Capítulo 28 - 2 de Agosto: Hasta que alguien pierde

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2 de Agosto: Hasta que alguien pierde.

—¡Pero déjame verlo!

—Te doy tres oportunidades, pero como eres una chica relativamente lista y sabes que yo lo soy más, lo adivinarás en.. seguramente tres..

—Quita, anda.

—No, adivínalo.

—¿Reserva en la Academia?

—Si ya sabía que necesitarías más de un intento. Menos mal que no eres del todo fea. Toma, que me das pena.

—¿¡Has entrado en la Puerta de Suburbia!? ¡Y yo también!

—Lo sé, lo sé, últimamente cogen a cualquiera...

Cerraron la puerta exterior, la que lindaba con Suburbia, en el momento que lograron desalojar la Franja después de que la emisión se detuviera. Ni siquiera Iris Hawkins podía explicar qué había sucedido. Pasaron cuarenta minutos antes de que el primer informe apareciera en la red interna: tanto los servidores como el sistema central del Ministerio de Exteriores habían sido destruidos. El sorteo quedaba suspendido indefinidamente.

            En las comunicaciones extraoficiales, las que estaban recibiendo los soldados de sus conocidos en Utopia, la información era confusa. Unos hablaban de sabotaje dentro del Ministerio, otros de un ataque abierto y frontal sobre el edificio, atentado suicida, bombas de control remoto, y de alguna disparatada manera había quien le echaba la culpa al distante Imperio, y señalaba el final de lo que hasta entonces había sido un enfrentamiento silencioso. Junto con un informe que apenas despejaba las preguntas más urgentes llegaron también las primeras órdenes. Ningún personal indocumentado podría permanecer a menos de siete kilómetros del Muro, sin excepción.

            No hubo ninguna explicación para los suburbanos, que observaron mudos de asombro e intriga cómo la Puerta se abría de par en par para dejar salir una marea de soldados que vaciaron la Franja sistemáticamente sin responder a preguntas. A Delia todo aquello le recordó a un cepillo recogiendo las migas del mantel, empujando al “personal indocumentado” hacia el borde de la mesa. Ella había estado en la vanguardia de su grupo de despeje y le costó no unirse a las preguntas de los suburbanos. ¿Qué estaba pasando? ¿Para qué tenían que cerrar la Franja? ¿Cuándo continuaría el sorteo y por qué se había interrumpido? No se resistieron al empuje de los soldados aunque algunos caminaban sin darles la espalda, como esperando el momento en que las órdenes cambiasen y el bloqueo fuera cancelado, para echar a correr hacia el Muro y coger sitio para el resto de la retransmisión. Si alguien opuso resistencia no fue a la vista de Delia, y aunque el camino hasta la alambrada exterior fue lento y pesado, al anochecer del día del sorteo la Franja estaba cerrada y un destacamento de las fuerzas especiales montaba guardia a pocos metros de Suburbia.   

            La vigilancia se redobló también en el Muro. Los turnos de guardia se ampliaron y la cafetería y las zonas de ocio se quedaron vacías y silenciosas. Los soldados de permiso fueron llamados a filas, obligados a presentarse para el servicio en un plazo máximo de veinticuatro horas, independientemente de en qué rincón de Utopia estuvieran en esos momentos. Veinte horas después de la explosión se decretó el estado de excepción en toda la frontera. El personal civil no esencial fue evacuado, y los escasos negocios de la Franja cerraron. La vida se detuvo. Lo único que existía era el Muro y protegerlo, pero Delia no sabía de qué. Nunca lo había tenido demasiado claro y el estado de excepción había afilado todas sus dudas. Según el Alto Mando la explosión del Ministerio había sido un atentado por parte de grupos nacionalistas. ¿Nacionalistas de dónde? No quedaban más naciones que Utopia, el Imperio y las Nethers, que apenas se ganaban la denominación. Los grupos culturales no tenían ninguna tierra que reclamar y ni siquiera estaban ilegalizados, aunque fueran tan mal vistos que lo parecían. Pronto se corrió la voz de que había sido un grupo de Cruzados, y la división de opiniones fue muda pero feroz.

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