Sentía que mi corazón era hecho polvo y barrido hasta terminar en una cubeta de basura. Lo habían matado tan cruelmente, sin siquiera permitirme despedir de él y ahora ya no podría ni siquiera ir donde su cuerpo muerto y abrazarle, no había valor en mí y no tenía derecho de hacerlo luego de haber recaído por Jason. No le había dicho cuanto le amaba, ni siquiera que jamás le olvidaría, ni a él, sus besos o sus dulces caricias. Él era mi vida y ahora era más que eso, era mi recuerdo más presiciado.

No tenía porque irse tan luego, no tenía porque dejarme... No habían razones más que el odio de otra persona. ¿Y qué sería ahora de mi vida? ¿Que podía esperar? ¿Ir a la universidad, graduarme, seguir adelante? No, no podría hacerlo si es que me sentiría tan vacía sin él. ¿Y qué esperaba mi corazon? Estar de luto porque ahora era una mujer viuda, sola y sin su único amor. Ni drew, ni Jason, ni matt podrian volver a encender esa llama del amor porque esta se había apagado justo el momento de que aquellos disparos concluyeron.

Sentía todo mi cuerpo desfallecer y el silencio en el lugar calaba mis huesos. No quería mirar y no la haría hasta que sacasen su cuerpo. Dolía pensar que a tan solo unos metros yacía el cuerpo de Aaron muerto. Mi Aaron.

Mi desesperado sollozo me ahogaba y lo único que esperaba de este era que me mátase de una vez por todas. Morir ahogada por mi llanto sería mucho más digno que hacerlo en manos de Micke.

-dios mío Micke, creo que nunca vas a entender que en veinticuatro horas no su puede matar a alguien de forma cruel.

Su voz, áspera y asquerosa, la conocía. Colutti.

-¡joder papá! -gruñó Micke -¡no te metas en mis asuntos.

-tu has pedido mi ayuda Mickesito y si no sabes pensar al menos lo haré yo, además, ¿qué es eso de darle significados a los disparos? Esto no es Hollywood o Las Vegas Micke.

Sentía como Micke gruñía y maldecía repetidas veces.

-¡ya van ocho guardias en menos de un día! -habló molesto.

¿Ocho gua...? Esperen, ¿ocho?. Dos hace un día y... ¿Seis ahora?. Rebobiné hasta el momento de los disparos y conté. Claramente habían seis mastodontes junto a Aaron golpeándole y luego escuché seis disparos, no cinco como les había señalado Micke. Y ¿si no hay un cuerpo muerto si no que seis pero ninguno de ellos era el de Aaron?. Una rara sensación de alegría invadió mi cuerpo, como si estuviese renaciendo... No, no, no, como si mi corazón estuviese siendo pegado y el maldito nudo en la boca de mis estomago desecho. Como una nueva oportunidad.

Levanté mi cabeza lentamente. Este era uno de esos momento cruciales donde se debate la vida o la muerte, en mi caso, la felicidad o mi desdicha infinita. Estaba más nerviosa que cuando por primera vez entre a la escuela o cuando me monté en mi bicicleta sin saber usarla o como cuando sabes que en unos segundo más sabrás que será de tu vida. Esas mariposas, rinocerontes, dinosaurios, serpientes, Águilas, ¡todo el reino animal se agitaban en mi estomago!. ¿Pero realmente quería saber lo que había ahí?

Si... Si que quería.

Y levanté de golpe. Mi mejor decisión, al fin pude respirar y es que justo nuestras miradas se unieron y se hicieron una sola. Nada importaba, ni Micke, ni Colutti... Sólo él y yo. Me levanté rápidamente, no sé como lo hice pero en sólo segundos atravesé los al menos veinte metros que nos separaban, esquivé o me zafé (realmente no me acordaba ya que toda había sucedido tan rápido) del agarre de un estupefacto y quizá molesto Micke. Salté entre los cuerpos ya muertos de aquellos hombres y la parte mas fría de mi ser se alegraba de verlos así, muerto, porque ellos iban a matar a Aaron sin siquiera pensar un poco. Como dice papá, las cosas en esta vida se pagan, antes o después. Estaba de espaldas en el piso quejándose y tratando de hacer algo por si mismo. Me senté a horcajadas pero sin tocar su cuerpo ya que sabía que podría lastimarle y era lo menos que quería. Tomé su malherida cara con mucho cuidado, joder, no había parte de él que no tuviese sangre. Le sonreí, me sonrió y entendí por su mirada que necesitaba tanto un beso como yo lo necesitaba también.

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