Capítulo 2

2.2K 182 53

Tres días. Tres días me quedaban para mi "juicio".

Los últimos días habían pasado lentamente, alterándome los nervios, sin poder salir de casa, ni siquiera había podido ir a relajarme en mi nube, ya que claro, en cuento la directora hablo dulcemente con mi madre y le conto lo ocurrido, ella no tardo en explotar. Tiene un carácter explosivo y ni decir de como cambiaba el color de su rostro cuando hablaba con Fisting, rojo verde violeta, unos colores más y su cara era un arcoíris. Hay que contenerse para no reírse frente a ella. Pero ese no es el punto. Estoy segura con sus gritos casi hace que los vecinos llamaran al comando cupidal. Todavía no sé cómo estoy viva, pero algo es seguro, estoy castiga de por vida.

¿Dónde estoy ahora? Pues en mi cama, acostada boca arriba en una posición anormal mirando hacia el techo color naranja y amarillo. Raro lo sé, al color del techo me refiero.

El aburrimiento me consume.

Escucho el chirrido de la puerta. Sé que es mi madre, es la única que está en casa, a menos que...

Na, imposible, nadie combatiría con esta mujer para venir a rescatarme de mi prisión y alejar al malévolo aburrimiento de mí. Son todos unos cobardes cuando de mi madre se trata.

-Iria- su rostro esta rojo, oh oh eso es malo, tiene el ceño fruncido y creo que está a punto de morderme-Fistings llamo, dice que antes de la junta deberás asistir a dos sesiones con una psicóloga.

-¿Es broma verdad? Solo fue un sándwich.

Me dio una mirada acecina de esas que dicen "Te callas la boca, has lo que te digo sin rechistar o no volverás a ver la luz del día". Luego de eso, se retiró de mi habitación, dejándome sola nuevamente con mi querido aburrimiento.

Ya habían pasado los seis días, tuve que asistir a la bendita psicóloga, que me lleno de dibujos preguntándome que veía, que dibujara un árbol, entre otras cosas, en momentos me trataba como niña pequeña y creo que se olvidaba que ya tenía diecisiete años, y pensaba que tenía solo dos o tres.

En todo caso, los días del plazo ya habían expirado y ahora solo debía enfrentar la situación con los Ducmash, la verdad es que no sabía cómo hacerlo, los nervios me consumían, estaba aterrada.

Qué tal si me mandaban a un calabozo y me dejaban ahí hasta convertirme en polvo. O me arrancaban las alas como ángel caído y me obligaban a trabajar con los desamorados.

¿A qué aspirante de cupido le gusta quitar el amor de los mundos? A ninguno, y yo no soy la excepción.

Tengo que dejar de pensar cosas sin sentido.

Tome unas largas bocanadas de aire, y luego solté un largo suspiro. Me levante de mi asiento, moví un poco los hombros y me dirigí a afrontar mi situación, la iba a superar ¿Que tan malo podría ser? La situación no me iba a ganar, la iba a superar y en algún momento me reiré de esto.

Tome la perilla de la puerta, al abrir la gran puerta de madera y adentrarme en el interior, comencé a observar el lugar donde los Ducmash se reunían. La verdad no me lo imaginaba así, en realidad creo que ni me lo imaginaba. Era un gran salón parecido a una biblioteca, pero como si esta fuera sacada de un castillo, en dirección a la puerta se encontraban cinco escritorios formando una "u" estirada y detrás de ellos había un gran ventanal, donde se podría apreciar el hermoso cielo azul.

Astor, el representante de los cupidos me indico que me sentara en la silla que había en el medio de la sala, frente a los escritorios. Era fácil identificar cual era el representante de cada mundo.

Los Ducmash estaban comprendidos por una mujer y cuatro hombres. La mujer conocida como Alba, representante de las hadas, fue la primera que comenzó a hablar.

Renegade Cupid ©¡Lee esta historia GRATIS!