Ana estaba sentada en la camilla y aunque parecía débil estaba muchísimo mejor de lo que aparentaba la semana pasada. Apenas me vio sonrió un poco.

—Hola.

—Hola Abru

— ¿Cómo estás?

—Mejor, los médicos dijeron que ya podía salir mañana.

—Sí, me alegra un montón.

—Mi mamá vuelve y quiere que pase una semana con ella en un departamento, aunque quiero volver a casa.

—Yo creo que lo mejor va a ser que te quedes con tu mamá este tiempo, para que te recuperes. —le dije, ella hizo una mueca un poco desganada. —Ema y yo te vamos a ayudar en todo lo que podamos pero nosotras trabajamos en la semana y tu mamá quiere que te tengamos vigilada.

—Si ya sé. —suspiró y se acostó para atrás. —pero no voy a volver a hacerlo.

— ¿Qué pasó con tu trabajo?

—Me despidieron.

—Creo que yo voy a tener trabajo de catering. —le dije, aunque me lamentaba porque hace un par de meses atrás habíamos celebrado que al fin tenía trabajo. —me tienen que llamar, pero si querés te doy el puesto.

—Sí voy a necesitar plata, estoy vacía. —asintió, y por más que sabía que Joshua lo necesitaba de la misma forma, Ana era mi amiga mucho antes.

Ema y yo nos paramos frente al cuarto de Ana y aunque ella se había negado a que le limpiáramos, y estaba cerrado con llave, al ser las mismas que las nuestras logramos entrar. Nos había parecido sospechosa su forma de retenernos para que no entráramos, y queríamos investigar sin que se diera cuenta, de todos modos no se iba a acordar cómo estaban sus cosas, su pieza siempre era un desastre. Al entrar lo primero que sentimos fue el olor a marihuana encerrada y eso era horrible pero no sabía si preocuparme tanto por la marihuana como de lo que se me cruzó en la cabeza, el primer día que conocí a Gian y él me sacó de ese lugar, todo me indicaba que Ana estaba consumiendo de ellos y era cocaína, porque era lo que más vendían.

No quisimos desordenar tanto y el armario estaba cerrado con llave así que lo dejamos porque se estaba haciendo tarde y ambas trabajábamos por la mañana, sin encontrar nada más que olor, cerramos y después de cenar, yo me acosté en mi cama para ver los mensajes que tenía. Uno era de Joshua.

¿Cómo estás, el chico de ayer era tu novio?

Estoy bien gracias, y si.

Dejé lado a Joshua y le escribí un mensaje a Gian de buenas noches, mientras esperaba su respuesta entré a su antiguo chat y sonreí al ver los primeros que nos habíamos enviado, precisamente para las vacaciones de invierno.

Dos semanas es mucho tiempo.

Su nuevo mensaje llegó y sabía que mi sueño estaba asegurado a ser perfecto.

Buenas noches hermosa.


Loss With You.¡Lee esta historia GRATIS!