4. Un chico llamado Leo.

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Desde la muerte de Woo nunca he sentido tanta curiosidad por alguien como lo hago por Leo.

Sus labios parecen relajados ahora, y entreabiertos. La tensión en su cara se ha ido. Tiene las manos esposadas a la espalda, pero sus piernas están libres.

Todo el mundo lo está mirando. Parece que nadie en el pasillo puede respirar. Lo vemos empujar una de esos iSee lejos.

Uno de los chicos lo detiene, tratando de buscar pelea. Leo lo ignora y sigue caminando.

De alguna manera, tomo un par de pasos hacia adelante y me paro en su camino. ¿Qué se ha metido en mí? Lo miro con mi barbilla en alto. Se detiene frente a mí...

Todo lo que veo es su rostro. Todo en el mundo a su alrededor se acaba de ir. Siento como que hay un imán tirándome de mi pecho hacia él. Sólo veo sus ojos ahora, como si ambos estamos conectados a través de una especie de tubo invisible lleno de luz dorada, el color de la tinta en sus ojos. Me siento mareada. Mi mirada se desplaza de sus ojos a sus labios, y viceversa. Está demasiado tenso aquí. Demasiado caliente. Siento como que necesito liberarme de un hechizo.

—¿Eres Decca? —pregunta Leo con voz musical. A pesar de que suena como si quisiera golpearme, su voz tiene cierta textura, como lana fina. Tiene alma, como si la lija cantara. Es justo el tipo de fina voz que hace que quieras rozar tus mejillas contra ella. ¿Qué me está pasando?

—¿Cómo —Aclaro mi garganta—, sabes mi nombre? —Mi voz es tan baja que podría estar sólo en mi cabeza.

—No lo hagas —dice sin inmutarse. A pesar de su belleza él está tan rígido, como si estuviera sufriendo, pero tratando de no demostrarlo.

—¿Hacer qué? —Le sonrío. Odio a los chicos hermosos. En su mayoría son tontos, pero mi cuerpo me traiciona y me encuentro inclinándome hacia delante de nuevo.

—No entres en los juegos. —Deja que las palabras pasen dolorosamente entre sus dientes apretados—. Es una estupidez, no lo hagas. —Sus ojos se mueven a los lados, como si él no quiere que nadie lo escuche.

Mi boca está colgando, pero estoy sin palabras. ¿Cómo lo sabe? Las palabras se rehúsan a salir.

Siento como que estoy en un sueño, y alguien está llamándome desde el mundo real. Empiezo a salir a la superficie del mundo real, recordándome que hay otros adolescentes aquí con nosotros. No estamos solos y no se supone que me sienta atraída por él así.

Alguien está llamando a Leo. Son los soldados. Él no está contento, como que no quiere que los soldados lo vean hablando con una chica normal de Eve, del mismo modo en que la mayoría de los Nueves lo hacen cuando me hablan. Esa mirada que dice que soy un Siete y ellos Nueves. Podría ser una de sus fans y ellos podrían jugar a las superestrellas, pero realmente no podríamos ser amigos —excepto Ariadna. ¿Por qué está pasando esto? ¿Cómo sabe mi nombre? ¿Cómo sabe sobre mí cambiando los iAms? ¿Por qué no quiere que los soldados me vean con él?

—Aléjate de mí. —Leo aprieta sus dientes. Tengo que estar de puntillas para mirarlo a los ojos. De repente, ¿no quieres tener nada que ver conmigo? Los chicos siempre serán chicos. Se siente como un monstruo para mí. Ariadna dice que todos los chicos, tarde o temprano, se convierten en monstruos.

Estoy sorprendida y confundida. La sangre regresa a mis manos una vez entumecidas. Es como despertar de un sueño hermoso con un giro, o lo que es peor, un mal final.

Uno de los soldados aparece detrás de Leo, y presiona un botón en un control remoto en su mano. Leo castañea, y algo le pasa a su boca de nuevo. Sus labios están sellados. Sus mejillas están tensas. Él está enojado, pero no puede hacer nada al respecto. Sus ojos siguen fijos en los míos.

Los soldados lo arrastran de vuelta. Su cabello cae sobre los ojos de nuevo. Creo que lo hace a propósito. No quiere comunicarse o ser visto.

Ariadna y Sam corren hacia mí. Leo está fuera de vista.

—¿Qué te pasó? —Ariadna sostiene mis manos—. Te ves como si hubieras sido golpeada por un rayo.

—De todas las chicas —pregunta Sam—. ¿Leo está hablando contigo? —Me comprueba por todas partes con sus fríos ojos.

—Créeme —digo—. No fue halagador.

Las puertas se abren de nuevo. Faustina sale y dice lo más fuerte que puede—: ¡Soy un Nueve!

—No jodas. Estoy tan feliz por ti que voy a explotar —murmura Timmy. De hecho, estoy muy sorprendida por la falta de entusiasmo de Timmy.

Faustina viene corriendo hacia Sam. Momento beso-beso. Sam es una estatua viviente.

También hay cinco Cincos, un Seis, un Siete. Un Monstruo. Eva sale gritando que es un Ocho.

¡Iba a ser un ocho!

Todos en el pasillo la miran con desconfianza.

—¿Qué? —pregunta Faustina—. ¿Un Ocho? Estoy sorprendida de que salió de la habitación en el primer lugar. ¿Qué está mal con este estúpido iAm? —Golpea su dispositivo contra su palma como si fuera a responderle.

Anuncian la segunda ronda, llamándome.

Mientras Eva viene corriendo hacia mí, queriendo abrazarme, la ignoro y entro en la sala de clasificación. Lo hice a propósito. Espero que me perdone. A pesar de que me alegro por ella, felicitarla sería como matarme dos veces.

Dentro de la habitación, hay una pantalla digital frente a mí.

—Toma tu iAm y conéctalo en la pared, por favor —solicita una voz de mujer pre-grabada.

Hago lo que dice, y conecto mi iAm con los datos de Eva en la ranura de la pared.

Sólo toma unos segundos antes de que la voz pre-grabada me hable de nuevo.

—Felicitaciones —dice—. Eres un Monstruo.

¿Felicitaciones? Máquina un poco sarcástica.

—Asistirás al Espectáculo Monstruo y morirás en nombre del Hombre Ardiente. —La máquina me hace un seguimiento—. Apreciamos tu cooperación y te deseamos una buena muerte. Que tengas un lindo día... para morir. 

—No jodas —murmuro mientras el suelo debajo de mí se abre. Me encuentro deslizándome hacia abajo en el Campo de Batallaz de Dizny.

Ese es el momento en que los adolescentes por lo general gritan.

No lo hago.

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Yo me imagino a Leo como Ian Somerhalder (El de la foto)

Les gusta el libro? No se  si seguir traduciendo....

I am alive. ¡Lee esta historia GRATIS!