“¡Ya estoy harta! —Gritaba a la vez que presionaba con fuerza las teclas de su laptop —no sé quién seas, ni cómo te metiste en mi computadora —escribía en una nota en su escritorio —y la verdad no me interesa. Has lo que quieras con tus chismes de porquería, maldita y sucia zorraaaa —terminaba de escribir y por un momento se sintió tan feliz —eso es ya estoy hasta la coronilla. Si todo ha de saberse que se sepa”

            No terminó de respirar contenta cuando una nueva nota se formaba ahí en su pantalla.

            “No quiero estresarte, tampoco pienso hacer nada contra ti, es solo curiosidad. ¿Qué escondes Elisa Lubensky? Debo decir que estoy interesada en tu amiga Amy nada más. Por cierto soy Scarlett la amiga de Liam, acúsame de Hacker si así lo deseas”

            “Ahg a mala hora Liam se hizo amigo de esa loca —Elisa se rascaba la cabeza y estaba decidida a tomar su celular y llamar a Liam para que calmara a su y que amiga, pero la palabra Hacker no se borraba de su mente —de seguro sus talentos y su blog me ayuden mucho”

            Ya con una nueva idea en mente escribía otra nota, una que llamó mucho la atención de Scarlett “Bueno a falta de emociones en mi vida bien podría trabajar con la pesada de Elisa”.

           

            Era un día especial para Ian, aunque no es que lo celebrara como cuando era un niño. A medida que uno crece cumplir años sea hace menos emocionante. Ese día pocos se había acordado de él. Todo en los medios sociales era hablar sobre cómo fue lanzado al suelo y como gritaba ese “Te amo Vanessa” cada vez que lo veía se sentía avergonzado, aunque a la vez no le molestaba que todos supieran lo que sentía su corazón. Se suponía que como nuevo empresario debía ir a trabajar, pero pese a lo molesto que se pusiera su padre decidió que no iría a ningún lado. Solo el mensaje de una persona le hacía falta, solo un regalo era el que esperaba con ansías. En otros años Vanessa habría estado esperando desde algún lugar en áfrica a llegar a las 12 am en la hora de Chicago para ser la primera en desearle un feliz cumpleaños, habría arreglado todo desde allá para que sin importar el costo Ian recibiera su regalo a primera hora de la mañana. Como pago ella nunca recibió un mensaje de agradecimiento, quizás tan solo supo por el correo que sus regalos fueron recibidos. Pero como siempre Ian leía su extenso mensaje de cumpleaños con una sonrisa en la boca y era el niño más feliz abriendo su regalo, a veces rápidamente y otras de forma lenta para que perdurará más la emoción. Siempre los regalos iban a aquel closet en su cuarto, en donde los aglomeraba y los veneraba. Los regalos variaban desde colonias, ropas, zapatos, y cualquier cosa de África, relojes, videos juegos, películas. Vanessa siempre sabía ingeniárselas y gracias a ella él poseía una buena colección de relojes Rolex.

            Pero para cada cumpleaños de Vanessa, Ian se sentaba en la computadora y comenzaba a escribir un mail, tecleaba varias palabras que a la final terminaba borrando, incluso compraba un regalo que nunca terminaba enviando y que acababa aglomerado en alguna parte de su closet. La vez que su mamá se metió en su closet para sacar uno de esos regalos y dárselo a una amiga, porque no tenía tiempo para comprar nada más, Ian se puso tan furioso que su mamá termino desistiendo y saliendo despavorida de su cuarto, algunas veces pensó si su hijo no era Gay y jugaba con esas cosas en las noches. Ideas que no la dejaban dormir año tras año.

Envenenado de ti¡Lee esta historia GRATIS!