CARTA N.º 3 --- 19 DE NOVIEMBRE DE 2006

469 14 0

Querida Nikki:

Tan pronto como recibí tu carta hice que mi madre fuera a buscar Las aventuras de Huckleberry Finn a la biblioteca pública de Collingswood. Ansioso como estaba por dis- frutar una obra literaria con un final feliz, me leí el libro entero de una sola sentada, lo que supuso que me olvidara de ir a la cama dur- ante una noche. No sé si Tiffany te leería las partes de mi diario en las que hablo de mi amigo negro Danny, pero este libro le volver- ía loco, ya que Twain utiliza 215 veces la

463/625

palabra que empieza por «n». Esto lo sé porque después de leer los primeros capítu- los empecé de nuevo y llevé la cuenta. Cada vez que Twain utilizaba la palabra que empieza por «n» hacía una marca en un trozo de papel, y cuando acabé ¡había 215 marcas! Danny dice que solo la gente negra puede utilizar la palabra que empieza por «n», que es una especie de verdad universal hoy en día, por lo que me sorprende que la junta escolar te deje enseñar ese libro.

Pero el libro no me gustó mucho. Aunque Tom Sawyer debería haberle dicho a Jim que era libre enseguida, me alegré por Jim cuando al final de la novela se gana su liber- tad. Además, la forma en la que Huck y Jim se mantienen juntos durante las malas rachas me recuerda al modo en que Danny y Pat se apoyaban en el horrible lugar. Lo que de verdad me chocaba era cómo Huck seguía luchando con la idea de que Dios no quería que ayudara a Jim a escapar porque Jim era

464/625

un esclavo. Me di cuenta de que la gente tenía diferentes valores en aquella época, y que la Iglesia y el gobierno aprobaban la es- clavitud, pero Huck realmente me impre- sionó cuando dijo que si ayudar a Jim a ser libre significaba ir al infierno, iría al infierno.

Cuando leí tu carta lloré durante mucho tiempo. Sé que fui un mal marido, y no estoy cabreado por que me engañaras o me de- jaras, ni siquiera por que te volvieras a casar. Te mereces ser feliz. Y si estás casada ahora, volver conmigo sería un pecado, porque sig- nificaría que estamos cometiendo adulterio, incluso aunque sigo pensando en ti como mi esposa. Estos pensamientos me marean, ya que me hacen dar vueltas sin control, y hacen que quiera golpearme la frente con algo duro y abrir mi cicatriz, que me pica cada vez que estoy confuso o alterado. Utiliz- ando tu metáfora... desde que puedo re- cordar, he estado conduciendo por una autopista oscura, adelantando a coches

465/625

veloces. Todo lo demás ha sido una entrada en boxes: la familia, los Eagles, los bailes, mis entrenamientos. He estado conduciendo hacia ti todo el tiempo, deseando solo una cosa: reunirme contigo. Y ahora, finalmente, me doy cuenta de que estoy intentando cortejar a una mujer casada, y sé que es un pecado. Pero no creo que puedas entender lo duro que he trabajado para este final feliz. Estoy en forma, y ahora estoy practicando cómo ser amable en vez de correcto. No soy el hombre con el que estuviste casada todos aquellos años de soledad. Soy un hombre mejor. Un hombre que te llevaría a bailar y que dejaría por completo el deporte (en- trenar y los Eagles) si eso te hiciera feliz. Mi conciencia me dice que no debería continuar con estos sentimientos, pero el que me dijer- as que me leyera la novela de Twain me hizo pensar que quizá me estabas enviando una señal. Huck pensó que no debería ayudar a Jim a escapar, pero siguió a su corazón, 466/625

liberó a Jim, y esto fue lo que se convirtió en el final feliz. Así que, quizá de un modo in- directo, me estás diciendo que... ¿debería seguir a mi corazón? ¿Por qué otra razón ibas a recomendarme específicamente Las aventuras de Huckleberry Finn?

Además, todo el tiempo que pasamos juntos no fue malo. Puede que el final fuera tétrico, pero ¿recuerdas el principio? ¿Recuerdas la universidad? ¿Recuerdas cuando condujimos hasta Massachusetts en mitad de la noche? Era el viernes de después de los exámenes de mitad de trimestre y estábamos viendo uno de esos programas de viajes en la PBS porque ambos pensábamos que volveríamos a viajar después. Todos nuestros amigos se habían ido a la Casa del Fútbol Americano a una fiesta, pero nosotros nos quedamos jun- tos en el sofá de mi casa unifamiliar para una noche de vino y pizza. Estábamos viendo aquel programa sobre ballenas, viendo la costa de Martha's Vineyard, y me

Un Final Feliz(El Lado Bueno De Las Cosas) Mattew Quick¡Lee esta historia GRATIS!