Capítulo tres.

 –¿Mi qué? –pregunté.

–Tu familia–respondió molesto.

–Mi única familia está en esta casa. No me interesa conocer a la otra, si es que la tengo–dije con un hilo de voz.

–Sí la tienes, Kendall, y quieren pasar un tiempo contigo.

–Yo no.

Mi padre ya no me aguantaba más, se veía furioso en sus ojos. Estaba enojado, pero yo no iba a hacer lo que él quisiera. Yo sí sabía que tenía otra familia, más no que querían conocerme. Yo no quería. Mi madre era la que me había criado por quince años al igual que mi padre, y mi hermano Nick, era el único. No quería saber si tenía más, verdaderamente no era algo que me interesara.

–¿Cuántos años tienes, Kendall? –preguntó mi padre con recelo.

–Diecisiete–respondí molesto.

–Exacto. Llevas quince años bajo mis reglas, y lo harás hasta que te vayas de esta casa–articuló con el tono más alterado, pero después respiró hondo–. Está bien. Es tu decisión, nada más–suspiró. –Te entenderemos.

–No tienes por qué entender nada, papá. No me iría con ellos ni aunque me dieran dinero–le dije, sonriendo por primera vez en esa plática.

Se levantó de su silla y yo de la mía. Se acercó para abrazarme, me dio dos palmadas en la espalda y se separó.

–Gracias por considerarnos así, hijo.

–Es lo que es.

Salí de la oficina a paso lento y cerré la puerta. Lo escuché suspirar, de nuevo. En serio quería que yo conviviera con mi otra familia, y si eso lo hacía feliz… bien. Entonces lo haría. No perdía nada intentándolo.

–¿Qué pasó? –preguntó mi madre intrigada, limpiándose las manos con una toalla.

–Ya sabes lo que pasó–puse los ojos en blanco.

–No lo sé.

–sí, y no quisiste hablarlo conmigo–di la vuelta para subir las escaleras.

–No quise hacerlo porque me duele, Kendall. Pensé que no volverían a buscarte–murmuró–. ¿Qué harías tú en mi lugar?

Corrí escaleras arriba hacia mi habitación. Cerré la puerta y me tiré en la cama. El día iba como una mierda… a excepción de que, por la mañana, había conocido a una persona. ___, una persona increíble que no salía de mi mente.

Entonces, se me ocurrió una idea.

–Adam, soy Kendall–dije en cuanto contestó el teléfono.

–Lo sé. Te tengo registrado–farfulló. –¿Qué quieres?

–El número de ___.

–No lo tengo.

–Sí lo tienes, James. Por favor.

–¿Para qué lo quieres? –murmuró fastidiado.

–Sólo dámelo, ¿sí?

–Bien… 0155496890.

Lo apunté en una agenda que tenía a la mano y colgué. «Estúpido» susurré y volví a acomodarme en la cama. No estaba seguro de querer llamarle. Sí, sí quería pero apenas era el primer día de conocerla y ya estaba causando algo en mí. Reprimí los impulsos de agarrar el teléfono y marcarle. Puse las sábanas sobre mi cabeza y traté de no pensar en ___, aunque era como pedirle peras al olmo

En la mañana, no capté los jodidos rayos del sol sobre mi rostro. Era un día demasiado lluvioso. Me bañé, me cambié y bajé corriendo las escaleras hasta el comedor. Día de suerte: mis padres estaban desayunando, y yo ya tenía preparado un lugar en la mesa. Me senté.

–Hola…–murmuré.

–¿Cómo dormiste, cariño? –mi madre pasó su mano por mi mejilla. ¿Ya había olvidado lo de anoche?

–Bien–respondí acomodándome en la silla. No era común que ella hiciera eso.

Despeiné el cabello de Nick y me tomé todo el jugo de naranja de un trago. Apenas había tocado el tocino, me levanté de golpe. Eran ya las ocho y media.

–Mier… lo siento. –Farfullé–. Tengo que irme. Nos vemos en la noche–tomé mi mochila y mi padre me detuvo antes de que pudiera salir.

¬–¿En la noche? –enarcó las cejas.

–Sí. Iré a los bolos con los chicos.

–Kendall…

–Ya había quedado. Perdón–sin espera respuesta salí disparado y agarré el auto de mi madre.

Me mataría, lo sé, pero era cosa de vida o muerte. No era que me preocupara llegar tarde a clase, sino que si no llegaba, no vería a ___ y no sabría qué estaría haciendo ella con James o Logan. Carlos no me preocupaba en lo más mínimo.

Cuando llegué, aparqué el auto y corrí a la entrada.

–Justo a tiempo, Schmidt–gritó el subdirector antes de que cerrara la enorme puerta. –Pasa.

En el momento en que entré, la lluvia se desato. Busqué con la mirada a alguno de los patanes y a ____. No había señales de ninguno de los cuatro, y quería creer que ya estaban en clase.

Corrí al aula de Inglés y, afortunadamente, en el banco que estaba a lado del mío, estaba sentada ____.

Llevaba el cabello suelto sobre los hombros, unos jeans blancos y una blusa de seda negra, lo bastante transparente como para llegar a ponerme celoso de las miradas furtivas que le echarían mis amigos.

–Hola–dijo ella apenas moviendo los labios. Le sonreí y me senté. –Casi no llegas.

–Sí, se me hizo tarde–me aseguré de que el profesor no nos viera, pero se había salido para hablar con alguien. –Entonces… ¿irás esta tarde a los bolos, chica?

–Sí–se encogió de hombros–. Será divertido. Mi primer salida desde que llegué aquí.

–¿Dónde vivías antes? –le pregunté sacando mi cuaderno y dejándolo sobre el taburete.

–Arizona. En Phoenix, exactamente–me sonrió y acercó su silla a mi lugar.

–Excelente–le respondí del mismo modo y clavé mi mirada sobre sus ojos. La sostuvo por unos segundos y después de retiró.

Por ese corto momento, noté una pequeña marca sobre su ceja derecha.

Parecía más una cicatriz que otra cosa.

–¿Qué es eso? –puse mi dedo sobre su frente, justo sobre la cicatriz.

–¿Qué es? –mordió su labio inferior, como pensando. –¡Ah! Claro, es mi marca de nacimiento–se pasó el índice por sobre ella.

–¿En serio? –el estómago comenzó a darme vueltas.

–Sí. No me gusta, parece una cicatriz–hizo un mohín–. Pero en fin… ¿tú irás esta tarde?

–Si me dejas acompañarte–puse mi brazo sobre el respaldo de la silla.

–Claro.

Las náuseas que me habían dado anteriormente amenazaban con volver. ¿Qué iba a ser de Savannah? No podía dejarla sola. Era mi novia, claramente. Me arrepentí por un momento de haberle dicho eso a ____.

–¿Qué pasa? –tocó mi hombro sacándome de mis cavilaciones.

–Nada. Nada, linda–tosí sobre mi puño–. Ya volvió el maestro–lo señalé discretamente.

–Ah, sí–articuló confundida y se regresó a su lugar.

«Pero qué estúpido eres, Schmidt» me dije.

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I want you to stay - Kendall Schimdt y Tu * TERMINADA*¡Lee esta historia GRATIS!