Capítulo 56: Momentos habidos y por haber.

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Día siguiente.

7.45 AM.

El teléfono no dejaba de sonar y nadie se dignaba a apagarlo, así que no tuve más remedio que hacerlo yo. Espera, ¿por qué iban a apagar mi teléfono móvil cuando llaman siendo mío? Era una estúpida tontería. Cabreado, agarré el móvil y contesté lo que parecía ser una llamada ; llevé el aparato a mi oído y escuché al otro lado una voz femenina algo enajenada.

-¿Qué coño pasa?.- Pregunté de mala manera, aún con la voz ronca. Consecuencia de acabar de despertarme.

-¿Samuel? ¿Donde estás? Llevo quince minutos frente a la puerta de tu casa.- Gruñó Vanessa al otro lado, provocando que abriera los ojos como platos.

-¡Vanessa! Lo siento me he dormido..- Respondí a la vez que me levantaba a toda prisa, caminando hasta el armario. Vanessa se rió al otro lado.

-No te preocupes.. ¿Tardarás mucho?.- Preguntó en cuanto dejó de reírse.

-No, no.. Déjame vestirme y ya salgo.- Respondí apresurado, colgando y tirando el teléfono a la cama ocupada por Chris. Hoy había vuelto a dormir en mi habitación ya que Lucy se antojó de dormir con Benji y bueno, soy incapaz de resistirme a esa niña tan adorable cuando me pide por favor que le deje dormir con su hermano.

-¿Qué pasa?.- Murmuró  Chris al notar el impacto de mi teléfono con su cuerpo, revolviéndose en la cama hasta quedar boca abajo con la cabeza metida bajo la almohada.

-Nada, tú sigue durmiendo que puedes..- Gruñí tras haber cogido la ropa, saliendo de la habitación. La noche anterior, como era obvio, nos habíamos quedado hasta tarde jugando a la consola, bebiendo y fumando. Sí, soy un irresponsable pero una noche así le viene bien a cualquiera. Salí de la habitación y, corriendo, fui hasta el baño. Una vez allí me desvestí y me puse los calzoncillos limpios que había cogido ; eché el pijama y la ropa interior a lavar y me miré al espejo. Menudas ojeras tenía, suficientes para parar un tren. Abrí el agua y acumulé un poco con mis dos manos, echándomela después en la cara para despejarme un poco. Solté un suspiro y me vestí con los pantalones ajustados negro azulado, la camiseta - jersey de color gris con la palabra y las vans de color negro. Revolví un poco mi pelo y salí del baño a toda prisa, volviendo hacia mi habitación ; cogí el paquete de tabaco en la mesilla y el móvil, el que encontré tras palpar toda la cama y cuerpo de Chris. Guarde ambas cosas en el bolsillo trasero y caminé hasta las escaleras, las bajé a toda prisa y finalmente salí por la puerta principal.

-Lo siento, lo siento.- Exclamé al ver a Vanessa apoyada sobre un lateral de su coche, mirando hacia su al rededor mientras se fumaba un cigarro de color rosa, cosa que me pareció bastante extraña.

-No te preocupes.- Respondió mientras esbozaba una gran sonrisa en sus labios, tirando el cigarrillo al suelo para después pisarlo.- Ya mucho has ganado no durmiéndote los primeros días, que suelen ser los más frecuentes..- Respondió mientras me saludaba con un pequeño abrazo que correspondí levemente. Asentí con la cabeza y me monté en el coche, respirando hondo para recuperar un poco toda la respiración que perdí vistiéndome y todo a toda prisa. Menuda forma de empezar el día..

11.00 AM

La mañana pintaba bastante bien. Había ambiente en el bar, no uno de esos ambientes en los que no te puedes parar ni un segundo pero sí en los que hay bastante gente, toda atendida y en el que puedes descansar. Aunque en un bar, el poder descansar mucho tiempo seguido te llevaba al extremo de aburrirte de una manera increíble. Vanessa y yo nos apoyamos sobre uno de los refrigeradores en el que guardábamos algunas de las bebidas y comenzamos a charlar de como había ido la mañana y de muchas cosas más hasta que por suerte, un cliente entró. Cuando giré la cabeza para ver cómo era o si lo conocía, observé a Vanessa saliendo de la barra, caminando hacia una de las mesas más cercanas a la puerta en la que una chica de cabello color negro se sentó. Solté un pequeño suspiro y llevé mi atención a un periódico abierto que había en la barra. No era de leer periódicos, pero una ojeadita por aburrimiento nunca faltaba, o al menos desde que trabajaba. Vanessa interrumpió mi debate mental sobre una noticia que había leído en esa página del periódico. Tanto tenía que interesarme, que en cuanto Vanessa me distrajo ya ni recordaba lo que había leído.

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