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#ÚltimoCapítuloDel Año (2017)

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#ÚltimoCapítuloDel Año (2017)

Sin que pueda evitarlo, aquella noche vuelve a mí a través de un tormentoso huracán de malos recuerdos.

Observo a Cintia con la ira desbordándose por cada uno de mis poros, tratando así de evidenciarle lo más posible las ganas de tirarle las greñas que ahora me dominan, pero que, aun así, lucho por contener. Contrario a la rabia que me recorre, mi cuerpo se mantiene inmóvil, conservando íntegramente la mesura que comúnmente me identifica, pese a que en mi interior arden feroces deseos de reclamarle —y sin omitir grosería alguna— el haber sido tan perra conmigo sin motivo aparente, llamarle hipócrita por ser actuar tan falsamente en frente de mí, y también de gritarle que por su culpa la remembranza de una experiencia cruda y detestable ensombrece parte de mis memorias.

Comienzo a sentirme acorralada por el coraje y el rencor que ha producido este descubrimiento, tanto que el estar en mi piel, e incluso bajo los mandatos de mi propia mente, se vuelve desesperante, porque aquello es lo que justamente impide que mis pensamientos no mueran por mi boca.

—¿Por qué me miras de esa forma? —pregunta con un gran signo de interrogación en el rostro.

Muerdo mi labio inferior debido a la furia que nubla mis cabales, pero que, sin embargo, no afecta a la cobardía que emerge en este tipo de situaciones.

—¿Por ...? —La ignoro. Inhalo hondo—. ¿Por qué lo hiciste? —susurro con dificultad pues realmente luché para no dejarme arredrar por el acobardamiento.

—Por qué hice... qué.

—Lo de las fotos...—Digo con voz temblorosa—. Ya sé que fuiste tú.

—¿Lo de las fotos? —remeda, evidenciando una confusión en la que no debería creer—. Azucena, explícate bien porque no entiendo tu repentino cambio de humor ni de lo que me estás culpando.

—¡Las fotos en las que salía Alan enredándose con otras chicas! —vocifero, exasperada—. Tú... ¡Tú fuiste quien me las envió!

Ella me observa fijamente tras mis palabras, y debido a ello es que puedo deslindar de su expresión un gran desconcierto.

¿Cómo puede seguir fingiendo?

—¿Fotos de Alan? ―Me muestra una sonrisa incómoda―. Azucena, te juro que no sé de qué estás hablando. —Opta por responder con un tono que revela indignación.

—No te hagas la desentendida, yo sé que fuiste tú, estoy segura... —murmuro, con mi ritmo cardiaco acelerado—. El número del remitente coincide con el tuyo, Cintia, ya no tienes para qué seguir ocultándolo, ¡no actúes como si no supieras a qué me refiero, por favor! —farfullo, casi perdiendo el control—, no cabe duda, ¡fuiste tú!

—No, Azucena, yo no he hecho algo semejante jamás, así que comienza a tranquilizarte que están empezando a mirarnos raro.

—¿Eso es lo que te preocupa?, bien —enuncio con determinación—. Dejaré de fastidiarte en cuanto me digas por qué lo hiciste.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora