Título completo: ¡Ya voy, coño!; dedicado a JohanaGoyes.

POV Daniel

Ella estuvo cuando tú te fuiste, Vicky.


Esa frase no dejaba de rondar por mi cabeza. ¿Por qué la había dejado ir? ¿Por qué había dicho eso? 

Ahora estaba tirado en mi cama, mirando al techo sin hacer nada —el problema era que no sabía qué hacer—, pensando en lo estúpido que había sido. Tenía que arreglarlo de alguna forma.

Me levanté decidido, no quería perder a Vicky ahora que estábamos tan cerca de nuevo. Había mucho que había dejado de lado la idea de llevármela a la cama. Me encantaba ser su amigo de nuevo, aunque a veces tuviese que reprimir mis instintos masculinos, pues al fin y al cabo Vicky era de las más —por no decir la más— guapa de las chicas que había visto. Desde siempre, aunque antes no me hubiese fijado lo suficiente en ello para darme cuenta.

Sacudí la cabeza, pensando en ella de esa forma no solucionaría nada, por lo que me dirigí al lugar en el que se encontraba la única persona que podía ayudarme en esta situación: Bryan.

*Capítulo 29*

Salí de casa de Bryan rápidamente, Will tenía razón, ahora que sabía exactamente cual había sido el problema, debía arreglarlo con Vicky antes de que fuese demasiado tarde.

Hice lo primero que se me vino a la mente y bajé a la calle, donde por lo visto no hacía muy buen tiempo. Corrí a una floristería, pero parecía demasiado tarde, el dependiente estaba a punto de cerrar.

—¡Señor, señor! —llegué justo un segundo antes de que este cerrase la puerta—. Por favor, ¿puede abrir un momento? Necesito...

—Acabamos de cerrar, vuelva mañana —me interrumpió sin más.

—¡Pero señor! —intenté abrir la puerta—. ¡Será solo un segundo! Necesito un ramo, ¡cualquiera! ¡Por favor! 

Mientras seguía protestando para que no cerraba pude distinguir como una figura —más parecida a la de una mujer— aparecía al lado del hombre y ambos parecían tener una conversación, ignorando mi presencia fuera, a la lluvia. Tras un buen rato hablando —al parecer solo— la segunda figura, la cual ahora estaba claro que era una mujer, me abrió la puerta.

—Lo siento, niño, mi marido es un poco arisco... —se disculpó haciéndome entrar.

—Pues ahora lo atiendes tú, o que hubiese venido a su hora —el hombre de antes nos dedicó un gruñido antes de seguir su camino hasta desaparecer de nuestra vista.

—No le hagas caso. Cuéntame, ¿qué es lo que querías? —siguió la amable mujer.

—Un simple ramo de flores —me rasqué la cabeza asintiendo. La verdad es que estaba actuando muy impulsivamente y ni yo mismo sabía qué era lo que necesitaba en ese momento.

—¿Con algún motivo especial? —me preguntó la señora, que ahora estaba tras el mostrador entre flores, y aparentaba ya unos cincuenta años.

—Es... para disculparme —asentí seguro.

—Oh, para disculparte... —vi como sonreía y no pude evitar pensar en si alguien se había disculpado alguna vez con ella. Me abracé a mi mismo debido a que de mojarme fuera, a la lluvia, ahora tenía frío, y quedándome así me dediqué a observar como la mujer, mi salvación en ese momento, cogía flores de aquí y de allí juntándolas hasta formar un precioso ramo—. Aquí tienes, cielo —una vez estuvo listo me lo tendió.

—¿Cuánto es? —lo cogí sacando la cartera.

—Invita la casa —contestó, acompañando la frase con una cálida sonrisa—. Espero que tengas suerte con esa chica, y perdona por las molestias.

—Perdón a usted —dije cogiendo el ramo—. Y muchas gracias, espero tener suerte, sí —le dediqué una última sonrisa antes de salir a toda prisa. Hice todo lo posible porque el ramo no se estropeara hasta llegar a la tienda de chocolates, la cual, gracias a Dios, estaba abierta.

Bien, sí, típico cliché de rosas y bombones, pero mi mente estaba trabajando a toda velocidad, al igual que mis extremidades. Debía disculparme ya, y esta había sido mi ocurrencia. Una vez todo estuvo listo volví hacia el bloque de pisos donde Vicky residía. Al subir llamé a su puerta, aunque sin dejar que se me viese por la mirilla de esta.

Llamé dos veces y no obtuve respuesta; mi siguiente intento no fue mucho después. Sabía que estaba en casa y no pensaba rendirme. Ella tenía que perdonarme. Y tras un cuarto de hora insistiendo al fin pude oírla.

—¡Ya voy, coño! —sin duda era ella.

En cuanto abrió la puerta me di cuenta de que aunque no hubiese tapado la mirilla, en ese estado, Vicky ni se hubiese molestado en mirar por ella, de modo que no me habría descubierto. Cuando tuve una buena vista de ella suspiré, llevaba su pijama y estaba un poco hecha mierda, pero eso le quedaba todavía mejor —pelo revuelto, una camiseta que le llegaba por debajo del culo y dudaba que llevase pantalones—, no podía negarlo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, gracias al cielo interrumpiendo mis pensamientos, que no iban por buen camino.

LO SIENTOOOOOOOOOOOOOOOOOO, sé que ha sido un capítulo muuuuuy corto y que os he hecho esperar milenios, ¡PERO YA ESTOY AQUÍ! He tenido un par de problemas y no pude tener internet (porque estaba castigada, sí, jajaja), pero al fin he podido escribir algo y subirlo.

MUCHAS GRACIAS POR LOS MÁS DE 2500 VOTOS Y LAS MÁS DE 30000 LECTURAS. OS QUIERO TRILLONES <3

Nos vemos pronto, lo prometo :3

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