Capítulo 8

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Fue como si el mundo se detuviera, nuestros ojos se conectaron y me sentí completamente intimidada. Caminó a paso firme hacia mí mientras yo bajaba la ventanilla.

-Sígueme, tenemos que hablar.

-Pero…

Me interrumpió.

-Vamos.

Tanto su voz como su mirada me indicaban que debía hacerle caso, volvió a su moto y antes de ponerse el casco dijo:

-Aún no es el momento.

No pude subir mi ventanilla porque Leah llegó a mí corriendo.

-De acuerdo, tal vez si no eres tan santa como los de tu especie. Cambia tu lenguaje, anímate a hablar con jerga y ten-me pasó una bolsa como las de zoológico-seguro que para soportar a Ax te hará falta, tiene mi número.

Dejé la bolsa en el asiento del copiloto, cerré la ventanilla y seguí a Alex, mi mente estaba hecha un lío y no es seguro manejar así. Llegamos a su casa que estaba más cerca y guardó la moto, me pidió que lo espere y cuando regresó me dio a elegir entre entrar a su casa y hablar en su cuarto o ir a comer algo.

-Eres Ax-fue todo lo que pude decir.

Me miró afligido, era obvio que el que le dijese eso no le gustaba para nada, tragó con fuerza y me pidió que cambiara de lugar. No rechisté, manejar con estos nervios provocaría un accidente seguro. Entró al auto y puso la radio, supongo que me llevaba a comer algo.

El ruido del motor se detuvo, y con ello la música, dejándonos en un completo silencio.

-Necesito que me digas en qué estás pensando.

-Eres Ax, eso es seguro pero qué significa-lo miré.

-Era yo, ya no.

-¿Y?

-No es una historia para contar en este momento, ¿qué hacías ahí?

-Es que… ¿cómo te enteraste?

-No estás respondiendo mi pregunta.

-Tú tampoco respondes las mías.

No estábamos llegando a ningún lugar, nos estábamos enojando sin sentido.

-¿Qué hay en la bolsa?-preguntó señalando la bolsa que me dio Leah.

La abrí y mis ojos saltaron de par en par, la dejé caer del susto. Alex fue lentamente acercando su mano pero me moví rápido para que no lo vea, de alguna forma me sentía culpable.

-Aline, ¿Qué hay en la bolsa?

-Ya sabes qué hay, Ax-pronuncié con desprecio su antiguo apodo.

Le dio un fuerte golpe al volante y me pidió que saliéramos para comer pero me negué, le pedí que me llevara a mi casa. En el estacionamiento, cerré la puerta con fuerza y me encaminé al ascensor. Alex corrió para alcanzarme y cuando las puertas se abrieron, puse mi brazo como barrera.

-Te dejo las llaves para que vuelvas a tu casa, quiero estar sola y pensar.

-Tenemos que hablar Aline.

-Entonces dime todo.

-Dejé todo eso hace mucho tiempo, ya no importa, eres quien más que conoce y a quien más quiero.

Sabía que podía fiarme de sus palabras, quería lanzarme a sus brazos y perdonarlo pero mi sed por tener que mostrar una mala actitud estaba activa desde que me junté con esos chicos en la cafetería.

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