II

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Mi grupo de amigas en la universidad se componía de 4 hermosas chicas y yo. Muchas veces me sentía orgulloso de estar rodeado de tantas mujeres. Aunque tenía mi grupo, me consideraba una persona súper sociable, capaz de entablar una conversación fácilmente y lograr salir airoso de ella, pero si tenía un problema personal, claramente recurriría a mi grupo cercano.

A pesar del poco tiempo que nos llevábamos conociendo, ya habíamos logrado encajar bien. Cada uno tenía personalidades COMPLETAMENTE distintas, pero aun así, sabíamos complementarnos de una forma maravillosa.

-hola Sophie- dije saludando a una chica alta, con cabello castaño a la altura de los hombros, figura esbelta y un hermoso aroma a manzana que avanzaba hacia donde yo me encontraba sentado. Usaba un polerón color burdeo con letras amarillas que rezaban el nombre de una universidad que no reconocí

-hola- contestó ella alegremente besando mi mejilla.

El día Lunes en la universidad era uno de los más tediosos, teniendo en cuenta que los días Lunes son tediosos por si solos. Había llegado antes a la facultad de nuestra universidad ya que no tenía nada que hacer en mi casa, y prefería llegar con minutos de ventaja que quedarme en casa sin nada que hacer. Estábamos en una pequeña sala que era de uso libre en la universidad, la cual contenía mesas con cuatro sillas cada una y que mayoritariamente se utilizaba como punto de encuentro para todos los estudiantes, sobre todo cuando tenías que esperar demasiado para una clase. Comúnmente se le conocía como el “Acuario” ya que en lugar de murallas, tenía enormes ventanales que la rodeaban.

-¿Qué haces tan temprano por acá?- pregunté mirando a los ojos a mi amiga mientras se sentaba frente a mí.

-Supuse que estarías antes, como usualmente lo haces- contestó ella con aires de sabiduría, devolviendo la mirada. Tenía unos ojos color café chocolate con un brillo magnífico. Sophie en sí era magnífica

-creo que me conoces tan…-. Interrumpí mi respuesta al ver que Sophie miraba detenidamente a un punto en el horizonte.

-no lo hagas notar, pero por atrás tuyo va pasando un niño hermoso- dijo ella casi sin separar los labios, luego se acarició el pelo de una forma natural. Muy disimuladamente, miré hacia donde ella me indicaba. En efecto, iba caminando con paso decidido un muchacho muy alto pero con buen estado físico, con cabello oscuro, facciones duras y buen gusto para vestirse. Miré de vuelta a mi amiga en señal de aprobación.

-quieres que te diga si es o no es, ¿cierto?

-por favor- dijo ella en tono de súplica. Había un rumor que decía que las personas gay tenían un radar con el cual podían identificar a otra persona que era gay. Yo, personalmente, no sabía si era cierto eso del “radar”, pero sí tenía una facilidad para descubrir a otras personas como yo.

-es completamente tuyo- dije con una sonrisa. Sophie rio y su carcajada hizo eco por la sala.

-mira, ahí viene Paz- comentó ella indicando una de las entradas del acuario.  Con paso decidido y glamoroso se acercó Paz a nosotros usando un hermoso abrigo rojo que hacía marcar las curvas de su cuerpo y que recalcaba lo pálido de su piel y lo oscuro de su largo cabello. Saludó a Sophie y luego a mí con un suave beso en la mejilla y se sentó en la silla que yo tenía a mi lado.

-¿Qué cuentan?- preguntó esbozando una enorme sonrisa y mostrando una hilera de dientes blancos y cuidados. La esencia de Paz era única; tenía un carisma que lograba cosas impensables en las personas.

-pues Sophie encontró un nuevo amor platónico- comenté en tono coqueto. Paz miró de inmediato a la aludida con cara de curiosidad.

-¡no es así!- rebatió Sophie entre risa y seriedad –solo ví a un chico guapo, eso no lo convierte en mi amor platónico.

-hoy con Daniel iremos al cine- dijo Paz cambiando repentinamente de tema.

-yo igual quiero un novio- murmuró mi otra amiga en tono de berrinche, casi como si pensara en voz alta.

-creo que tú y Daniel hacen una pareja hermosa- dije sonriendo. Paz tenía novio desde antes de entrar a la universidad y si mi memoria no me fallaba, estaban cerca de cumplir un año o algo por el estilo.

-gracias- comentó ella –es que hoy cumplimos once meses estando juntos-. Sophie suspiró de manera sonora y se recostó sobre la mesa teatralmente.

-despiértenme cuando alguien me quiera- dijo haciéndose la muerta

-yo te quiero

-pero Chris, tu no cuentas- respondió con una voz ahogada, ya que el cabello se le estaba acumulando en la cara.

-eso fue cruel- dije con tonto de falsa tristeza y aguantando una carcajada.

-pero piensa que recién estamos partiendo el año, hay mucha gente por conocer aún- dijo Paz buscando algo al interior de su mochila.

-ella tiene razón- comenté apuntando a mi amiga. Sophie se incorporó y arregló su cabello fácilmente.

-y tú Chris, ¿no quieres a alguien?- preguntó Paz sacando un pequeño brillo labial y aplicándoselo lentamente.

La pregunta me llegó de sorpresa.

-no- dije en un tono natural –estoy bien soltero. Aunque muy dentro, sabía que era una gran mentira.

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