SEÑORITA MALHABLADA

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Estoy en el restaurante Crystal Lake con Tiffany, sentados en el mismo lugar que la última vez, tomándonos nuestra cajita de cereales con pasas y bebiendo té caliente. No hemos dicho ni una sola palabra mientras veníamos aquí, no hemos dicho nada mien- tras esperábamos un camarero y no decimos nada ahora, mientras esperamos que traigan la leche, el bol y los cereales. Empiezo a com- prender que tenemos una clase de amistad en la que no se necesitan muchas palabras.

Mientras observo cómo coge los cereales con la cuchara y se los mete en la boca, trato de decidir si quiero o no contarle lo que sucedió en el partido de los Eagles. Ya llevo dos días pensando en el niño que lloraba y se escon- día tras las piernas de su padre; me arrepi- ento mucho de haberle pegado al aficionado de los Giants. No se lo conté a mamá porque se habría disgustado. Mi padre no me habla desde que los Eagles perdieron contra los Gi- ants y no veré al doctor Cliff hasta el viernes.

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Además, empiezo a pensar que Tiffany es la única que me va a entender, puesto que ella tiene un problema similar y también estalla (como el día de la playa, cuando a Veronica se le escapó que Tiffany iba a terapia delante de mí).

Miro a Tiffany, que tiene los dos codos apoy- ados sobre la mesa. Lleva una camiseta negra que hace que su pelo parezca aún más oscuro. Lleva demasiado maquillaje, como siempre. Parece triste. Parece enfadada. Es distinta a todas las personas que conozco.

Ella no se pone una careta para ocultar sus sentimientos cuando sabe que está siendo observada. No se pone una careta cuando es- tá conmigo y eso me hace confiar en ella.

De repente Tiffany levanta la vista y me mira a los ojos.

---No estás comiendo.

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---Lo siento ---digo mirando los cereales.

---La gente pensará que soy una glotona si como mientras tú miras.

Así que meto la cuchara en el bol, pongo leche en el tazón y me llevo a la boca una pequeña cucharada de cereales.

Mastico.

Trago.

Tiffany asiente y luego vuelve a mirar por la ventana.

---Ayer pasó algo malo en el partido de los Eagles ---digo, e inmediatamente después deseo no haberlo dicho.

---No quiero saber nada de fútbol americano. ---Tiffany suspira---. Odio el fútbol americano.

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---Realmente esto no es sobre fútbol.

Ella sigue mirando por la ventana.

Yo también miro y confirmo que no hay nada interesante fuera, solamente coches aparca- dos. Continúo hablando.

---Le pegué a un hombre, incluso lo levanté del suelo; le pegué tan fuerte que pensé que lo había matado.

Ella me mira. Tiffany entorna los ojos y es- boza una especie de sonrisa, casi como si fuera a reírse.

---Y bien, ¿lo hiciste?

---¿Hacer el qué?

---Matar al hombre.

---No, no. Lo dejé inconsciente, pero luego se despertó.

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---¿Deberías haberlo matado? ---pregunta Tiffany.

---No lo sé ---digo sorprendido por la pregunta---. Quiero decir, ¡no! ¡Claro que no!

---Entonces ¿por qué le golpeaste tan fuerte?

Un Final Feliz(El Lado Bueno De Las Cosas) Mattew Quick¡Lee esta historia GRATIS!