Semana 6.

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Vale, os permito que me matéis y me hagáis sufrir, pero de aquí hasta terminar los finales, van a ser así de cortas porque mi tiempo se límita a cero. Lo he pasado muy mal porque no me gusta que se quede así de corto, ni siquiera he podido repasar las faltas, pero bueno, espero que os guste. Recordad: Comentad y votad, quiero saber vuestras opiniones. 

Esta semana solo quiero hablar de tres temas, y son: La afición por el fútbol, mis amistades con chicos y el segundo mejor día de mi vida.

Para comenzar, es terrible ver como poco a poco la humanidad se va desmoronando, se destroza poco a poco, y lo peor de todo es que nadie puede hacer nada porque tienen a todo el mundo controlado, pero afortunadamente hay personas que no estamos así. La industria del futbol tiene controlada a toda la Tierra, y está dejando que las personas apartemos las prioridades a un segundo plano y que lo principal sea el fútbol. Y es lamentable ver como se le puede prestar más atención a doce personas tras un balón de futbol que, a todo lo que nos rodea, la vida misma, el paso del tiempo, todo. Comenzamos a dejar de ver más allá que un campo de futbol nos deja.

Tenemos que ser más inteligente que los superiores, los que desean que sigamos dentro de ese bucle, esa hipnosis, y nosotros, entre todos tenemos que ayudarnos para poder arreglar los desastres que estamos creando, debemos de parar ya, aquí y ahora. La vida va más allá que un balón, la vida va más allá que una portería y doce jugadores, pero la vida no podrá seguir avanzando si nosotros no vamos con ella.

¿Pero queréis saber qué es lo peor? Que por culpa de esa rivalidad entre equipos, las personas peleamos, discutimos, y hacemos cosas con nuestros amigos, hacemos cosas y decimos cosas que nuestro corazón lo niega, pero es la mente la que controla nuestro actos involuntarios, y esos actos nos pasan factura. Tenemos que pararles, que no nos controlen más, ni a nosotros ni nuestras vidas, somos propietarios de nosotros mismos y eso nadie lo puede cambiar por mucho poder que tenga en su mano.

El siguiente tema es un bastante personal, es algo que me sucede a mí y que me gustaría exponerlo porque es una sensación que por mucho que intente apartarla siempre está allí, y no sé si es por mi bien común o no.

Durante toda mi vida, siempre ha habido personas que han querido que me hunda, siempre ha habido personas que estaban para criticarme, ha habido personas que solo querían que estuviera mal, y todavía las hay. Mayoritariamente, esas personas que solo me critican, me humillan, quieren que me venga abajo son chicos, y por culpa de eso actualmente yo soy incapaz de hacer amistades con chicos, ¿por qué? No sé, porque esto no tiene un significado concreto, ni sentido, soy una persona muy abierta y hago amigos por todos lados, pero cuando tengo que hacerme amigo de algún chico soy muy cerrado y nunca me fío porque siempre que alguna vez he dado un poco de mí a alguno siempre he acabado criticado o humillado por él, y he llegado a un punto en que no puedo ser como soy con chicos porque no confío en ninguno. Y la gente me pregunta, ¿por qué no tienes amigos chicos? Y yo les contesto, “porque todos los que tuve han acabado fallándome de la misma manera”, y soy insuficiente para relacionarme con ellos, por eso con chicas me siento mejor, pero no por nada sino porque ellas no juzgan y son maduras, quizás soy demasiado maduro para ellos, no sé, debe de haber algo que haga que no pueda estar. Pero eso no quiere decir que no tenga ninguno, obviamente tengo, pero se pueden contar con los dedos de una mano y creo que me sobran, porque amigos chicos tengo, pero realmente en el fondo me escasean.

Estoy harto de que me juzguen por ir con personas se mi sexo opuesto, estoy harto de que personas de mi mismo sexo no sepan valorarme por lo que realmente valgo y no por las apariencias, pero por lo que más harto estoy es por mí, por no poder abrirme y todo ese resultado hace que para que algún chico se gane mi confianza, deba hacer mucho.

Y finalmente, voy a explicar el segundo mejor día de mi vida, cuándo conocí a unos de mis ídolos, a The Vamps.

¿Sabéis esa sensación cuándo estás a punto de ver a alguien que llevas esperando hace mucho tiempo pero no podías y al fin vas a tenerlo a tu frente? Es una de las mejores sensaciones del mundo, esperar infinitamente, esforzarte como nunca para poder verlos, luchar, luchar por estar con ellos simplemente cinco minutos. ¿Pero sabéis qué? Esos cinco minutos, fueron los mejores minutos de mi vida y nadie me lo puede quitar, porque aún me tiemblan los dedos al pensar en ese momento, aún recuerdo la sensación, su voz diciendo “Hi, Barcelona”, sus sonrisas, yo con una felicidad extrema y mi sonrisa más grande que de la he podido sacar en mucho tiempo.

Ese momento en que dicen “¡y ahora actuarán The Vamps!” y siento como si mi corazón dejara de latir, la sangre de mi cuerpo deja de fluir, se me acelera la respiración, todo lo de mi alrededor se limita a cuatro personas, y luego, ya está, todo lo que he esperado, día sí y día también apoyándolos ha dado su fruto, y lo mejor es ver que tanto ellos como tú, estáis disfrutando cada segundo. Quizás no esté desde el principio de su existencia con ellos, quizás no sepa su vida entera, quizás muchas cosas que no sepa de ellos, pero sí hay algo que no pueden reprocharme y es que por muy tarde que llegué, les quiero y les apoyo y me da igual las opiniones. Llevo dos meses luchando por ello y por todo y a su lado, y no seré el más fan de todos, pero soy real. Y siempre, de aquí hasta que el futuro lo deparé, estaré a su lado, y seguiré cada paso que hagan, desde la otra punta del mundo cada día les mandaré mis apoyos.

Pero luego, cuando todo termina, ya han cantado y bajan del escenario, te das cuenta que ya se han ido y que no sabes cuándo volverás a verlo, pero que los esperarás y todo ese tiempo lo reservarás para el momento que nos volvamos a ver. Y es que la vida con tu ídolo es esa, tu luchas por verle, lo haces, disfrutas, le demuestras todo, y cuando se va, le juras que la próxima vez lo harás mucho mejor.

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