hablar contigo, y aún no puedo creerme de que te haya dejado entrar y usar la ducha, así que date prisa, no me veo capacitada para tener más amabilidad contigo.

—Qué exagerada —Daniel puso los ojos en blanco, a lo que yo correspondí con una mirada asesina, de modo que él continuó—. Bien, venía a pedirte perdón por... mi comportamiento el otro día.

—No te perdono, ya puedes irte —lo intercepté tajante.

—Vamos Vicky —un resoplo por su parte—. Cuando volvimos... me di cuenta de la gran estupidez que había cometido llevándote a un lugar donde sabía que estaría Maia y... eso de que ella estuvo cuando tú te fuiste... Después de reflexionar me he dado cuenta de que si te fuiste, fue por mi culpa.

Lo miré mordiéndome el labio de nuevo. No podía evitarlo, y la verdad es que se veía tan tierno buscando las palabras adecuadas para expresarse... En el fondo sabía que ya lo había perdonado, pero no quería admitirlo, y menos delante suya.

—Daniel... es tarde. Vete, en serio.

—No pienso irme de aquí hasta que me perdones —frunció el ceño, parecía convencido de lo que decía.

—Me da igual lo que digas, me da igual lo que me regales, me da exactamente igual como te disculpes. ¡Me hiciste daño! Tuve que soportar las palabras de esa puta, porque no hay otra palabra para definirla, y luego, aún por encima llegas tú ¡y me restriegas que te dejé! ¡Cuando fue culpa tuya que me fuese! ¡Yo te quería, Daniel! ¡Joder, te quería! —poco a poco había ido alzando la voz, y notaba los ojos empañados, pero no iba a dejar que me viese llorar, y menos por él.

—¡Pero tienes que perdonarme! —su voz alcanzó el tono de la mía.

—¿¡Por qué!? ¿Qué razón hay para perdonarte? ¡Llegué a casa llorando!

—¡Tienes que perdonarme porque te quiero, joder! ¡Porque te quiero! —dicho esto, y sin perder el tiempo, acortó rápidamente la distancia entre nosotros, besándome con fervor.

Aunque en shock, poco a poco mis extremidades fueron respondiendo a las órdenes que les enviaba mi cerebro hasta que por fin pude devolverle el beso de igual manera, intensa y apasionadamente, a la vez que mis dedos se enredaban en su pelo.

Hacía mucho tiempo que echaba de menos este contacto, pero este contacto con Daniel. Nuestra reciente reamistad lo había impedido, había impedido que lo tuviese sobre mi, recorriendo mi cuerpo con sus manos como hacía exactamente ahora. Y lo había echado de menos.

Una vez mis piernas rodearon su cintura y mis brazos su cuello él me levantó del sofá, y caminando a tientas, nos guió hasta mi habitación, en concreto hasta la cama, sin separar nuestros labios.

Una vez acostada sobre el colchón cogí su camisa, y tirando de ella lo atraje de nuevo a mi. Necesitaba esto. Necesitaba esto ahora, y lo necesitaba con él. Con Daniel. Poco a poco la ropa fue sobrando entre ambos, pues tan solo era una barrera material, lo único que quedaba para separarnos.

A pesar del tiempo, de los rechazos, de las peleas y todo lo que se había interpuesto entre ambos —incluída la amistad— yo lo seguía queriendo. Lo seguía queriendo como el primer día en que me di cuenta de que estaba enamorada de él. Y aunque no creía que sus dos palabras anteriores fuesen verdad —ya las había pronunciado una vez antes— estaba dispuesta a hacer esto con él. Y esto, al menos por mi parte, no era solo sexo. Tal vez esta fuese la primera vez en la que iba a hacer el amor.

Una vez ambos estuvimos completamente desnudos y preparados Daniel se situó entre mis piernas, las cuales yo ya tenía abiertas y dobladas levemente. Ninguno de los dos era principiante en esto.

—Te quiero, Vicky... —susurró Daniel, mordiendo mi lóbulo a la vez que se hundía en mi.

—Eso... di-dices ahora —contesté con una mueca de placer, Daniel me llenaba hasta puntos inconfesables.

—Te lo diré... —dejó escapar un gemido mientras se movía en mi interior— mañana por la... ¡oh!, mañana.

Mordiéndome el labio no contesté a eso último y dejé que se hundiera mil veces más en mi, con cada embestida más rápido y profundo, sin que él supiese que yo sí estaba implicando sentimientos —por primera vez en mi vida— durante el proceso.

Aquí os traigo el capítulo 33, un poco calentito, la verdad... jajaja. Siento no haber subido ayer, pero tuve un par de problemas. No sé cómo ni por qué, pero siempre que me pongo a escribir me dan las 12 de la noche (y es que ahora son las 00:10). En fin, jajaja, espero que os haya gustado el capítulo, VOTAD SI HA SIDO ASÍ Y COMENTAD QUÉ OS HA PARECIDO.

Nos vemos prontito, ¡besos!

P.D. En la foto multimedia Dan y Vicky <3

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