Intenté incorporarme y justo cuando iba a salir de la cama, oí unos pasos acercarse a la puerta. Volví a tumbarme en la cama e intenté hacerme la dormida para evitar cualquier tipo de enfrentamiento. No podía verlo. Aún no. No después de lo ocurrido.
Abrió la puerta y se acercó lentamente dejando algo sobre la mesilla de noche contigua a mi lado de la cama. Dejó ir un suspiro y ahí fue cuando me di cuenta de que quien había ahí dentro, junto a mí, no era Harry para nada. Abrí lentamente los ojos para encontrarme con Liam.
Alzó la mirada y se encaró a mí cuando me vio despierta. Sonrió tímidamente y pareció algo dubitativo de si quedarse de pie junto a mí o sentarse al borde de la cama a mi lado. No sé porque pero Niall y Liam no me intimidaban para nada, más bien parecían cercanos, racionales y comprensivos. Cuando me miraban, veían a una chica y no a una presa como Louis o Harry hacían, tratándome como a un jueguete al que usar a su antojo...Me aparté un poco para indicarle que podía sentarse a mi lado. Así lo hizo.
-¿Cómo te encuentras? - me preguntó examinando mi expresión. No sabía qué decir así que decidí ir a lo obvio.
-¿Qué haces aquí Liam? - sonrió como un niño.
-Yo, claro te cuento. Ehm...Harry me llamó desquiciado. Después del choque de esta mañana no me extrañaba que algo ocurriera...La cuestión es que Harry decía que no podía más, que había explotado y que necesitaba tiempo. Al llegar aquí, él ya se iba diciéndome que iba a resolver algunos asuntillos y que si podía echarte un ojo. Al entrar te he encontrado tumbada en el baño, helada y desmayada. Sangrabas y tenías un lado de la cara algo magullado...yo...espero que no te incomode pero cogerías una pulmonía, así que he puesto a lavar tu ropa y lo único que he encontrado es la camiseta que llevabas la primera vez...- bajó la mirada algo avergonzado. Supongo que esa era la reacción normal pero después de tratar con Harry y Louis era difícil ver lo normal, normal y lo intolerable, intolerable.
-Tranquilo Liam...gracias por ayudarme. Aunque no entiendo...¿por qué tú? - sonrió de nuevo. Siempre tenía una expresión afable. Cómo podía una sonrisa ser tan distinta a la de Louis por ejemplo, siempre eterna como la de Liam pero a la vez tan distinta.
-Yo...no sé si has oído los sobrenombres que nos dan las fans...son increíbles y muy intuitivas. Crean apodos que dejan ver algo de nuestra personalidad. Pues bien, a mí me conocen como "papá Direction" hahahaha ¿no te parece bueno? Supongo que eso me ha dado la fama, incluso aquí dentro, de ser el maduro y sereno.
-Pues creo que realmente te sienta bien ese apodo. - Por fin sonreía después de bastante tiempo - Y...¿qué hay de los apodos de los demás?
-Bueno pues, Niall es el duendecillo feliz, inocente, desenfadado, divertido...el alma de la fiesta. Zayn es el misterioso, rebelde y sexy. Louis es el excéntrico, irónico y juguetón. Finalmente Harry...es el todo...- se quedó en silencio, meditando algo, como intentando elegir las palabras adecuadas. - Harry recibe mucha atención porque ha nacido para ser famoso. Es paciente con las fans, honesto en los shows, natural y talentoso. Él disfruta en el escenario y siente en el estudio. -Miró mi expresión y sonrió. -Sé que parece irónico y una mentira viéndote en tu situación pero debes entender Claire que...tiene mucha presión. Demasiada. Por eso en la intimidad, con extraños, se comporta como has visto, siendo manipulador y cruel.
-No es excusa Liam. No le disculpes como un padre haría con su diablillo de hijo...aunque la metáfora te va anillo al dedo ahora que pienso... -Liam rió con gusto, contagiándome.
-Sin duda...- quedamos en silencio.
