Descansa, preciosa.-

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Capítulo 4. (Descansa, preciosa).

¿Estaba alucinando yo o realmente eran tan sumamente iguales?

- ¡Cariño!.-gritó mi prima abalanzandose sobre mí.- ¡Vaya lo que has crecido! Estas echa toda una mujer

- Silvia por Dios, calla -le dije entre risas aunque me estaba muriendo de vergüenza al ver que los dos chicos idénticos que había visto se estaban riendo.

Los dos chicos que había visto salieron a ayudar a Jose con las maletas ya que el pobre llevaba la suya y la mía y la mía no es que pesara poco la verdad.. Dejaron las maletas en una esquina del pasillo junto a las escaleras que daban al piso de arriba.

- ¡Hola me llamo Jesús! -dijo uno de ellos.

- Y yo soy Daniel.- dijo el otro.- Encantado guapetona.

- Yo me llamo Marta, encantada.

Ambos me dieron dos besos. Espera, espera, ¿uno de ellos me acababa de llamar guapetona? Me acababan de decir sus nombres y ya se me había olvidado cual era cual. Estaba claro que me iba a costar diferenciarlos y tenía que buscar algo que consiguiera hacerme saber cuál era cuál.

Mi prima Silvia me había comentado que los padres de los gemelos estaban trabajando y que por eso no estaban en casa.

- Venga enanos, ayudar a la guapa de mi prima a instalarse, que no va a subir la maleta ella sola

No hizo falta que Silvia lo dijera otra vez porque no había casi acabado la frase y estaba los dos peleándose para ver quién subía la maleta puesto que ambos querían ser caballerosos. Al final quien subió la maleta, si no me equivoco, fue Dani.

- Ven Marta- me dijo Jesús- Tu habitación está justo al lado de la nuestra, aquí está el baño- dijo señalandolo cuando llegamos al primer piso- aunque en tu habitación hay uno propio, puedes usar el que más te guste.

- ¿Te dejo la maleta aquí o te la meto en la habitación Marta? - dijo Dani.

- Gracias. Déjala aquí mismo. Ya puedo meterla yo

- Mira que eres poco caballeroso con ella eh. No hay que preguntar nada Dani, hay que coger la maleta -comentó cogiendola y como si le estuviera explicando a su hermano como se hacía algo- y se mete en la habitación y la tumbas encima de la cama para que ella la abra y guarde sus cosas a su gusto. ¿Ves? Así.

- ¿Tú te crees que soy tonto y no sé hacer eso o qué?

- Aveces los pareces. Yo el guapo y listo de los dos, tu el feo y tonto de los dos -dijo entre risas Jesús.

Yo mientras discutían les observaba intentando aguantarme la risa hasta que no pude más y estalle en una carcajada que hasta mis primos que estaban abajo tuvieron que enterarse.

Ambos me miraron.

- Bueno Marta, perdonale al pobre. Es que cuando ve a una chica guapa como tú se flipa un poco y luego queda peor - dijo Dani. Sí, sabía fijo que era Dani porque llevaban una pulsera los dos pero de distinto color. Dani roja y Jesús azul.

- No pasa nada, tranquilos-me reí.

Me dejaron sola y comencé a investigar la que sería por una semana mi nueva habitación. Era muy guapa la verdad. Nada más entrar está la cama (bastante grande por cierto) con sus dos mesitas, a la derecha había un gran armario blanco y a la izquierda un escritorio el cual tenía encima un corcho con fotos. Me acerqué a él y pude ver que todas las fotos que había eran de Jesús y Dani. Había una en la que Jesús estaba dándole un beso en la mejilla a una chica morena y alta, muy guapa.

Guardé la ropa en mi armario y baje abajo, donde estaban los gemelos pero no había rastro de mis primos. Me puse a mirar a todos lados a ver si los encontraba pero nada.

- Se han ido a dar una vuelta.- me dijo Jesús- Dijeron que alomejor no cenaban en casa porque cenarian por ahí solos.

- Normal, hace dos meses o así que no se ven. Pero bueno, vendrán vuestros padres. -les dije

- No. Los Viernes siempre cenan con sus jefes. Así que nos quedamos solos en casa.

No era mala idea eso de quedarnos solos en casa. Había congeniado muy bien con los gemelos y me encantaba estar con ellos, así que no había problema alguno en quedarme a solas con ellos. Estaba muerta del viaje, que aunque tampoco fuera tan largo, había madrugado ese día para ir a por las notas y estaba derrotada. Estuvimos hablando de todo un poco y me dijeron que me fuera a descansar, que ellos se pondrían a ver la tele un poco y mañana iríamos a dar una vuelta. Le di dos besos a los dos.

- Descansa preciosa -me susurro Jesús al oído.

Sonreí y a la vez me sonroje. Que guapo y encantador era este chico. Espera Marta, ¿te gustaba Jesús? No podía ser. Lo acabas de conocer. No no, es imposible. Y con esta duda, me fui a descansar. O bueno, al menos a intentarlo puesto que hubo alguien que no me dejó hacerlo.

Esto sólo es el comienzo (Jesús y Daniel)¡Lee esta historia GRATIS!