Resolución -Memorias Nuevas-

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"¿Cómo debería iniciar? ¿Cómo darme a explicar? ¿Cuáles hechos abordar con toda prioridad?"

Quizás podría ser simple y sencillo, como resultan las palabras dentro de una canción, y sólo repetirle una y otra vez que lo amaba; entonces presté atención a los versos en la voz de Lucha Villa que la radio susurraba:

Yo quiero estar siempre, siempre, siempre juntito a tu cariño

No me importa nadie, nadie, nadie amor si tú no estás...

Amor, amor, amor ¡cuánto te quiero!

Amor, amor, amor ¡qué bonito cariño!...

Si es pecado amarte tanto, tanto, que me castigue Dios...

Pero que elegantes y esplendidas suenan las palabras acompañadas por una composición musical.

"Quizás debería cantarle al oído".

Media hora después, envalentonado por las canciones que venía canturreando, vislumbre el letrero malhecho que señalaba el Paso del Norte. Pasaban de las once y media de la mañana. Estacioné el coche, y bajé de él aún tarareando más canciones para disipar los nervios. Contemplé las desérticas planicies, al instante que daba algunos pasos para sobrellevar la impaciencia; conforme la hora de la cita se acercaba, el reloj parecía imitar la velocidad de una tortuga. Faltaban menos de cinco minutos para las doce del mediodía, cuando reconocí su camioneta a lo lejos.

Se estacionó apenas a un par de metros delante, de donde yo lo había hecho. Tocó el claxon, y entendí que debía ir hacia él. Sentí su mirada a través del parabrisas, lo cual me puso más nervioso. Emocionado, me aproximé. Mi jubilo aumentó al percatarme de lo bien ataviado que iba, no era el atuendo para una fiesta, pero si denotaba esmero y cuidado. Mezclilla negra, una playera roja con el logo de "Construcciones Duarte". El cabello peinado hacia atrás con un toque de gel, la barba recortada; oloroso a colonia, desodorante y jabón de tocador.

—¿Qué vamos hacer aquí? —me cuestionó irrumpiendo mi estado embelesado, y al percatarse de que me tenía cautivado, movió la cabeza sonriéndose— ¡pinto flaco, estás reloco! ¿Ya almorzaste? —volvió a preguntarme.

Y le contesté que no.

—Entonces vamos a papear, porque ladro de hambre. Nos echamos unos tacos y luego ya hacemos lo que tengas planeado que hagamos. Que sigo sin entender qué haremos aquí, no hay ni un mezquite, ni una pinche sombrita pa' sentarse a platicar; y no es por asustarte, pero aquí se descarrilan un chingo de tráilers. ¿Por qué crees que no ponen un letrero nuevo? No duran, los tumban a cada rato; pero bueno, tú sabrás —y me observó callado por unos segundos—. No te creas, hombre; te estoy vacilando. Sígueme pues, pero muévelo porque tengo hambre.

Sonreí y acaté sus órdenes de inmediato. Condujimos entre diez y quince minutos, hasta que Neto se detuvo en un puesto de tacos sobre la carretera. —Flaco, vas a ver qué tacos tan perrones vas a probar —declaró asiéndome de los hombros con su brazo para acercarme a él—, hasta vas a pedir más de uno, están bien buenos. Es más, pide uno de bisté y otro de costillita; y si no te gustan, me escupes la cara por hablador —dijo con tono juguetón.

En eso se parecía a su padre, en lo ocurrente y simpático. Era como un niño en el cuerpo de un hombre, con esa astucia e ingenuidad tan natural de la edad. Quizás porque él no tuvo tiempo de serlo, ni siquiera había terminado la secundaria cuando el tío Cayetano lo metió en el mundo laboral, pues decidido a cimentar su propio negocio alejado del ámbito lechero, necesitó de su único hijo varón. De un momento a otro, Neto pasó de niño, a hombre con responsabilidades. Aún así, jamás emitió juicio o reclamo contra su padre, y yo tampoco pensaba incitárselo.

Recuerdo -Paso Del Norte-Where stories live. Discover now