Año Nuevo

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Mientras en las afueras se celebraba el inicio de un nuevo año, ella se encontraba sola y encerrada en su departamento. Vivía sola, hacía apenas unos meses que se había mudado sola, su familia se encontraba a más de doscientos kilómetros de distancia. Ella así lo había decidido, quería ser independiente, aprender a resolver sus propios asuntos y problemas. Madurar de una vez por todas...

Pero, sobre todo, quería olvidarse de él...

Las luces de los fuegos artificiales traspasaban las cortinas oscuras de su recámara. No veía las horas que de una vez por todas todo eso terminara. No es que odiara las fiestas, sino que simplemente no le hallaba sentido al hecho de celebrar un día más, un año más... y sobre todo, los recuerdos que eso le traía.

Subió más el volumen a su televisión, para opacar los gritos de felicidad que provenían de sus departamentos vecinos. Pero no había ninguna programación interesante en ese aparato. Enojada, decidió apagarla, se levantó de su cama y se dirigió a la cocina por una copa más de vino. En tan solo dos horas, ya había vaciado casi una botella entera, pero poco le importó y se sirvió una copa más. Regresó a su habitación dispuesta a irse a la cama a dormir cuando el timbre de su departamento sonó.

"Demonios, ¿quién puede ser a estas horas?" pensó.

A regañadientes se dirigió a la puerta y vio por la mirilla quién osaba tocar su puerta a esas horas y ese día precisamente. Se sorprendió al ver de quién se trataba. Creyó que el alcohol ya estaba haciendo estragos en ella, pero al parecer no estaba alucinando. Alguien se encontraba del otro lado. Entreabrió su puerta únicamente y saludó.

-¿Qué haces aquí? -.Bueno, si es que a eso se le podía llamar saludo.

-Feliz año nuevo, Dakota -. Contestó su acompañante. Dakota se quedó parada con la puerta entreabierta sin creer aún que él, precisamente él se encontrara del otro lado de su puerta a esas horas. No supo cuánto tiempo se quedó en ese lugar sin decir nada más cuando al fin reaccionó y abrió completamente su puerta.

-Disculpa, es solo que no esperaba visitas a esta hora. -. Y mucho menos a ti. Se hizo a un lado para que Ian pudiera pasar. Entró y ella le ofreció tomar asiento en la sala. Dakota pronto se dio cuenta que estaba en pijamas. Se sonrojó.

-Oh, disculpa las fachas es solo que...

-No esperabas visitas -. Le interrumpió.

-Si, eso. En fin, gustas un café o algo-. Titubeó.

-Un café estaría bien.

-Lo traeré enseguida.

Fue directo a la cocina y sirvió una taza de la cafetera. Pero antes de llevarla, se recargó sobre la mesa y tomó un largo suspiro. Aun no podía creer que después de tanto tiempo su antiguo amor secreto se encontrara sentado en su sala como si nada hubiera pasado. Aunque, quizá para él no había sido así. Para el, Dakota no era más que una buena amiga, alguien con quien podía contar incondicionalmente para contarle todos sus males y pesares, pero para ella, él lo era todo. Lo había amado desde el momento que lo conoció, y entre más lo trataba, más se enamoraba de él, pero al parecer, Ian no se daba cuenta de eso. Nuevamente se dejó llevar por sus pensamientos sin darse cuenta que ya llevaba varios minutos ahí dentro. Suspiró nuevamente y tomó la taza de café.

-Aquí tienes. -. Dijo entregándole la taza y rozando suavemente sus dedos. Se estremeció.

Tenía tantas preguntas por hacerle, quería saber cómo dio con ella, como encontró su departamento, ella creía haberse alejado lo suficiente para no volver a verlo nunca más, pero, ahí estaba, justo frente a ella. Pero había una pregunta aún más importante que debía hacer.

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