CAPITULO 3: Día uno

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CAPITULO 3 (Día 1)

Era de esperar que no pudiera volver a conciliar el sueño después de todo lo ocurrido a horas de la madrugada. Mis sentidos están demasiado alerta, demasiado despiertos, y solo buscan un pretexto para hacerme sobre saltar. Cuando mi celular comienza a vibrar debajo de la almohada marcando el momento para alistarme e ir a la primera de mis clases yo sigo sobre la cama, cuidando la ventana y las hojas traídas por el viento que se estampan contra el cristal.

Tras apagar la alarma y ponerme de pie puedo escuchar movimiento fuera de mi habitación, el eco apresurado de pasos que pronto desaparecen cuando bajan hacia la cocina, supongo yo. Mis movimientos, al contrario de llevarme al closet van hacia la ventana que tanto había vigilado, solo para confirmar con las yemas de mis dedos que lo que había visto no era un efecto visual de luz y reflejo; Los discretos trazos irregulares se sienten como imperfecciones bajo mi tacto, marcando caminos serpenteantes hechos con algún pico fino, o con uñas fragmentadas.

Aparto la mano de golpe cuando el pensamiento acude a mi mente y solo sacudo la cabeza para despejar mis ideas y mantenerme lo suficientemente frio y no respingar con cada sonido que tuviera lugar a mi alrededor. Esta vez sí voy hasta el closet pero apenas y noto lo que extraigo de él, por suerte mi apariencia común no destacaba por ser muy cuidada ni mucho menos, así que una camiseta de colores básicos en cuello redondo y unos vaqueros estaban bien.

Vuelvo a la cama para calzarme las deportivas y pescar la sudadera con capucha que había usado el día anterior, pienso en hacer la cama pero no tengo ánimo así que dejo el revoltijo de cobijas tal y como está mientras intercambio las libretas en mi remendada mochila para cargar con lo necesario para el día. Ni si quiera me miro al espejo antes de salir, solo cuelgo el asa a mi hombro y me acerco a la puerta abriéndola de golpe. Mentalmente sé que intento no darle oportunidad a nada de que me sorprenda o que me haga jadear de miedo como la noche anterior.

Cuando bajo las escaleras compruebo mis sospechas anteriores encontrando a mi madre en la cocina, sentada a la mesa con el ordenador encendido y una taza de café humeante a su lado, en cuanto pongo un pie en el umbral de la puerta ella levanta la vista de forma asesina, pero no sé si la respuesta que espera se refiere a la cena que me he perdido anoche o al espectáculo nocturno que de seguro escucho la noche anterior venir de mi habitación.

— ¿No tienes algo que decir? — Ahí estaba. Voy directo al refrigerador y me inclino para tomar el embase de jugo que buscaba, no es hasta que cierro la puerta y voy a la alacena que me digo a responderle.

— No lo sé, más bien tengo que saber qué es lo que quieres escuchar — No solía hablarle en tercera persona, había sido petición de ella "para afianzar la confianza entre madre e hijos" pero claro, cuando las cosas subían de tono revocaba esa petición a su antojo.

— No me respondas así — bebe un sorbo de su café y se cruza de piernas mientras yo tomo un vaso de cristal y me sirvo algo de jugo, me rehusaba a terminar llegando a la universidad con el estomago totalmente vacío, eso me aseguraba que antes de dos horas ya estaría buscando cualquier porquería que comer.

— Ayer estaba cansado, no quería tomar tu sermón habitual y te aseguro que la comida tampoco era de mi antojo. Y lo de madrugada, bueno, supongo que se ha metido un gato o alguna cosa así, el alboroto no fue mi culpa — Un gato, por su puesto. Al menos sonaba convincente y espera evitar cualquier otra pregunta, bebo del vaso y voy a guardar el envase de jugo dándome cuenta de la expresión crispada de mi madre.

— ¿Lo de anoche? ¿A qué te refieres con lo de anoche? Saliste, oh mi dios ¡Te fugaste anoche! Por eso te saltaste la cena, ¡Fui una estúpida al confiar en ti Donovan! - Su pataleta dramática termina con su rostro hundido en sus manos en ademan de sollozar, giro los ojos y me abstengo de resoplar.

Debajo de la bruja©¡Lee esta historia GRATIS!