25. ¿Puedo olvidarte?  

Cogí aire y salí disparada de la cafetería. El hombre se había ido hacía escasos minutos, y Harry se encontraba pasando sus manos rápidamente por su rostro, como casi siempre que estaba agobiado, hacía.

Quizás la mejor opción hubiese sido salir por la puerta por donde salió Niall, y que él no me hubiese visto, pero sin embargo yo, decidí armarme de valor y hacer caso a mi intuición.

El chico continuaba con sus manos en el rostro y no veía que me iba acercando a él.

A medida que daba un paso, pensaba en cómo comenzar la conversación. Ahora mis ideas estaban entrelazadas, y quizás el miedo también empezaba a florecer.

¿Quién era él?

Si algo tenía que tener claro era de que debía de estar segura de cada decisión que tomase.

¿Le decía que sabía quién era el hombre con quien hablaba? ¿Le preguntaba directamente quién era?

Pero, sabía que me respondería: Es un secreto.

Mi ingenió pareció salir a flote. O quizás fue mi intuición la que me dijo que debía de actuar con naturaleza.

La angustia estaba claro que habitaba en mí. Ya no era solo la curiosidad que yo misma tenía por saber con quién estaba compartiendo parte de mi tiempo, sino la amenaza clara de Niall de contarle todo a Harry como no adivinase de quién se trataba.

Era todo un cumulo de cosas que no dejaban que mi mente se calmase.

Pero, simplemente, decidí ser espontánea.

—¡Harry! – Exclamé.

El chico quitó sus manos de su rostro y me miró, sorprendido. Frunció el ceño y sacudió un poco la cabeza, incrédulo.

—¿Qué haces aquí, Abbie?

—Estudio a metros de aquí. Salí a tomar un café.

Los ojos de Harry pestañeaban muy rápido. Estaba nervioso, demasiado. Como aquel día que casi le rompí el móvil en el pub. Como cuando hablaba por teléfono.

Algo en mi mente se alarmó: Quizás las llamadas y el hombre del abrigo negro tuviesen algo que ver, pues la reacción de Harry estaba siendo idéntica.

—G-genial- Balbuceó.

—¿Estás bien? Te noto nervioso.

—Estoy bien.

—¿Quieres que comamos juntos, que cenemos?

—Hoy no puedo, Abbie. Lo siento.

—¿Por qué?

—Tengo trabajo que hacer con Robert. Es importante.

—Que yo sepa el proyecto más importante que lleváis es con mi tienda, y no hay nada nuevo.

—Te he dicho que no puedo.

La reacción de Harry me recordó a la de los días que simplemente compartíamos vivencias comerciales. Aquellos días donde entre él y yo solo había miradas y mordidas de labios ansiosos de probarnos mutuamente.

Pero si algo diferenciaba esta situación, es que yo seguía teniéndole ganas. Él a mí, por su mirada, parecía que no.

—¿Qué diablos te pasa? – Exclamé.

—Nada, Abbie. No me apetece ver a nadie. Vete, por favor.

—¿Qué mosca te ha picado, Styles? Ayer mismo me dijiste que me querías, y hoy quieres que me vaya.

—¡Vete! – Gritó.

Mi gesto fue de decepción mezclado con sorpresa. Mis pasos iban descendiéndose hacia atrás.

Harry no me dirigió ni una sola mirada y se metió en su Audi, sin preguntarme si me llevaba a algún sitio, sin encargarse de hacerlo, como de costumbre.

¿Niall le habría contado algo a Harry? Negué con la cabeza mientras andaba en dirección opuesta a la que el coche del chico eligió.

Otra nueva pregunta, otra nueva búsqueda de respuesta.

Mi vida estaba siendo demasiado ajetreada, y solo por culpa de unos ojos verdes perla, que me enloquecían incluso enamoraban.

Todo por culpa de él.

***

Ya era de noche. Aparqué el mini en el parking donde lo situé la anterior vez. Mis ojos vidriosos y mi respiración entrecortándose por los sollozos que desprendía mi interior.

Mis dedos de nuevo buscaron el número de Harry. Lo acerqué a mi oído esperando una respuesta. Cinco pitidos y de nuevo el contestador.

¡Maldita sea!

Decidí dejarlo en la guantera y abandonar el vehículo. Quité mis botas antes de sentir en mis pies esa fina arena tan fría de principios de marzo.

Mi boca cogió aire, y lo soltó.

De nuevo me encontraba en la playa, intentando poner mis ideas en orden.

Algo tenía claro: Todo esto había empezado por una apuesta, y sin embargo, acabé enamorándome de mi juego. Niall se había enterado y pensó que jugaba con él. El chantaje fue lo único que se le ocurrió y optó por obligarme a sacar a Harry qué tenía que ver con el mafioso más buscado del país.

Sin embargo, ahora él estaba totalmente distante conmigo. Hacía horas que no sabía nada de él, como si ya no le importase dónde fuese, ni qué hiciese. Como si ahora simplemente hubiese desaparecido nuestra relación.

Me senté en la arena, observando la marea. Observando el efecto que tenía la luna en el mar.

Mis ideas estaban desperdigadas, y no sabía cómo empezar a solucionar cada una.

¡Joder! Lo único que tenía claro era que le quería. Que le quería. Sin embargo, ahora muchas alarmas se saltaron en mi interior, pues el contacto con ese hombre no podía ser nada positivo.

—¿Qué haces aquí? – Susurró una voz ronca, detrás de mí.

Giré mi cabeza y vi que un chico, corpulento, estaba tomando asiento a mi lado. Un alivio junto a una nueva angustia se crearon en mi interior cuando vi que se trataba de Harry.

—Necesito pensar. – Decidí decir.

—Yo también.

—¿Por qué no me has contestado el teléfono?

—No lo tengo.

Arqueé mis cejas. ¿No tenía su teléfono? ¿Del cual dependía cada segundo? Era algo extraño, pero me limité a creerle.

—Perdona por lo de esta mañana. Era tan peligroso que estuvieses ahí…

—Te vi, Harry.

El chico frunció el ceño y me miró, preocupado.

—¿Qué viste?

—Te vi con ese hombre. Dime, ¿Qué hacías con él?

—Sabes lo que te puedo contestar.

—Creo que ya he aguantado mucho, Harry. Si no me cuentas tus secretos, los averiguaré yo sola.

—Vine aquí a relajarme, no a que alguien más me recuerde la mísera vida que tengo fuera de esta playa.

—¿Acaso no te das cuenta que aun que quieras evitar que sepa tus secretos de cierta manera me influyen? ¡Me influyen, Harry!

—Quizás haya una solución para que no te influyan.

—¿Cuál?

 —Olvidándote de mí. 

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