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Capítulo 7: Despecho y amargura

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Este capítulo es más largo, para no volverlo tedioso decidí dividirlos pero deben prestar mucha atención y verificar los comentarios porque les tengo un concurso.

Myo Portella.

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La sabana cubre las caderas de Sandy, ella deja sus pechos firmes y redondos al aire para refrescarse después de una regular sesión de intimidad (lo fue para ella), recordar lo que Emma le dijo en el carro esta tarde y la cara de susto de Dante en la reunión de hoy al notar la presencia de Herr Linda fue una combinación que acabó con su hora feliz. El amante de la pelirroja no tiene la menor sospecha de que ella sabe la verdad sobre la identidad de aquella mujer a la que amó alguna vez, solo se recuesta junto a su amada, acariciándole los pechos, instintivamente ella se coloca de lado al sentir sus caricias como si le pasaran una vara con púas, dándole la espalda.

- ¿No te gustó mi amor? - pregunta el ingenuo novio, quien no da pie con bola en deducir qué le pasa a su chica.

Sandy le responde con silencio. El beso que Dante le dio en la puerta de TestPharma cuando la fue a buscar la había excitado hasta el punto de olvidarse de lo que había descubierto sobre él y sobre lo que planeaba hacer y que no quiso reconocerle a Mario para no darle la satisfacción. Como todo medicamento, aquel beso pasó por sus fases en el cuerpo de Sandy hasta que fue eliminado de su sistema, por ende su efecto narcótico y eso ocurrió en pleno ajetreo sexual, las dudas y la ira estropearon el momento para ella. Sandy decide que lo mejor es aparentar normalidad por ahora.

- ¡Nada mi vida! - miente ella - es solo que ahora sí me van a botar, eso es lo que Herlínda quiso desde que entró y tomó el cargo…

Es la primera vez que Sandy habla de su antipática jefe por su nombre de pila, esperando la reacción de Dante que no es más que un breve y punzante silencio, las lágrimas brotan de sus ojos verdes sin pedirle permiso.

- No tienes que preocuparte por lo que no va a pasar - le tranquiliza él - además, si sales de allá sería lo mejor…

Aunque Dante le haya insistido cientos de veces que se retirara de ese trabajo que la martiriza tanto, para Sandy es como la primera vez que lo hiciera y piensa lo peor: ella estando fuera, Herlinda y Dante darían rienda suelta a una segunda parte de la película en la que estuvieron montados tiempo atrás. La pelirroja se quita la sábana que la cubre del ombligo para abajo y su cuerpo bronceado queda totalmente expuesto, se levanta sin prisa de la cama frondosa de su novio y sus caderas se contonean sensualmente con cada paso lento que da para dirigirse al baño, algo que a Dante le fascina mirar para ir corriendo detrás de ella y seguir la faena bajo agua.

- No va a haber rapidito en la ducha - le reprende sin ira en su voz, como si escuchara sus pensamientos - ¡no me sigas!

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- ¿Herli? - contesta su celular un hombre, completamente angustiado. Son las tres de la madrugada del jueves.

- ¿Señor Elder?

- ¿Quién es? - la ansiedad se apodera de él - ¿por qué tiene el teléfono de mi esposa?

- Su esposa está completamente ebria, lo estamos llamando de un bar para que pueda venir a recogerla, pues en el estado en el que se encuentra no podemos mandarla con un conductor designado…

- ¿Pero cómo va a ser eso? - la pregunta sale disparada de su boca - ¿cómo terminó en un bar?

- Señor Elder, debe calmarse - le exhortan del otro lado de la línea - le voy a mandar por mensaje de texto la dirección para que llegue por su esposa.

Mientras tanto... ¿mato a mi jefe?¡Lee esta historia GRATIS!