Capítulo doce: Reencuentro.

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Dos de la mañana y no podía dormir. Llevaba días sin saber nada de Cristóbal, y me preocupé. La semana pasada ni siquiera asistió a la escuela, o al menos no lo vi. Me pesó no tener al menos su número, o saber dónde vive. Muchas veces intenté acercarme a su moreno amigo pero la vergüenza me invadía. Las animadoras de ultimo año, me intimidaban, ni siquiera me atrevía a pasar por su pasillo, el pasillo de los casilleros de preparatoria.

Joder.

En unas horas tendría que levantarme para asistir a clases y no había podido pegar el ojo en toda la noche. Maldito Cristóbal, ¿cómo me hace esto?

Me quedé observando la pantalla de mi teléfono hasta que la luz de este se fuera opacando y quedase en negro. Tocaba la pantalla y volvía a encender y así duré todo un rato.

La pantalla se apagó pero luego se encendió sola, anunciando que alguien me estaba llamando. Mi tono era algo fuerte, por eso no me demore en contestar, y así no despertar a nadie, no quería que nadie supiera que no estaba durmiendo.

-¿Hola?

-Natalia. ¿Qué haces despierta a esta hora?

-¿Qué haces llamando a esta hora?

-Bueno, no puedo dormir.

-Estoy igual.

-¿Tienes la tarea de química? -sonreí al recordar cómo me había sentado a hacerla sola, recordando todo lo que había aprendido. Cristóbal podría ser un buen profesor.

-Sí. -contesté con orgullo.

-¿Y eso, de quién te copiaste?

-¡No me copié! -me tapé la boca-. No me copié -susurré esta vez.

-No lo sé, Natt. No es que te guste mucho la química.

-Pues, tomé unas clases.

-¿Y entendiste? no me lo puedo creer, ¿quién es el gran mesías?

-Bueno, es..., Cristóbal Pettit. -Luciana se quedó en silencio por un momento y luego gritó tan fuerte que tuve que alejar mi teléfono de mi oído.

-¡No me lo creo!

-Pues explica muy bien.

-Que va, sólo lo dices porque le tienes ganas. Le entendiste sólo porque está bueno.

-¡Lú!

-Niégalo.

-Eso no es cierto, sólo que tiene una muy buena y diferente forma de enseñar.

-¿Es bueno en la cama?

-¡Lú!

-Sabes que sólo molesto, yo... -dejó de hablar un momento-. Espera un momento, mamá me llama.

-Está bien.

¿Qué haces despierta a esta hora, mamá?... No es nada... Con Natalia... Hmmm... Ya, está bien.

-Oye, Natalia -volvió al teléfono-, hablamos en la escuela, ¿sí? mamá quiere que me acueste ya, dice que la desperté con el grito.

Reí.

-Está bien, Lú. -colgué y el sueño me invadió.

¿Y si va a la escuela? ¿Qué le diría cuando lo viera? Me emocionaba la idea de volverlo a ver, y eso en verdad me molestaba también.

Cerré mis ojos y dormí.

Cuando mi padre abrió mi puerta para levantarme, se acercó hasta mis cortinas y las abrió, dando paso a la luz del sol para quemar mis ojos. Podría llegar a ser literal. Hoy el sol era radiante.

Acostumbré mis ojos a la luz y contemplé el cielo desde mi ventana. Estaba despejado y todo colorido. Era un buen día. Dicen que en los buenos días, pasan cosas buenas. No soy de las que cree en eso pero hoy tenía buen humor. Quizás no era el día sino mi esperanza por ver de nuevo a Cristóbal. Y no sólo eso, sino que sentía que hoy iba a ser un buen día e iban a pasar cosas buenas.

Salí del cuarto de baño y me puse mi uniforme.

Cuando llegué a la escuela, a la primera que encontré en la entrada fue a Luciana peleando con la maestra. No sabía porqué lo hacían, pero era normal encontrarla en esas.

-Buenos días, maestra. -dije cuando me acerqué.

-Buenos días, Natalia.

-¿Ocurre algo?

-No me deja pasar. -habló Luciana irritada.

-Ya le dije que se quite eso.

-¡No estamos en clase!

-¡Está prohibido!

-Luciana ya se los va a quitar, ¿no es verdad, Lú? -dije yo, dándole un codazo.

-No, no lo haré.

-Lú... -bufó y resignada, se sacó los cascos.

-Ahora si puede pasar, Sarcre. -Se hizo a un lado y Luciana se fue hecha furia de allí conmigo detrás sin antes disculparme con la maestra por su actitud.

-¡Lú!

Me ignora.

-¡Lú! -le vuelvo a llamar pero ella no voltea-. ¡Luciana!

-¿¡Qué?! -se da la vuelta y yo freno drásticamente para así no chocarnos.

-¿Qué te pasa?

-¿Por qué siempre tienes que hacer de buena niña, de muy cortés y educada? yo puedo solucionar mis problemas a mi manera.

-Sólo te estaba ayudando. Amas esos cascos, estas buscando que te los quiten.

-Será mi problema.

-¿¡Qué carajos te pasa hoy, Luciana?! -su rostro se suavizó y suspiró.

-Lo siento, Natalia. No sé que me pasó. -tomé una bocada de aire y me tranquilicé.

-Ya no importa. -le sonreí y me fijé más allá de ella.

Luciana vio como mis ojos se iluminaron, se volvió hacia atrás y me miró pícara.

-Pero no te gusta para nada. -dice burlona.

Lo observé. Tenía ojeras y se veía triste y decaído. Levantó su mirada y nuestros ojos se conectaron. Sus ojos brillaron y disimuló una sonrisa. Yo no.

Corrí hacia Cristóbal, él hizo lo mismo. Nuestro encuentro se hacía cada vez más lejano, aunque solo nos encontrábamos a metros uno del otro. Esquivando a la gente que al pasar se indignaba ya que no me daba tiempo de disculparme, nos acercábamos.

Chocamos y torpemente, al frente de todos, nos abrazamos. Para cualquier otra persona, hubiera sido penoso, ya que sí lo fue, pero nuestra burbuja se volvió a inflar cuando nos tocamos de nuevo. Él se carcajeaba a mi pido y lo mismo hacía yo. Las personas nos miraban incrédulas y curiosas, pero a nosotros sólo nos importaba esto.

-Te eché de menos, Natalia. -dice a mi oído.

The twilight of our love (Re Editando)¡Lee esta historia GRATIS!