-Pero realmente Liam...esto es demasiado. No he hecho nada para merecer esto.
-Dale tiempo Claire. Créeme, Harry tiene mucho que ofrecer pero le cuesta porque...verás ser alguien conocido siempre te hace ser reacio a cosas...te hace preguntarte ¿es esto cierto? Tú no eres fan, llegaste y te comportaste algo fuera de lo establecido. No te culpo ni defiendo lo que Harry hace pero también debes entender que soy parte de esto y es muy importante para mí, así que si puedo intervenir, ayudar y sostener las cosas, lo haré.
-Y Harry era el que tenía presión. - Miré a Liam. Se esforzaba mucho pero parecía ser de la clase de personas que trabajan duro sin ser reconocidas. Decidí dejarme aconsejar y guiar. Quién sabía mejor de Harry que alguien que llevara tratando con él años. Dejé ir un suspiro. -Lo intentaré. Jugaré según sus reglas, como hice con Louis...no sé porque me temo que va a ser duro...es tan caprichoso....
-Él puede ser muy...intenso. Es Harry al fin y al cabo hahaha. Pero si te sirve de consuelo, nunca lo había visto tan obsesionado con algo que no fuera la música y todo lo que tiene que ver con nuestras obligaciones como grupo. - Me quedé perpleja por esa confesión. Liam pareció ver la sorpresa en mi rostro así que decidió dejarlo pasar. - Anda, déjame ver las heridas de la espalda que toca aplicar de nuevo las curas.
Me incorporé en la cama y aparté el edredón intentando que la camiseta me cubriera tanto como pudiera dar de sí. Liam pareció darse cuenta y se levantó de la cama para dejarme un tiempo mientras se dirigía al baño a coger los medicamentos. Al regresar yo ya estaba sentada al borde de la cama mirándolo.
-A ver cómo hacemos esto...voltea Claire, y sujeta los bajos de la camiseta en tus hombros. - Elevé la parte trasera de la camiseta dejando al descubierto la espalda. Me daba muchísimo corte porque al fin y al cabo no llevaba nada debajo así que seguro que Liam podía alcanzar a ver parte de mi trasero. No dejó que la situación fuera tensa, algo que agradecí.
-La verdad es que las heridas no son muy profundas así que tranquila, se curarán pronto y dudo que te molesten demasiado. Esto escocerá un poco...-dejó pasar un algodón empapado en un líquido frío por mi espalda baja de cuando Harry me había arrastrado por el suelo. -En fin, esto ya está - dijo mientras alcanzaba mis manos, que sujetaban la prenda y las aparté para que Liam dejara caer la camiseta volviendo a cubrir la parte trasera de mi cuerpo. Liam se levantó de detrás de mí y se puso enfrente. Se acluquilló y volvió a usar otro algodón empapado para esta vez limpiar el borde de mi labio inferior, las palmas de mis manos y las rodillas. Era muy cuidadoso y delicado. Sin querer dejé caer los párpados mientras él acariciaba mi piel con el algodón y cubría algunos arañazos con vendas y apósitos. De repente puso algo frío en el lateral de mi cara, cubriendo mi mentón, mejilla y sien izquierdas. Alcé la mano para sujetar ese apósito frío chocándome con su mano y cubriéndola con la mía. No se apartó. Dejé ir un suspiro.
-¿Se siente bien? - me limité a afirmar con la cabeza. -Me alegro. Creo que no me dejo ninguna herida aunque sinceramente no sé como tratar algunos moratones...el de la tripa no pintaba bien...
-Creo que conoces mis males mejor que yo misma Liam - dejé ir una sonrisita sin abrir los ojos. Sentí como cortaba su respiración.
-Lo siento, no pretendía hacerte sentir incómoda...es que al cambiarte de ropa no he podido evitar fijarme en...
