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Pen Your Pride

Rubén.

La tomé en mis brazos y me alejé con ella. Me gritaba algunas cosas que sinceramente no alcanzaba a escuchar, la música estaba demasiado alta y además no tenía ganas de escuchar sus histerias, ¡porque no tengo ganas y estoy –casi– ebrio! ¿Cómo no le quema la garganta por gritar de esa forma? Llegamos a una parte bastante apartada, como había mencionado, la casa era enorme, y en el patio trasero había una piscina, estaba solo, no había nadie, así que eso ganaba puntos. Cuando la música ya no se escuchaba me decidí a bajarla. Ella aún seguía gritando y yo seguía sin entender ni una mierda de lo que ella decía, pero gritaba muy fuerte. ¡Pero que no todos necesitan escucharte, coño!

—¿Quieres callarte, coño? —Grité harto, cansado, cabreado y con un dolor en la espalda por tantos golpes que había depositado ahí. ¡Y a mí era al que llamaba «bestia»! Já, venga ya.

Su voz desapareció. Ella me miraba callada, en silencio, sus ojos estaba fijos a los míos, su cabello negro estaba despeinado. Suspiró cansada y bajó su mirada. Una parte de cabello le tapó uno de sus ojos cuando volvió a mirarme. Mira tú, que hasta tiene una parte sumisa.

— ¿Qué quieres? —su voz estaba más calmada que antes, y yo malditamente agradecía eso —Pensé que… —no terminó la frase.

Levanté una ceja. Ella volvió a mirar hacia el pavimento y movía nerviosamente sus manos.

— ¿Qué pensaste? —pregunté intrigado, porque, mierda, que tú no puedes decir algo y luego dejarlo inconcluso, estoy seguro que es una falta de educación o eso... creo.

—Que no te volvería a ver nunca. —se mordió el labio inferior. Joder, cómo me ponía esta chica. Quiero decir... hmm... Joder, así nomás.

Quité todos esos pensamientos de mi mente y me concentré en lo que ella había dicho. ¿O sea que esperaba no volver a encontrarse conmigo? ¿Pensaba que iba a dejar de buscarla? Vaya que estaba equivocada. Además, el maldito mundo es muy pequeño, y el habernos encontrado en esta fiesta lo demuestra todavía más.

—Bueno, al parecer el destino quiere que estemos juntos. —bromeé.

—No, ni lo creas. —contestó haciendo una mueca.

—Uy. —me acerqué más a ella. —Tranquila, fierecilla.

—No me llames así. —contestó a la defensiva. —Tengo un nombre.

— ¿Ah, sí? ¿Y cuál es?

—Ya te lo había dicho.—en este punto su nerviosismo apreció. —Sofía.

Reí fuerte. Aún me estaba mintiendo. Ella me miraba extrañada, esperando a que le contase cuál era el chiste.

—¿Sofía? —Pregunté y ella movió su cabeza asintiendo. —Qué mal, pensé que te llamabas... ¿cómo era? ... Ah, sí: Zoe.

Abrió sus ojos como platos. Y yo estaba a nada de ponerme a bailar como subnormal de tanto que disfrutaba viendo esa expresión.

—¿D-de dónde sacas e-eso? —preguntó con dificultad. Que ya se le había bajado lo altanera, eh...

—¿A quién le importa?

—¡Pues a mí! —... o tal vez no, porque gritó y creo que hasta tuve que tapar uno de mis oídos.

—¿Podrías dejar de gritar, coño? —la ataqué. —No todos soportan tu maldito humor, y esos gritos que pegas.

—No eres nadie para hablar.

Reí fuerte otra vez. Me encantaba cómo se enojaba.

—No eres tan genial como piensas, Rubius. —dijo con su voz tan arrogante y una mueca que probablemente decía algo como «besa mis pies, perra», o eso creo.

—Puedes llamarme Rubén. —le dije. —Sólo mis amigos me pueden llamar Rubius.

Ahora ella era la que reía.

—Rubén, Rubius, Rubiuh, de cualquier forma eres una mierda.

—No puede ser. —dije riendo. —Yo soy el que debe de estar enojado, no tú… ¿Por qué coño te enojas?

—Porque lo último que quiero en esta puta vida es encontrarme contigo, para que te pongas en plan “Soy- el- Dios- del- mundo-” —contestó agresiva. —Porque eres un arrogante, un engreído que se cree mejor que todos, un chico con cero sentido del humor, porque eres una mierda en todos los aspectos. Porque ni siquiera eres lindo o agradable… Porque…

Hmm.

No la dejé terminar, la tomé de los hombros y la acerqué a mí. Joder, ¿pero qué no podía pronunciar una frase sin gritar? Además, ¿qué mierda con sus reproches? ¿Qué le había hecho yo? ¡Nada! Creo.

Estaba tan cerca de ella que no pensé en algo más que sólo besarla, no sería una mala idea, esta era una guerra y mi objetivo era que ella se pusiera furiosa como sabe hacerlo, si la beso, es seguro que se enojará y terminará gritando histéricamente, además, no perdía nada. Así que lo hice. Uní nuestros labios en un beso. La tomé por sorpresa, porque no trató de moverse o algo… O quizás sólo lo deseaba tanto como yo.

Zoe | rubius fanfic. |EDITANDO|¡Lee esta historia GRATIS!