-          ¡Llegue! – dije en cerrando la puerta tras de mí y mirando hacia dentro - ¿Antoniette? – no recibí respuesta - ¿Austin? – nada – Joder, ¿hay alguien? – dije mientras miraba hacia la cocina y entraba a los dormitorios, nada.

Me dirigí a la cocina, bingo, una… o más bien tres, notas en la nevera, las arranqué y leí una a una.

“_______,

Fuimos por comida, no alcanzará para ti, así que resígnate a morir de hambre.

James”

“_______,

Como te fuiste a engañarme, decidí hacer lo mismo.

Austin”

“_______,

Lo que realmente sucede, es que fuimos a comprar algunas cosas que faltaban, no creo que demoremos demasiado, porque son pocas ya que nuestra estancia aquí no se prolongará por mucho más,

Te quiero

Antoniette

PD: No vayas a creer la nota que te dejó el pelotudo de Austin, no es cierto, él va conmigo, si llega a propasarse con alguien, lo castraré por ti (;”

La posdata de Antoniette logró sacarme una sonrisa. Aclarada mi duda de por qué no había ni un alma aquí, decidí que lo mejor sería comenzar a empacar, ya que no tenía mucho tiempo y pretendía dejar todo reluciente antes de irme.

Entré al walk-in closet y tome un short de jeans alto y una camisa a cuadros negro con rojo. Me cambié y amarré mi cabello en un rodete desarmado, una vez lista salí y miré por el ventanal de la habitación. La vista era asombrosa, Los Ángeles al anochecer era fantástico.

Me mantuve admirando la privilegiada vista que tenía desde allí unos momentos para luego entrar de nuevo al walk-in closet y tomar algunas cajas desarmadas para comenzar a empacar.

Armé unas cuantas y decidí comenzar por las fotografías que habían dispersas en las repisas del cuarto.

La primera que tomé fue una foto de mi madre, se la había tomado yo en su cumpleaños cuarenta, se veía hermosa, radiante. Mis ojos comenzaron a aguarse por los recuerdos que vinieron a mi mente, además me vino un cargo de conciencia por dejarla sola y venirme a Los Ángeles, aunque ella tenía a su hermano muy cerca, aún así me sentí un poco culpable, ya que yo era su única familia directa. Pero me consolé al recordar lo que ella misma me había dicho antes de partir “No quiero ser yo quien te corte las alas” y yo lucharía también por ella, no me dejaría derribar por nada ni nadie, por mí y por mi madre sería fuerte.

Limpié esas lágrimas rebeldes que habían escapado sin permiso de mis ojos y puse el marco con la foto de mi madre dentro de la caja.

Luego encontré varias fotos de lugares en el mundo que pretendo visitar, Italia, Alemania, Eslovenia, etc. Me encontraba mirando una hermosa puesta de sol en Maui, cuando repentinamente sentí unos brazos rodear mi cintura decididamente y unos labios posarse en mi cuello repetidas veces, un escalofrío recorrió mi columna y luego con voz ronca dijeron a mi oído:

-          ¿Por qué tan sola?, ¿Te apetece algo de compañía?

-          Austin casi me matas – me giré

-          Lo siento – sonrió – fue inevitable

-          Ha ha, inevitable te diré yo cuando despiertes con la mitad de la cabeza rapada mañana en la mañana – abrió los ojos como platos y yo me largué a reír – No es cierto – dejé la foto en la caja y me volví a acercar a él, esta vez abrazándole por el cuello – Y, ¿Cómo te la pasaste con la perra con la que te fuiste a engañarme?, ¿eh?

Derecho a Tocar¡Lee esta historia GRATIS!