-Liam...tranquilo, lo entiendo...-abrí los ojos para ver su expresión preocupada. Me tenía lástima. -Hice que se enfadara la primera noche que pasé aquí con él. ¿Te acuerdas cuando llamaste para hacerme ir al gimnasio contigo? - Asintió levemente - Poco después me pidió algo...me negué y pasó a palabras mayores. Creo que después dormí todo el día. Aunque cuando el día terminaba de nuevo...él cambió...por un segundo creí que Harry podría haber estado fingiendo ser duro, violento y cruel pero ilusa de mí, hoy ya me ha quedado claro que...no se puede ir a contracorriente con él. - Se me escapó una lágrima. Liam no dejó que abanzara más allá de mi mejilla.
-Al final todo saldrá bien. Y si no sale bien es porque no es el final. - Sonrió. Estaba muy cerca de mí. El calor que desprendía su cuerpo era agradable, atrayente. Intenté juntar mis labios con los suyos y no sé porqué quería hacerlo...nunca me había pasado algo así...supongo que después de tanta crueldad, Liam me hizo sentir querida de nuevo y eso me llegó al alma. Él no se apartó pero tampoco quiso abanzar. Se apartó después de ese cálido y dulce contacto con mis labios y acarició mi mejilla sana.
-Han pasado casi cuatro horas desde que llegué...¿comemos algo? Harry puede ser todo lo abrumador que quieras pero es muy generoso. Siempre quiere que nos reunamos en su casa y da total libertad al acceso a toda su casa...menos su cuarto claro...esa es el área privada. De echo...me ha dado cosa acomodarte en su cuarto pero después recordé que la segunda vez que te vi estabas justo en esta habitación.
-Sí ya...comamos algo, sí.
-Soy buen cocinero. ¿Quieres pasta? Se me da bien.
-¡Genial!
Así pasaron las horas. Unas buenas horas. Bromeábamos, reíamos, nos rozábamos amistosamente dando codazos y golpecitos inocentes y hablamos de todo y de nada. Me gustaba Liam...me sentía muy cómoda al fin. Y el anochecer se acercó y con ella, la luz que Liam desprendía anunciaba su extinción para dar paso a la oscuridad y las tinieblas...de Harry.
De repente la puerta se abrió y la temperatura de la habitación pareció descender. Harry entró en el bungalow iracundo, dando un portazo una vez dentro y encerrándose bruscamente en el baño sin dirigir una mirada ni a Liam ni a mí.
A los pocos segundos pareció reaccionar a la situación que se encontraba en su comedor, donde Liam y yo estábamos acomodados en el sofá hablando. Harry abrió de golpe la puerta del baño y se quedó perplejo en el marco de la puerta, mirándonos con ira. Su labio estaba partido y sangraba y uno de sus pómulos dejaba entrever un hinchazón que poco después se convertiría en un buen moratón. Sus manos se cerraron en puños y temblaron de ira. Sus nudillos estaban llenos de sangre. ¿Qué moscarrón le había picado?
Liam pareció intuir la respuesta a mi pregunta no formulada y se puso en pie alzando las manos en rendición. No entendía nada. Me estaba perdiendo algo pero no sabía qué...sin previo aviso Harry se abalanzó contra Liam agarrándolo del cuello de la camisa y empujándolo violentamente fuera de su bungalow. Me quedé encojida en el sofá siendo testigo de esa escena y anticipando el horror que me esperaba.
Iba a hablar para calmarlo. Jugar según sus reglas. Demostrarle que no debía ser así conmigo, que no había razones. Pero mi garganta se cerraba, mis ojos se humedecían y mi cuerpo temblaba. Harry explotó de nuevo. Sus ojos enloquecidos, una mueca en sus labios, todo magullado...parecía un matón diabólico.
-Así que él sí que merece tu atención. Tus miradas, tu cercanía y tu sonrisa...pero yo no. Yo soy el malo, el demonio, el cruel sádico. Pues si así me quieres, así me comportaré. NI TE ATREVAS A LLORAR Y MENOS HABLAR O GRITAR.
