CAPITULO 11: Jazmín y lavanda

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Capitululo 11: Jazmín y lavanda

El mundo se mueve de forma rápida e irregular reduciendo mi visión a manchones irregulares que poco a poco toman consistencia para formar siluetas y colores que no estoy tan feliz de volver a enfocar. No espero a tomar reposo o fuerza, solo me pongo de pie forzando a mis rodillas a no flaquear mientras soportan mi peso ante mis lentos pasos que pretenden aparentar ser seguros y firmes. 

Un mechón de cabello azabache me cae por la frente hasta los ojos y debo apartarlo con un manotazo torpe mientras me sigo abriendo paso hacia la puerta por la que hacía un rato había sido conducida dentro de aquel lugar, aula, calabozo de tortura, lo que fuera.

Escucho la voz de Anneke pidiendo que me quede, que aguarde, pero la ignoro como si en realidad ni siquiera hubiera conseguido escuchar su petición. No quería saber nada de ella, o de Landon o de cualquier otro de los chicos de Cross.  

Parte de mi quiere girar la vista hacia Galileo para comprobar que está bien o si al menos había conseguido ponerse de pie después de la paliza de la que había sido blanco pero por suerte es mi herido orgullo el que gana haciéndome ignorar también al pelinegro, dándole a saber que en verdad había conseguido ofenderme con aquella torpeza, con su valía igual a cero para defenderme o defenderse a él mismo. 

Ahora que lo pensaba, incluso Oleksander había tenido más "caballerosidad" al defenderme del primer ataque que recibí. Este lugar estaba demente, todos aquí estaban dementes.

Puedo escuchar la voz de Anneke una vez más pero volviéndola a ignorar solo abro la puerta y salgo dando un portazo detrás de mí, solo hasta ese momento me permito exhalar de forma entre cortada e irregular tal y como mis pulmones exigían. Después de todo lo que  acababa de suceder podía aplaudirme varias cosas, una de ellas era la entereza con la que había atravesado el lugar y salido a la escalerilla de piedra como si el esfuerzo no me estuviera consumiendo por dentro. 

Sentía ese pequeño monstruo que habitaba dentro mío gruñendo satisfecho y arañando mis entrañas solo por ocio, haciendo correr la sensación de acero fundido por mis venas y concentrando el calor ardiente en mis manos provocando que las yemas de mis dedos se quejen incluso ante el trémulo contacto de la suave brisa venida de no sé dónde. 

Las escaleras se acaban y mis pantorrillas lo agradecen mientras comienzo a caminar por el largo pasillo, de forma lenta y acompañada por el eco familiar que siempre hacían mis botas contra el suelo. No recordaba que aquel pasillo fuera tan largo, tan inmenso, de hecho justo ahora y mirando al frente la ilusión óptica de la estreches y el largo le daban un aspecto infinito en el que no importaba que tanto corriera para escapar de aquella construcción de roca nunca podría hacerlo, estaría prisionera de aquellas personas el resto de mi vida.

Siempre había tenido esa sensación de constante claustro, de vivir entre finos barrotes de los cuales no podría salir aunque lo quisiera, y que el día en el que por fin mis limites se vinieran abajo descubriría de lleno el mundo que siempre había permanecido oculto ante mis ojos, y me iba a sobre pasar. Me engulliría como un bocadillo matutino que no puede defenderse y solo yace en la mano del comensal resignado a morir en un par te mordidas. 

No todo el tiempo había sido así, no siempre tuve miedo de mi y de los demás y no siempre sentí la necesidad de cubrirme en apatía y desasosiego para convivir en esa sociedad que jamás valoró mis intentos y solo se dedicó a ponerme etiquetas a la espalda que con el tiempo se perdían una debajo de la otra.

Mi padre, él había sido el parte aguas en mi vida y el que marcó un antes y un después. Parte de mi murió con él mientras el ataúd blanco descendía en la fosa irregular cavada por el sepulturero, y sabía que jamás podría recuperar eso; la vitalidad, las risas espontaneas, la familiaridad al poner en el aire varias monedas y que él me sonriera en lugar de mandarme a encerrar a mi habitación hasta que aprendiera a disimular que no era como el resto, hasta que aprendiera a encajar ahí donde habían rellenado mi espacio con años de maltrato.

ƲIOLETT Ƈross©¡Lee esta historia GRATIS!