Cuarenta

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Entonces la lluvia regresó con más fuerza.

Casi no lo sentimos al principio. Pero, luego de un momento, fue evidente.

—¡Salva la manta!—grité riendo.

Él se puso en pie y tomó la manta.

—Parece que la madre naturaleza se empeñó en arruinar nuestro momento—dijo sonriendo mientras sacudía su cabello para secarlo.

Me acerqué a mi ventana y me preparé para entrar.

—¿Sabes que siempre quise un beso bajo la lluvia?—pregunté.

—¿Ah, si?—preguntó acercándose a mi y estampandome cortos besos.

—Sí—respondí riendo—Hay que entrar ya.

Una vez dentro, cerré la ventana y fui al baño por algunas toallas.

—¡Iré por otra pizza!—avisó él.

Tomé mi celular y revisé mis notificaciones. Algunos likes en Instagram, Retweets, Candy Crush...

—Uhm, ¿Conor?

Bajaba las escaleras con una toalla frotando mi cabello y sin haber quitado la mirada de mi celular.

—¿Qué pasa?—preguntó acercándose a mi.

—Son casi las diez.

—¿Qué?—preguntó extrañado, tomando mi celular para confirmarlo.—No puedo salir con esta lluvia.

—Podrías tomar un taxi—sugerí.

—Es peligroso—dijo él—Además, pasa que realmente quiero quedarme contigo.

—¿Entonces? ¿Cuál es tu plan?—pregunté—¿Quedarte aquí hasta que la lluvia pare?

—De hecho...—respondió alejándose, como quien teme la reacción de la otra persona—Pensaba quedarme hasta mañana.

Arquée las cejas.

—¿Y de dónde sacaste esa idea, eh?

—Ágnes, ¡Por favor!—exclamó—lo que menos quiero ahora es ir a casa.

—¿No crees que tu madre se preocupará? ¿Y Sophie?

—No si aviso que me quedaré a dormir con alguien más.

—¿Con quién? ¿Tu novia?

—Qué bien suena cuando tú lo dices.

—Conor...

—Oye, está bien—dijo acercándose a mi—Le diré que me quedaré en casa de alguno de mis amigos. Por favor. Será sólo esta noche. ¿Por favor?

Reí.

—Pareces un niño rogándole a su mamá que duerma con él.

—Es prácticamente lo que estoy haciendo—dijo sonriendo.

Medité un segundo.

—Bien—respondí—Pero si te dice que no, es no. Será sólo esta noche. Llama ahora.

Di media vuelta para evitar su sonrisa de triunfo y me dirigí a las escaleras.

—Y me tratarás como a tu madre, no como a tu novia—agregué.

—¡Claro, mamá!

Subí a mi habitación aún un poco molesta por la situación. No me molestaba que se quedara,—al fin y al cabo, no era gran cosa. Ambos sabíamos que no pasaría nada.—lo que realmente me molestaba era lo seguro que se veía, y lo fácil que fue para él sacarme un "sí". No quería llevar una relación en que él pusiera las reglas y yo aceptara los términos y condiciones.

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