Alcé los brazos y cubrí mi cara esperando el impacto pero no llegó. Aparté los brazos lentamente y él sonreía malévolo. ¿En qué tortura pensaba ahora...? Antes de poder volver a protegerme el me agarró de los brazos y me empujó contra la mesilla de café de cristal. Caí encima y la mesa cedió haciéndose añicos bajo mi peso y el brutal impulso que Harry me había dado. Quedé atontada llena de cortecitos en mi cara, mis manos, mi costado y mis muslos.
No se cuánto estuve ahí pero de repente sus pasos se acercaron y me roció de agua helada. Reaccioné temblando y estremeciéndome. Me arrastró hasta la puerta corredera de la terracita trasera de su bungalow y me ató de manos y pies. Una vez hecho, abrió la corredera y me arrastró fuera. Me dejó a la intemperie, atada, con una camiseta mojada y en pleno invierno.
Cerró la puerta corredera y entró en el bungalow dejándome ahí. Me desvanecí y cuando abrí los ojos era noche cerrada. No podía moverme. Estaba totalmente entumecida y los cortes de mi cuerpo ardían de dolor. Mis manos y pies estaban totalmente insensibles, no los sentía. Empecé a llorar y sollozar. Me dolía todo y no podía moverme. Se me escapó un gemido de impotencia, de enfado conmigo misma por ser tan débil, de rábia por Harry y lo que me hacía sufrir sin razón. Chillé. Chillé y me tocó a mí explotar.
Al poco, Harry abrió lentamente la corredera. Iba sólo en bóxer de nuevo. Se quedó ahí de pie. Mirándome. Se acercó en donde estaba tirada después de soltar un suspiro de exasperación.
-¿Y ahora qué?
-Por favor...basta. Mmme duelee...
-Hahaha ¿desde cuando me importa? ¿desde cuando eres tú la que pide? No recuerdo haber cambiado los papeles aquí. Bueno de echo, no recuerdo que se hayan cumplido, aún, dichos papeles.
Me quedé en silencio.
-Déjame cumplirlos pues. -dejé ir un suave y cansado murmullo. No podía ni hablar.
-Mmmmhh...pero antes...respóndeme a unas sencillas preguntas. ¿Por qué no viniste a mí ayer por la noche cuando te lo recordé en el estudio? -seguía torturando, forzándome. Todo lo que me provocaba dolor o malestar era su satisfacción, su juego.
-Porque Louis me dio algo y me quedé dormida. Al despertar estaba en su cama y ya era de día. - Su expresión era genuina. Quería provocarle pero no estaba por la labor.
-¿Qué has dejado que Liam te haga?
-Nada. Cambirme, curarme y alimentarme.
-¿Qué harías para recompensarme por todas las molestias que me estás causando?
-Obedecerte.
-Bien. Pero quiero algo más. - Se quedó en silencio, escaneando mi expresión.
-¿Qué...? -Dije débilmente.
-Quiero que quieras obedecerme. Quiero lo que he visto en ti cuando estabas con Liam ¿Podrás hacerlo? - Me quedé callada. No podía hacer eso. Simplemente no podía.
-No puedo hacer lo que me pides. No se puede manipular lo que uno siente. A no ser que quieras que finja...
-¿POR QUÉ NO PUEDES? -Me interrumpió chillándome en la cara.
-Porque Liam no me daba órdenes. Él me trata como lo que soy, un ser humano.
-Ya veo... - chasqueó la lengua - Pues, como BUEN SER HUMANO QUE ERES, te quedarás aquí hasta que el dolor y el sufriemiento hagan que tus sentimientos se modifiquen a la fuerza. Durante una temporada no saldrás de mi bungalow. Eres mía. -Se levantó y volvió dentro del bungalow dejándome donde estaba.
-¿Por qué...? -Pero aunque sé que me oyó, no dijo nada. Optó por seguir testarudamente torturándome. No me callé. - No me dejes aquí fuera. -rogué cansada.
-La puerta está abierta. Eres "un ser humano libre" que puede entrar cuando quiera. -Y desapareció riéndose malévolamente en la oscuridad del bungalow, dejándome atada, helada, herida y dolida en la fría noche.

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