La rubia volvió a colocarse su celular en la oreja, escuchando los tonos habituales que indicaban que la llamada entraba al celular de la morena pero al final la mandó al buzón de voz, nuevamente.

—Maldita sea —murmuró Connie colgando para volver a llamar.

—Connie, no te va a responder —murmuró el castaño algo frustrado mientras respiraba profundamente.

—Tiene qué —volvió a colocarse el celular en la oreja para segundos después ser enviada al buzón de voz, de nuevo—. ¡Maldita sea! —exclamó guardando bruscamente el celular en su bolso.

—Bryce y yo lo hemos intentado toda la mañana y ninguno de los dos tuvimos éxito, es inútil —confesó Joseph dejando caer su cabeza hacia atrás para después cerrar los ojos.

A la rubia le entraron unas repentinas ganas de llorar. Dejó caer su bolso al suelo, puso sus codos sobre sus rodillas, tapó su rostro con sus manos y dejó salir las lágrimas en silencio. El castaño no tenía ni idea de que su amiga estaba llorando, él estaba sumido en sus pensamientos.

Una chica de cabello castaño se acercó tranquila y silenciosamente, se sentó a lado de la rubia en la sala de espera y comenzó a acariciar el cabello  de la rubia, como consolando su llanto.

Joseph sintió su presencia, frunció su ceño, se sentó bien en su lugar y la miró pero su boca se mantuvo cerrada.

—Tranquila… —la suave voz de la chica entró por los oídos de Connie, transportándola a unos meses atrás.

—No puedo con esto, Mia. Ya no quiero estar así —murmuró la rubia entre su llanto, sintiendo como si estuviera viviendo un momento trascendente de su vida que ocurrió meses atrás.

La castaña acarició un poco más el pelo de la rubia y se inclinó lentamente hasta acercar su boca al oído de Connie.

Joseph estaba con el ceño demasiado fruncido, sentía que no debía de interrumpir la charla de esas chicas, pero de todas maneras siguió prestando atención.

—Connie… —comenzó a susurrar— yo no soy la consejera —.

El castaño sintió una mano en su hombro. Desvió su mirada hacia la derecha para ver a la persona que lo había tocado, pero nadie estaba ahí. Regresó su mirada hacia la rubia y esta se encontraba ya un poco erguida con la mirada hacia el frente, su rostro empapado de lágrimas pero estas ya no salían de sus ojos, su boca estaba entre abierta y sus manos mojadas de lágrimas, sus codos aún apoyados sobre sus rodillas.

—¿Connie? ¿Dónde está…? —.

Joseph no pudo terminar la pregunta.

La rubia se puso de pie y tomó su bolso, se giró para mirar a su amigo.

—Nos vemos en otra vida —dicho esto, se dio la media vuelta y comenzó a alejarse de la sala de espera, dejando al castaño demasiado desorbitado y con un ceño muy fruncido.

Caminó unos cuantos metros y después giró hacia la izquierda, sus pies se detuvieron repentinamente al evitar chocar con alguien. Sintió dos manos en sus hombros deteniendo su paso por completo.

La rubia elevó su vista al instante.

—Por favor, hazlo. Despierta —murmuró el rubio de ojos cafés, con voz cansada.

—Suéltame y da un paso hacia atrás —murmuró la rubia como respuesta.

—Connie… —.

—Jack. Suéltame y da un paso hacia atrás —.

El chico acató la orden.

—Despierta, por favor. Ahórrame un poco de dolor —Connie lo miró durante unos segundos, después emprendió su marcha nuevamente sacándole la vuelta. Jack se dio la media vuelta y miró a la chica alejarse—. Sólo para que lo sepas… —comenzó a hablar con voz fuerte, provocando que la chica se detuviera pero no se girara a mirarlo— ni siquiera fui a la fiesta de Nicholas aquél día, quería ahorrarme el dolor de verte con Beau —.

1. Despierta¡Lee esta historia GRATIS!