VI.

1K 85 48


Un pequeño fragmento de historia.

Hace un par de años ocurrió un suceso que cambiaría la historia de la realeza, pues fueron asesinados el hermano del respectivo monarca junto con su esposa. Debido a que un monarca no puede mantener una relación siempre busca un heredero de su familia que comparta su sangre, en este caso el hijo de su hermano.

Pero después de aquel desafortunado evento no se encontró rastro alguno del hijo de su hermano, y todo quedo como un caso sin resolver.

Ya que aquel monarca se quedó sin un heredero, después de su muerte alguien fuera del linaje original fue elegido.

( . . . )

—Señor. —Llamo uno de los subordinados a aquel hombre que se encontraba en medio del lugar.

—¿Qué sucede? —Pregunto sin mirar en ningún momento al que dijo su nombre.

—Tiene una llamada. —Respondió el oficial.

—Ahora estoy algo ocupado, puede decirle a quien sea que este llamando que se comunique luego. —Dijo restándole importancia el jefe del lugar.

—Viene del puesto de operaciones número 7, es de la ingeniera a cargo. —Tan solo bastaron esas palabras para que Ofiuco dejara de hacer lo que estaba haciendo, y girara a ver al oficial.

—Muy bien, acepta la llamada. —El oficial asintió y se retiró.

Ofiuco movió un par de herramientas que mantenía en su escritorio, y dirigió toda su atención hacia la gran pantalla del lugar, en espera. No tuvo que hacerlo por mucho tiempo, pues la gran pantalla se encendió mostrando la imagen de cierta mujer peliblanca que tanto conocía.

—Oh, pero si es el señor Ofiuco. No creí que aceptaras mi llamada con tu agenda tan ocupada. —Comenzó a hablar ella con una sonrisa socarrona.

—También me da gusto verte Virgil —Saludo Ofiuco sin inmutarse—. ¿Qué sorpresa me traes ahora?

—¿Cada vez que llamo debe ser porque te tengo algo? ¿No puede ser por solamente saludar? —Dijo ella haciéndose la dolida, Ofiuco no hizo nada, tan solo observaba esperando—. Que aburrido eres, me alegra que tus pequeños no salieran igual a ti. —Eso sí que llamo la atención de Ofiuco.

—¿Algo que decir? —Pregunto con una sonrisa a su invitada.

—¡Oh, muchas cosas! —Respondió emocionada—. ¡He descubierto muchas cosas interesantes! Y ahora me doy cuenta que ustedes malditos no me dieron toda la información sobre mis conejillos. —Dijo molesta cambiando rápidamente de ánimo, Ofiuco ensancho su sonrisa.

—¿Pero qué dices? Jamás seriamos capaces de hacer eso. —Él saco una taza de té de cerca suyo, y miro divertido a Virgil.

—¿Por qué demonios no me habías dicho que la última fugitiva de Rusia estaba aquí? —Pregunto ahora sí bastante molesta.

—¿Ups? —Dijo simplemente Ofiuco riendo, Virgil entrecerró los ojos—. Te dijimos lo necesario querida.

—Pero no lo suficiente —Ella volvió a sonreír—. No podré trabajar si no tengo todas las piezas del rompecabezas, además sería una lástima que alguien supiera la verdad y la delatara al jefe... —Comento cantarina, Ofiuco levanto una ceja curioso.

—¿Me estas chantajeando acaso? —Pregunto fingiendo sorpresa.

—Puedes verlo como quieras, tan solo te estoy avisando. —Su rostro cambio a uno serio. —Ahora habla.

Battlefield [Zodiaco]¡Lee esta historia GRATIS!