VI

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Domingo, 17 de octubre:

Querido tú;

Siento haber dejado la historia a medias ayer. La verdad es que no tenía muchas ganas de escribir después de... ya sabes, ver a Mia en ese estado. Pero, como sigo fiel a mi propósito de recoger nuestra historia en estas páginas gastadas, he decidido continuar relatándotela, mi querido tú.

Así que allá vamos. Espero que estés preparado.

Tras pasar un rato con Hugo y su nueva novia (sí, yo estoy tan sorprendido como tú, mi querido tú), volví a encontrarme con Mia. Esta vez había más luz en la sala de estar, donde Verónica, la anfitriona, había montado una pista de baile improvisada, y pude darme cuenta de que está mucho más delgada que de costumbre.

No era esa la única parte de Mia que había cambiado. Desde su forma de vestir, hasta el más remoto detalle de su personalidad; aquella niña tímida, inocente y soñadora que conocí cuando era pequeño había desaparecido. ¿Por alguna razón en especial? Lo dudaba.

Hasta que, de repente, un chico alto y musculoso apareció por la puerta. Pasó a mi lado, pero no se paró a hablar con nadie, iba directamente a por ella. Empezó a bailar con Mia y a susurrarle cosas al oído. Ambos, tanto ella como yo, sabíamos que sus intenciones no eran buenas.

Aun así, Mia aceptó cuando el chico le pidió que lo acompañase a un lugar más... privado.

Yo decidí irme a casa, ya había tenido suficiente fiesta por hoy.

Al salir sus ojos verdes se cruzaron con los míos. Como si volviésemos a estar en el banco de hace unos años, me sonrió, porque por mucho que intentase ocultarlo, escondiéndose debajo de cientos de capas de maquillaje y una personalidad falsa, Mia seguía siendo Mia. Y sabía que me preocupaba por ella, y probablemente me lo agradecía en el fondo.

Quizás la chica a la que conocí hace unos años no se haya ido. A lo mejor sigue ahí, y no ha cambiado del todo. O tal vez solo finja haberlo hecho.

Me pregunto si Mia es feliz.

Los globos llegan a la luna si los sueltas de noche¡Lee esta historia GRATIS!